jueves, 2 de mayo de 2013

Pesca el "campanu" 2013 del Ulla el último pescador en llegar al río


Los pescadores que capturaron el tercer y el segundo salmón del Ulla, ayer, en Ximonde


El codiciado "campanu"-primer ejemplar de la temporada de pesca de salmón- cayó a las 9.00 horas de ayer en el coto estradense de Ximonde ante el último de los 16 pescadores que estrenaron temporada en el río Ulla. Lo capturó el ribereño estradense Antonio Souto Martiñeira, jubilado de 67 años vecino de Couso, que lo tentó con una cucharilla en el puesto Poio da Barca.

Souto -que llevaba 20 años sin capturas tras pescar 28 en un año en los 80- llegó al río a las 8.30 horas. En media hora vio cumplido el presentimiento que le perseguía la última semana. Logró un pez rey de 8,310 kilos y 93,4 centímetros. Después de que los vigilantes de la Xunta se lo guiasen, se fue del río con rapidez a Souto de Vea para mostrar su captura a amigos y familiares. Allí se sometió también a la preceptiva sesión de fotos. Prevé degustarlo en una fiesta familiar.


Antonio Souto y su nieto, ayer, con el "campanu"

Idéntica intención tiene el santiagués Manuel Fernández, un bombero de 48 años, que a las 17.00 horas capturó con rapala el segundo salmón salvaje del Ulla en el puesto Penedo Redondo de Ximonde. Pesó 5,780 kilos y midió 79 centímetros. En Penedo Grande de Ximonde caía, con cucharilla apenas 30 minutos después, el tercer rey del río, de 8,750 kilos y 95 centímetros, que pescó el jubilado José Manuel Boga Ferreiro, de 67 años y vecino de Padrón.

Se constataban así las "buenas expectativas" con las que el director xeral de Conservación da Natureza, Ricardo García-Borregón, había manifestado que arrancaba la temporada. Ayer estaban ocupados los 73 permisos de los 11 cotos salmoneros de Galicia. En total, la Xunta prevé expedir 6.000 permisos y fija un cupo máximo de 81 capturas para toda Galicia, sin tener en cuenta cotos compartidos con Asturias.

De las 81 capturas de cupo fijadas para toda Galicia, 35 le corresponderán a los 3 cotos salmoneros de A Estrada: Ximonde, Couso y Sinde. La temporada iniciada ayer concluirá el 31 de julio, a menos que el ritmo de capturas alcance el cupo y obligue a cerrarla antes.


Fernández Lamosa y García-Borregón

García-Borregón -que ayer intercambió impresiones con pescadores, vigilantes medioambientales y el agente territorial de Deza-Tabeirós-Montes, Fernando Fernández Lamosa-destacó los esfuerzos de la Xunta por repoblar los ríos gallegos con salmón y evitar su desaparición. Señaló que en los últimos 4 años, se repoblaron los ríos gallegos con 1,5 millones de ejemplares juveniles del rey del río. De ellos, 350.000 se soltaron en el río Ulla.


Un pescador, ayer, en el coto salmonero de Couso

El director xeral también recordó que ayer arrancaba la temporada de reo en los 24 cotos de Galicia, de los que 11 están radicados en la provincia de A Coruña. La Xunta está dispuesta a expedir 30.550 permisos, de los que 24.428 se corresponden con 11 cotos coruñeses, 4.750 con 8 lucenses y 1.372 con 5 pontevedreses. Cada pescador podrán capturar 5 por días, excepto en los cotos compartidos con Asturias, donde podrá pescar 8 entre reos y truchas y en el coto de Ponte Arnelas en el río Umia, que solo se permiten 2. La dimensión mínima será de 35 centímetros.

En los cotos compartidos del río Eo, la temporada se abrirá el 19 de marzo y concluirá el 31 de julio.

 

El salmón se hace esperar en el río Lérez





El coto de Monte Porreiro inició ayer su periodo de pesca para el salmón sin ninguna captura, lo que coincidió con las previsiones poco optimistas que realizaron desde la asociación Moamar.

En cualquier caso, los participantes, quienes destacaron la "excelente" calidad del agua del Lérez, lamentaron que el día "coincidiera con mareas de luna menguante" y es que "el salmón aprovecha las mareas de lunas crecientes o llenas para hacer la entrada al río", una circunstancia que tendrá lugar dentro de dos semanas. De esta forma justificaron la poca cantidad de salmones que encontraron ayer. "No tiene la cantidad que debería tener a estas alturas de la temporada. Normalmente, otros años ya existen diez o doce salmones", explicaban.

Además del caudal poco abundante que presentaba el río Lérez, los aficionados argumentan que, la baja temperatura del agua, provocada por la caída de los termómetros durante los últimos días, tampoco favoreció a la captura de este animal. "El río está perfecto. Lo único malo es que el agua está fría y eso perjudica la entrada del salmón, que se queda pegado al fondo y pierde agilidad", comentaron.
No obstante, los aficionados reconocen que, ante la dificultad que entraña capturar "al rey del río", lo que prima es pasar una buena jornada de convivencia.

"Vienes con las ilusiones acumuladas de la temporada anterior esperando coger al primer pez, pero el salmón es así. Es un animal que no abunda. El pescador que capture uno en toda la temporada se puede sentir afortunado", reconoce Pepe Míguez, un aficionado a esta práctica que durante toda la jornada de ayer acompañó a Santos Santiago, uno de los cinco pescadores autorizados, aunque finalmente fueron cuatro los que acudieron hasta las orillas del Lérez en una jornada que se prolongó desde las 7.30 hasta pasadas las 19.30 horas.

Durante la jornada los participantes capturaron a dos salmones que, al ir de retorno al mar después de desovar, tuvieron que devolver al río. "El río lleva poca agua y, en su camino de regreso al mar, algunos están todavía estancados", explicaba Míguez.

El salmón pierde peso y volumen cuando desova, por ello "no lucha y parece estar anestesiado", añade. En cualquier caso, y cumpliendo con las normas establecidas para garantizar la supervivencia de la especie, los pescadores devolvieron al río los ejemplares capturados para que "continúen su curso vital". Si todo va bien, el animal llegará al mar y quizá "pueda retornar en los próximos años", manifiestan los pescadores.

 

Sin capturas de salmón en Asturias el primer día de la temporada 2013





No hubo campanu bajo el aguacero. La primera jornada de la temporada salmonera se cerró en blanco, haciendo buenas las previsiones menos optimistas. El gran caudal que presentaban los ríos y la escasa visibilidad de las aguas jugaron en contra de los pescadores, en una jornada marcada por la intensa lluvia y en la que se vieron menos cañas que en otros arranques de campaña. El hecho de que fuese un día de entresemana, aunque festivo, y el mal tiempo contribuyeron a ello.

La temporada, que concluye el próximo 15 de julio, se reduce mes y medio con respecto a la anterior, y el límite máximo de capturas por pescador también baja de los dos ejemplares a la semana del pasado año a tres en toda la presente campaña.

Sella: «En mayo, marcea». El refrán, en boca de un ribereño, resume la primera jornada de la pesca del salmón en el Sella. La persistente lluvia, que provocó un notable incremento del nivel de las aguas, fue la auténtica protagonista del día. Los paraguas, los chubasqueros y las capas se mezclaron con las largas y modernas cañas, como si la estación primaveral hubiese retrocedido al mes de marzo.

Los más ansiosos y madrugadores pescadores, a la vista de que el Sella bajaba bastante turbio a partir de Arriondas, en la confluencia con el Piloña, decidieron probar fortuna aguas arriba de Cangas de Onís. A las seis y media de la mañana, hora de inicio de la temporada, se llevó a cabo el tradicional sorteo de turnos de media hora en La Barca, donde se dieron cita trece deportistas. Otros lances aceptables -como La Mansona o La Escrita- también congregaron a un buen número de aficionados.

Según transcurrían las horas, las inclemencias meteorológicas fueron haciendo mella en los sufridos ribereños que ansiaban capturar el primer salmón de la temporada. Apenas dejó de caer agua a cántaros a lo largo del día y la turbiedad de los afluentes Güeña y Piloña acabó por contagiar de un intenso tono «chocolate» al emblemático Sella, otrora el más salmonero del país. La situación terminó por desanimar a los escasos pescadores que aún quedaban por la ribera.

En torno a las seis de la tarde, y en pleno aguacero, el nivel del Sella iba subiendo. La riada que presagiaban en la víspera los expertos ribereños de la zona se hizo realidad y, con ella, se acabaron las escasas esperanzas de echar a tierra el primer ejemplar de la nueva temporada, tras mes y medio de experimentos con la especialidad sin muerte.

«Era lo que faltaba. Ahora sólo nos quedan veintiún días de pesca tradicional, sin contar las riadonas», señaló un ribereño de Arriondas junto al Sella.

La subasta del campanu del Sella, organizada por el Ayuntamiento de Cangas de Onís en colaboración con el colectivo «Ribereños del Sella», fue suspendida. Al menos ocho profesionales del sector hostelero, tanto de la comarca del Oriente como de otros puntos de Asturias, y también de Madrid, habían mostrado interés en participar en esta puja.

Narcea: Ni rastro de salmones. La jornada de apertura de la campaña acabó sin campanu en el Narcea. Las condiciones del río para la pesca no eran las óptimas. Bajaba con mucho caudal, debido a las intensas lluvias de los últimos días, que también propiciaron que las aguas estuviesen muy turbias, imposibilitando la visión de los salmones a los pescadores. La veda se abrió a las seis y media de la mañana, pero en Quinzanas (Pravia) había más gente en el bar que en el puente. El mal tiempo y las lamentables condiciones del cauce hicieron que ni siquiera se realizase el sorteo para los turnos de pesca. Y es que el tramo entre Cornellana y Pravia estaba impracticable para la pesca, debido a que el río salense Nonaya, que «muere» justo en el puente de Cornellana, bajaba con mucho barro y enturbió las aguas del Narcea.

A media mañana no quedaban casi pescadores en la parte baja del Narcea. La mayoría se había desplazado aguas arriba, desde Cornellana al embalse de Calabazos (Tineo). En el pozo libre de Carbajal probó suerte Javier Rodríguez Saavedra, de 16 años. «El río baja muy alto y turbio, no está en las mejores condiciones para pescar», explicó el joven, que trató de capturar el campanu con cebo. «Es más eficaz, aunque esto es cuestión de suerte porque salmones hay alguno», subrayó.

Muy cerca, Juan Ignacio Rodríguez -nieto del mítico pescador salense Juan el de Doriga- también esperó a las nueve de la mañana para empuñar la caña, con quisquilla y meruco en el anzuelo. Mientras colocaba el cebo, Rodríguez reconoció que pescar el «campanu sería lo máximo, una grandísima alegría». Su padre, Juan Manuel Rodríguez, aseguró que los mejores puestos para la jornada de ayer eran Carbajal y el puente de Lanio, ambos zonas libres de pesca. A su juicio, la mejor técnica, dadas las malas condiciones del río, sería la cucharilla porque «te mueves más y hay menos agua».

Con cucharilla bajó al río el andaluz Rafael Abril, en el coto salmonero «El Morenu». «Mil kilómetros desde Granada para nada», aseguró entre risas este aficionado, mientras avanzaba unos metros más arriba, para encontrarse con sus compañeros Fernando López y Antonio Osorio. Pero allí tampoco había salmones. Para Abril ésta era su primera oportunidad para pescar el campanu. «Suelo venir una vez al menos, pero nunca antes había estado el primer día», explicó.

A media mañana, en el coto «El Morenu» había varios pescadores que habían probado suerte antes en el tramo bajo del Narcea. «Llegamos temprano, cuando empeoró el río decidimos dejarlo y ahora estamos mirando si podemos pescar, pero probablemente será que no», comentó Luis Farpón, mientras echaba un ojo a las aguas. Por cierto, también se dejaron ver por la zona los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil para revisar las licencias.

Donde hubo más trasiego fue en Cornellana, pero no para pescar. Los aficionados a este deporte, en vista de que no paró de llover en toda la mañana, comenzaron a dejarse caer por los bares de la localidad salense para recuperar fuerzas con un buen caldo caliente.

Ayer no hubo campanu, ni lo habrá hoy, porque la pesca está vedada, pero en Salas no se amilanan. Según la directora de la Feria de la Pesca, la Caza, la Naturaleza y el Turismo Activo (Capenastur) y subastadora del campanu, María Ángeles Fernández, mañana volverán a organizar la puja, posiblemente por la tarde.

Esva: El río no dio opción, pese a que el presidente del club de pesca La Socala de Valdés, Gil Ramón Rico, había manifestado 48 horas antes sus buenas vibraciones ante el buen caudal y el avistamiento de salmones cerca de los cotos con más tradición. Pero el temporal de lluvia de la noche anterior al inicio de la temporada dejó al río turbio y sin visibilidad.

A las seis de la mañana, el guarda del Esva y varios pescadores empezaban una jornada que, en sus palabras, ya «no prometía». Alberto Fernández, de Luarca, pescó el campanu en 1980. Ayer recogió la caña. «No está para pescar», reconocía a media mañana, ya con los aperos en el coche. Las aguas del Esva bajaban con fuerza y con suficiente lodo como para dejar los tramos más famosos sin visibilidad y sin posibilidad de tirar la caña.

«Poco podemos hacer», añadió Balbino Gayoso, otro ribereño famoso en el Esva. En este río «hay que ver los salmones antes de tirar la caña», explicó Gil Ramón Rico. Y ayer no se pudo. Por eso, el ambiente de pesca fue menor.

Los ribereños pronto abandonaron sus puestos ante la escasas expectativas. «Teníamos localizados varios salmones. Ahora, tal y como está el río, ni se sabe dónde pueden estar», aseguró Jaime Paredes. Los pescadores miran hacia el fin de semana. El viernes «podrá ser un buen día», reconocen, al no estar permitida hoy la pesca del salmón.

Eo: Eran las seis y media de la mañana cuando el pontevedrés Emilio Castelo y su sobrino Álvaro Mozos, en misión de «gancheiro», tomaron posición en el coto santirseño de La Volta, a orillas del Eo. Aunque no les faltó la ilusión del primer día, a media mañana ya casi habían perdido la esperanza de sacar a tierra un salmón, porque el río estaba «bien de agua, pero muy revuelto. Y es que la incesante lluvia deslució la jornada y provocó que durante la mañana el caudal del Eo aumentara unos 40 centímetros, según el guarda Carlos González.

Castelo, con cincuenta años de experiencia a sus espaldas, es un amante del Eo, al que considera uno de los mejores ríos: «Es el más tempranero y lleva salmones, aunque hoy está imposible». El ribereño señaló a sus compañeros que por la mañana contó hasta seis salmones, aunque, ante las bromas de otros ribereños sobre si no habría sido el mismo ejemplar, respondió con sorna: «No me enseñó ninguno el carné».

El río más occidental del Principado registró ayer la presencia de unos cuarenta pescadores, llegados mayoritariamente del País Vasco, Galicia y otros puntos de Asturias. Desde Gijón se desplazó José Luis González Huerga, pescador de un campanu en las aguas del Esva. Fue en 1999. Ayer decidió participar en un concurso de pesca organizado por el concejo lucense de A Pontenova, aunque se acercó a San Tirso para comprobar el estado del río: «Empecé a pescar con 7 años en el Órbigo y tengo 70, entonces sólo tenía el plantón pelado de un chopo para aprender», rememoró a pie de río. Este pescador gijonés apremia a los ribereños a cambiar de mentalidad para preservar la especie: «Yo ya cambié y ahora ya suelto salmones, me estoy convenciendo de la pesca sin muerte». Para Huerga, la pesca es «un tira y afloja entre pescador y pez» en la que el triunfo llega «sin humillar al pez». Y zanja: «Él defiende su vida, nosotros el ego».

Cares: Apenas se vieron cañas en este cauce de la comarca oriental, debido a las malas condiciones que presentaba para la práctica de la pesca: riada y escasa visibilidad en una jornada muy lluviosa, como en toda Asturias. Además, en el caso concreto de este río, la baja temperatura del agua, debido a la cercanía de la nieve, tampoco ayudó a que saliera el campanu. El presidente de la Asociación de Pescadores Cares-Deva, Nicolás Sánchez, tenía previsto disfrutar ayer de la primera jornada de la temporada, pero decidió no acercarse al río tras observar a través de una cámara web las características que presentaba el cauce. Este ribereño considera que el recorte en la duración de la temporada provocará una caída del número de capturas en el Cares, que, a su juicio, podrían no llegar a 200. Sánchez teme que la Administración del Principado pueda culpar de esta situación a los pescadores, cuando, asegura, «de lo que de verdad hay que hablar es de repoblar, de limpiar y de la contaminación».

 

 

Primer salmón del Bidasoa 2013





La tercera temporada de pesca sostenible de trucha y salmón en los ríos navarros comenzó ayer. En el caso del Bidasoa, río salmonero por excelencia, cantidad de pescadores lanzaron la caña desde primeras horas de la mañana para capturar el primer ejemplar, el Lehenbiziko, que se hizo esperar algo más de lo habitual en las útimas temporadas, ya que Roberto Lanz Lopez, vecino de Orkoien, de 36 años, tras unos cuantos turnos sin suerte, logró pescar a cucharilla el primer salmón de la temporada, sobre las 15.20 horas, en el llamado pozo de los Cincuenta.

El afortunado compartía turnos de pesca con su amigo Gorka Gonzalez Etxarri, de Arre, cuando enganchó el salmón. Habían llegado hacia las 5 de la mañana a Endarlatsa, "y para entonces había 11 coches y los pescadores esperando turno". De hecho, aunque la veda de pesca no se abría hasta el amanecer, ya desde la medianoche los pescadores se acercaron a Endarlatsa a coger el turno. Un turno de 20 minutos por pescador y zona de pesca, que es cumplido a rajatabla por los habituales en el río, aunque Roberto Lanz reconocía que había tenido suerte, ya que "un pescador nuevo en el Bidasoa, que no conocía las reglas, se nos ha colado, y ha lanzado en nuesto turno, pero no ha conseguido pescar. Posteriormente nosotros lo hemos hecho en su turno y he tenido la suerte de sacar el Lehenbiziko", recordaba nervioso.
su tercer salmón Roberto Lanz lleva unos ocho años acudiendo al Bidasoa y el de ayer fue su tercer salmón.

"El año pasado no saqué ninguno, aunque rompí la caña con dos salmones, y hace dos temporadas saqué dos, aunque nunca había logrado pescar el primero, con muchos nervios, tras una pelea dura, porque se metía en la corriente. Pensábamos que era más pequeño, no me fiaba mucho de mi propio hilo y lo he tenido que pelear, sí". El ejemplar, una hembra que pesó 4,260 kilos y tenía una longitud de 74 centímetros, era salvaje, ya que no presentaba ni la aleta adiposa cortada ni el microchip con los que marcan a los ejemplares procedentes de la piscifactoría de Oronoz-Mugairi.

Como viene siendo habitual las últimas temporadas, la pieza la adquirió Txomin Rekondo, del restaurante Rekondo de San Sebastián, por 1.700 euros. Rekondo, además de restaurador, es un conocido pescador de salmón en el Bidasoa. Una bonita cantidad que probablemente permita a Roberto Lanz volver al río Sella, en Asturias. "Un año fui tres veces al Sella, me gusta mucho, pero económicamente ahora mismo no me lo podía permitir. Igual, con este premio, toca un viajecito de un fin de semana a Asturias", señaló feliz el pescador del Lehenbiziko tras cerrar el trato.

 

Primer día de la temporada 2013 de salmón en el Ulla























 

Sale en el Ulla el salmón mas grande de los últimos 10 años




El Ulla se despertó también generoso el primer día de la temporada de pesca del salmón. Dieciséis cañas afortunadas optaban por sorteo a capturar el primer ejemplar de la temporada en los cotos de A Estrada. Y no se hizo esperar. El pez fue madrugador. Un estradense, Antonio Souto Martiñeira, consiguió en menos de una hora arrebatar de las aguas un salmón de récord.

El primer ejemplar del Ulla resultó el mayor de la última década y, según algunos de los pescadores veteranos, de los más grandes que se recuerdan. El ejemplar salvaje, de casi un metro (93,4 centímetros de longitud) y 8,31 kilos, se dejó tentar por la cucharilla del pescador en el coto de Ximonde, el más cotizado de la zona.

Una conjunción de casualidades se alineó para que picara, tal y como relata Souto. Le tocó la última autorización del sorteo y justo antes de que hiciera aparición el rey del río se le rompió el sedal, que «levaba 25 anos no carrete». Utilizó además una cucharilla que trajo de Asturias su hijo Luis, quien colaboró para sacar al pez del agua.

Precisamente, en la comunidad vecina las fuertes lluvias caídas en los últimos días, y también en la jornada de ayer, dificultaron enormemente la captura del campanu, que finalmente no apareció en toda la mañana.

 

Manuel Ángel Nores





El 21 de marzo de 2011, el buque pesquero Manuel Ángel Nores, se encontraba a 250 millas al Este de la Isla de Terranova (Canadá), en aguas del área de Regulación NAFO. El buque había completado las faenas de pesca de la jornada y a las 22:55 horas se encontraba parado a la espera de realizar una maniobra de transbordo de material y repuestos con otro buque de la misma compañía armadora. Para dicha maniobra la tripulación utilizaría una embarcación semirrígida auxiliar, o bote auxiliar, estibado sobre el espardel de babor del buque, y emplearían una grúa situada a su proa para izar y arriar el bote. Esta grúa estaba situada sobre el mismo espardel.
A tal fin, los marineros habían encapillado el gancho de la grúa a la argolla a la que estaban unidas las tiras para el arriado/izado del bote y esperaban órdenes del puente. Repentinamente, la pluma de la grúa se desprendió de la columna (o mástil) de la propia grúa, cayendo y desplazándose hacia delante, de forma que alcanzó a un marinero que se encontraba sentado en el bote. Inicialmente el marinero estaba fuera de la vertical del extremo del brazo de la grúa. El desplome de la grúa produjo el fallecimiento del tripulante por aplastamiento.
  
Buque de pesca Manuel Ángel Nores

El Manuel Ángel Nores es un buque factoría-congelador, dedicado principalmente a la pesca de arrastre de fondo, que entró en servicio el año 2002. Fue construido por el astillero CONSTRUCCIONES NAVALES P. FREIRE, S. A., en VIGO. Es de casco de acero, con una eslora de 72,20 metros y una manga de 12,5 metros.
Desde su entrega hasta el momento del accidente el buque tuvo un único propietario, la empresa PESQUERÍAS NORES MARÍN, S. L.
Según consta en la base de datos de la DGMM, el buque tenía todos sus certificados en vigor en el momento del accidente.
La tripulación estaba compuesta por 27 tripulantes y una observadora, figura recogida en el convenio NAFO. Todos los tripulantes disponían de las titulaciones y certificados de especialidad marítima y sanitarios necesarios para el desempeño de sus funciones.
Asimismo, tenían experiencia en sus respectivos puestos de trabajo y, en general, cierta continuidad en la empresa.

 
Alzado y planta del Manuel Ángel Nores


El buque dispone de una grúa modelo TOIMIL T-20000/5, con número de serie 13031. La grúa fue instalada durante la construcción del buque y tenía como uso principal el arriado e izado del bote auxiliar de babor. En el Certificado de Conformidad del buque no figura más que un bote de rescate situado en el costado de estribor. Por tanto el bote auxiliar de babor no figura en el certificado y no tiene la consideración de bote de rescate. Tampoco se hace referencia alguna a la grúa como equipo de cubierta en los certificados.
De acuerdo con el manual de la grúa, el único mantenimiento prescrito para la articulación que resultó rota es el engrase a presión del casquillo cada 25 horas de funcionamiento. En este manual no se prescriben otras acciones de mantenimiento o inspección regular de la zona afectada.

 
El buque partió con 28 personas a bordo

El Manuel Ángel Nores alternaba sus campañas entre las áreas de regulación NAFO, NEAFC y los caladeros de aguas internacionales de Atlántico Suroeste y Falkland Islands (Islas Malvinas). También tenía autorización para pescar en Groenlandia y aguas del área de regulación NE-AFC para especies no reguladas, donde solía ejercer su actividad, dirigida a la gallineta nórdica con arrastre pelágico.
El 3 de enero de 2011 el armador presentó la documentación reglamentaria para solicitar el despacho para el área de regulación NAFO, área de regulación NEAFC y Hatton Bank, con los oportunos Permisos Temporales de Pesca. El buque salió con todos sus certificados en regla y 27 tripulantes enrolados, además de una observadora.
El día 17 de febrero de 2011, el buque se encontraba faenando en la subzona 3 de NAFO (división 3L) fuera de la ZEE de Canadá. Según relataron el capitán y el primer oficial en sus declaraciones, el buque se vio inmerso en un fuerte temporal, por lo que decidieron ponerse a la capa. Aguantaron vientos del NW de 50 nudos con olas de mar de viento de 9 m y olas de mar de fondo del SW de 3 m. Estos datos habían sido previstos por la Weather Office de Canadá, siendo transmitidos a través, entre otros, de cartas meteorológicas como la Operational Model Forecast para la zona el día 17 de febrero de 2011, y que se muestra en la figura siguiente.

 
Mapa de viento y oleaje previstos para el 17/02/2011 a las 12:00 horas UTC, emitido por la Weather Office de Canadá. La posición del pesquero se ha marcado con una flecha azul

Según los datos obtenidos de la caja azul, el buque dio avante a las 01:00 horas del día 17, dirigiéndose al S, y cayendo posteriormente a babor hasta el rumbo 120°, es decir, popa a la mar de viento. No fue hasta aproximadamente las 05:00 horas cuando el buque viró hasta el rumbo 280°, poniéndose proa a la mar de viento. Navegando en estas condiciones, los tripulantes entrevistados relataron que recibieron un fuerte golpe de mar a las 05:40 horas por la amura de estribor, que les obligó a poner el buque popa a la mar para realizar un reconocimiento. En el transcurso de este reconocimiento detectaron que el «foco de hielos», situado en el puente alto, estaba arrancado de su emplazamiento. Tras una reparación de emergencia, se pusieron de nuevo a la capa.
A las 08:40 horas recibieron otro golpe de mar por el costado de babor. Reconocidos los daños, averiguaron que la toma de ventilación de la sala de máquinas había sido arrancada (ver figura siguiente). Después de hacer una reparación de emergencia y trincar la seta de ventilación en cubierta, pusieron de nuevo el buque a la capa. En sus declaraciones, los tripulantes del Manuel Ángel Nores apuntaron que, debido a este golpe de mar, la grúa podría haberse visto afectada y ser este el motivo del posterior accidente.


Toma de ventilación de la sala de máquinas, reparada de urgencia


Entre la grúa y la toma de ventilación, se encuentra estibado y trincado el bote auxiliar semirrígido que se aprecia en la figura puesta a continuación. Sin embargo, los tripulantes no relataron que este bote ni su estiba hubieran sufrido daño alguno.


Localización de la grúa respecto de otros elementos del buque


 A continuación se muestra una foto de la grúa que produjo el accidente, una vez reparada. Se halla colocada en su base y descansa sobre su estiba, tal como debería haber estado el día 17 de febrero de 2011, cuando se capeó el temporal.

 
Grúa que produjo el accidente

Según las declaraciones, la tripulación realizó una inspección visual de la zona afectada por el golpe de mar tras el temporal sufrido, sin detectar ninguna avería en la grúa.
Después de este día el buque continuó con las faenas de pesca, realizando los trabajos habituales con los medios disponibles a bordo, incluida la grúa que posteriormente produjo el accidente.
El 21 de marzo de 2011, el Manuel Ángel Nores, se encontraba en aguas del área de Regulación NAFO, a unas 250 millas al Este de la Isla de Terranova (Canadá). Por la noche, el buque había realizado la maniobra de virado del arte y estaba preparando la maniobra de aproximación y trasbordo de material y repuestos con otro buque de la compañía, el Villa de Pitanxo.
Según consta en el diario de navegación del buque, el tiempo era bueno y había luna llena. Las campañas de pesca en NAFO y otros caladeros lejanos son planeadas cuidadosamente en cuanto a pertrechos y repuestos, no obstante siempre se echa de menos algún repuesto o se gastan con más rapidez de lo esperado. Por eso los barcos que salen de puerto español, suelen llevar repuestos para los barcos que ya están en el caladero: piezas de maquinaria, cartón para cajas, plástico, etc. Para el transbordo de piezas de poco peso se utilizan las embarcaciones auxiliares de que disponen los buques, arriándolas al mar con las grúas de que están dotados.


El buque Villa de Pitanxo


El día 21 de marzo de 2011, se dispuso todo para la maniobra según la costumbre. La embarcación auxiliar del Manuel Ángel Nores iba a abarloarse al Villa de Pitanxo para recoger diverso material y repuestos. Por tanto, la embarcación se encontraba completamente alijada.
Se ordenó ir a todo el personal que no era imprescindible para la maniobra de transbordo al parque de pesca para el procesado de las capturas del lance. El personal que debía realizar la maniobra de arriado del bote auxiliar ocupó sus puestos habituales. Al servicio de la grúa se encontraban tres personas: el marinero operador de la grúa y dos marineros asistentes que se ocuparían de destrincar y preparar la embarcación.

 
Posición de los tripulantes en el accidente


Después de la virar el arte, el operador colocó la pluma de la grúa en la vertical de la embarcación auxiliar. A las 22:50 horas, uno de los marineros encapilló al gancho de la grúa la argolla que une los vientos fijos al bote. A continuación, los marineros destrincaron la embarcación de su estiba, y el operador se dirigió hacia los mandos de la grúa a través del espardel de babor. La distancia que le separaba del control de la grúa era de aproximadamente 6 m.
El ayudante que resultaría accidentado asistió al operador en la ejecución de las labores descritas anteriormente. Después, se sentó en el flotador de la banda de estribor en la zona de popa de la embarcación auxiliar esperando órdenes. El lugar donde se sentó estaba situado aproximadamente a 1,2 m de la vertical del extremo de la pluma de la grúa, fuera del alcance de ésta, puesto que el amante de la grúa no se encontraba en tensión. La misión de este tripulante, durante la operación de arriado, iba a ser aguantar la boza de popa de la embarcación (véase figura siguiente).


Posición relativa entre grúa y marinero (cotas aproximadas)


El otro ayudante estaba separado unos metros hacia proa, pues su cometido durante la maniobra iba a ser aguantar la boza de proa de la embarcación auxiliar durante el arriado. Además de la dotación destinada a la grúa, sobre la cubierta principal también se encontraban dos marineros, que estaban colocando la escala que habría de servir para el embarque en la embarcación auxiliar, y que no se apercibieron del accidente. Otros dos marineros, encargados de tripular la embarcación durante el trasbordo, se estaban poniendo ropa adecuada dentro de la habilitación.
Cuando el operador estaba llegando al puesto de control de la grúa, detectó movimiento a su alrededor y, al mirar hacia popa, se dio cuenta que la pluma de la grúa se había desplomado alcanzando a su compañero (véase Figura siguiente).El operador comenzó a gritar pidiendo ayuda y acudieron desde el puente el capitán y el primer oficial. Los mandos del buque reconocieron la situación y como primera medida tomaron la decisión de liberar al accidentado. Para ello rompieron con un hacha los flotadores de la embarcación auxiliar, que era del tipo neumática semirrígida.


Secuencia de caída de la grúa (cotas aproximadas)


A 23:10 horas, mientras el primer oficial intentaba reanimar al accidentado, el capitán se puso en contacto con el Centro Radio-Médico Español, solicitando la evacuación del herido. A las 23:30 horas, el capitán regresó al lugar del accidente, comunicándole el primer oficial que el accidentado no respondía a las maniobras de reanimación, por lo que fue dado por fallecido a esa hora. A las 23:35 horas se pusieron en contacto con el Centro Radio-Médico Español para cancelar la petición de evacuación y solicitar instrucciones sobre el procedimiento a seguir en estos casos. Entonces pusieron rumbo al puerto de Vigo.
El día 28 de marzo de 2011 arribaron al puerto de Vigo. A la llegada a puerto se confirmó por la inspección de la empresa, así como por las autoridades locales (Capitanía Marítima, Inspección de Trabajo), que la grúa se había desprendido por la unión soldada del casquillo del bulón con la columna de la grúa (véanse las tres figuras siguientes).Con posterioridad, el armador encargó al Centro Tecnológico AIMEN (Asociación de Investigación Metalúrgica del Noroeste), un estudio metalúrgico sobre las causas de rotura de la grúa.

Grúa tal y como estaba a la llegada a Vigo


La grúa se rompió por la zona de articulación entre la pluma y la columna, constituida por un casquillo unido a la columna mediante cordones de soldadura longitudinales y circunferenciales. Este casquillo aloja el bulón que permite la articulación de la grúa.


Detalle de la columna tras la rotura


La rotura de la grúa se produjo al desprenderse el casquillo de su alojamiento en la columna a la que estaba soldado. La línea de rotura transcurre por las proximidades de los cordones de soldadura lineales y circunferenciales.

 
Grúa similar a la del Manuel Ángel Nores

En la Figura anterior se ve una fotografía de una grúa, del mismo modelo, instalada a bordo de otro buque. Se observa que el casquillo que aloja el bulón y que soporta el momento de la carga de los pesos suspendidos en la grúa, está unido mediante soldaduras directamente a la columna. Según el diseño y montaje de esta grúa, es imposible acceder a las soldaduras y superficies internas de la columna y del casquillo para su inspección.
A petición del armador del Manuel Ángel Nores, el Centro Tecnológico AIMEN realizó un estudio sobre las posibles causas de la rotura de la grúa del buque. Se resumen a continuación los resultados obtenidos de dicho estudio.
Según el estudio técnico de AIMEN, la rotura de la grúa se produjo «por un fenómeno progresivo de fatiga iniciado en la cara exterior del mástil, en las proximidades de uno de los cordones circunferenciales entre el casquillo y dicho mástil. Una vez originada la grieta en la posición anteriormente citada, ésta ha progresado a través del espesor de pared del mástil, recorriendo todo el perímetro del mástil por la interfase de sus cordones de soldadura con el casquillo (los dos cordones circunferenciales y los dos cordones longitudinales). El agrietamiento ha progresado hasta que la sección resistente del mástil no ha sido capaz de soportar los esfuerzos a los que estaba sometido en el momento de la rotura de la grúa».
Según el estudio, posiblemente la grieta inicial fue originada por esfuerzos de flexión favorecidos, probablemente, por un funcionamiento anómalo de la grúa durante su vida en servicio. Se ha detectado un alto grado de desgaste entre el casquillo y el bulón que se aloja en su interior, lo cual puede provocar un nivel de rozamiento tal que varíe el régimen de esfuerzos que soporta la grúa. Los esfuerzos que provocaron el progreso de la grieta inicial por un proceso de fatiga pudieron ser tanto los propios esfuerzos generados durante el funcionamiento de la grúa como otro tipo de esfuerzos, por ejemplo los impuestos por las condiciones de viento y oleaje sobre el brazo de la grúa si éste no se encuentra correctamente anclado cuando la grúa se encuentra en reposo.
Asimismo se han encontrado aspectos que sugieren un deficiente mantenimiento de la grúa en su sistema de articulación: alto grado de desgaste en las superficies en contacto del casquillo y el bulón, material antifricción con alto grado de desgaste, restos de pintura sobre el propio material antifricción y exceso de grasa en las regiones exteriores de la articulación:

a.   En la zona de la rotura se aprecia en ambas partes un exceso de grasa (lubricante), y un alto grado de oxidación. Gran parte de esta oxidación ya se encontraba en el momento de la rotura.
b.    En la base de la grúa (zona alejada de la región de rotura), en la zona que permite el movimiento de giro de ésta, se aprecia la presencia de cordones de soldadura posteriores a la soldadura inicial realizada en su instalación (Figura siguiente). Posiblemente se trate de cordones de reparación realizados para eliminar algún tipo de heterogeneidad o defecto detectados en esta zona. No se dispone de información acerca de cuál ha sido la heterogeneidad detectada ni de cuál ha sido la fecha de reparación con lo cual no se puede establecer una posible relación entre el defecto reparado en la base con el causante del fallo de la grúa.
 
Cordón de soldadura en la base de la grúa


Según las declaraciones de la tripulación, el buque había sufrido un golpe de mar aproximadamente un mes antes del accidente. Según la tripulación este golpe de mar pudo haber sido causa directa del accidente.
Sin embargo, según las propias declaraciones de los tripulantes, se efectuó una inspección posterior a este golpe de mar y no se detectó ningún signo de que la grúa estuviera dañada. El operador de la grúa declaró no haber notado nada anormal en el movimiento de la máquina tras el golpe de mar. Desde el día del golpe de mar hasta el momento del accidente la grúa había realizado su trabajo normalmente. Resulta difícil de explicar que, puesto que la grúa, el bote y la seta de ventilación se encontraban alineados, una ola o un tren de olas que entrara por la amura de babor del barco afectara a la grúa y a la seta, pero no al bote que se encontraba entre ambas. Según declaraciones de la tripulación el golpe de mar también afectó a los candeleros de la parte interior del espardel, pero los exteriores estaban intactos. Una explicación posible es que los candeleros pudieron haber sido deformados por la seta de ventilación al desprenderse de su emplazamiento.
La reparación hallada en la base de la grúa puede indicar que no era la primera vez que la máquina había sufrido esfuerzos anormales que comprometieron su seguridad. Ello podría indicar que o bien se trataba de un diseño no adecuado al trabajo que se estaba realizando, o bien que se realizaba un trabajo con la máquina no previsto en su diseño.
Una vez en puerto la grúa fue reparada por la empresa que la construyó, HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L. Según consta en la factura de reparación, se le puso el bulón y el casquillo nuevos, pero también se le añadieron unas chapas en los laterales, parte interna y parte externa de la columna en la zona del casquillo (véase Figura siguiente), que refuerzan la estructura inicial de la grúa y protegen al casquillo de la acción corrosiva del medio marino.
Estos refuerzos no existían en el diseño inicial y con su incorporación cabe pensar que la empresa podía tratar de paliar las carencias del diseño inicial. La falta de colaboración de la empresa constructora de la grúa, que no contestó a la petición de la documentación relativa a la construcción de la grúa que le fue requerida, impidió que pudieran ser cotejados los datos del proyecto y de la construcción con los obtenidos de los análisis efectuados.

Piezas añadidas después de la reparación

La grúa instalada a bordo de Manuel Ángel Nores no figuraba en los certificados estatutarios del buque. No existe ninguna disposición relativa al caso para los buques pesqueros de más de 24 m de eslora regulados por el Real Decreto 1032/1999, de 18 de junio, que determina las normas de seguridad a cumplir por los buques pesqueros de eslora igual o superior a 24 m, y enmendado por los Reales Decretos 1422/2002 y 543/2007. Las grúas instaladas a bordo de los buques, distintas de las utilizadas por los medios de salvamento, no figuran en el listado de equipos de trabajo contemplados en el Real Decreto 809/1999, de 14 de mayo, por el que se regulan los requisitos que deben reunir los equipos marinos destinados a ser embarcados en los buques, en aplicación de la Directiva 96/98/CE, modificada por la Directiva 98/85/CE. Por tanto, no pertenecen al ámbito de aplicación del citado Real Decreto.
Por su parte, el Real Decreto 1837/2000, de 10 de noviembre, por el que se aprueba el reglamento de inspección y certificación de buques civiles es aplicable (artículo 5) a equipos del buque que tengan una influencia significativa en las condiciones de seguridad marítima o de prevención de la contaminación. Se puede interpretar, por tanto, que la grúa accidentada quedaba fuera del ámbito de aplicación de esta norma, al ser un equipo que daba servicio a un bote auxiliar, no de rescate.
En el momento de entrada en servicio del buque, estaba en vigor el Real Decreto 1435/1992, de 27 de noviembre derogado por el Real Decreto 1644/2008, de 10 de octubre, por el que se establecen las normas para la comercialización y puesta en servicio de las máquinas. Ambas normas excluyen explícitamente de su ámbito de aplicación los equipos instalados a bordo de los buques.
No obstante, el equipo instalado a bordo se había marcado con la marca CE, indicativo de su cumplimiento con las prescripciones del Real Decreto 1435/1992, nombrado arriba. La más importante de estas prescripciones consistía en una declaración del fabricante con información sobre, entre otros:
• Descripción de la máquina.
• Todas las disposiciones pertinentes a las que se ajuste la máquina.
• Referencia a las normas armonizadas, en su caso.
• En su caso, nombre y dirección del organismo de control y número de certificación «CE» de tipo.
• En su caso, la referencia a las normas armonizadas.
• En su caso, normas y especificaciones técnicas nacionales que se hayan utilizado.

En el caso de la grúa fabricada por HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L., y montada a bordo del Manuel Ángel Nores estaba marcada con la etiqueta CE, conforme al Real Decreto 1435/1992, lo que en principio la convertía en un producto seguro según el Real Decreto 44/1996, de 19 de enero. No obstante, la falta de colaboración de la empresa fabricante ha impedido comprobar si efectivamente se cumplían los requisitos impuestos por la marca CE de la grúa.
No se ha podido encontrar normativa aplicable a la seguridad de equipos instalados a bordo que no tengan una influencia significativa en las condiciones de seguridad marítima o de prevención de la contaminación, e interpreta que se produce un vacío legal sobre las condiciones de seguridad de estos equipos. Entre estos equipos se encuentran, por ejemplo, grúas y pescantes de suministros, cables, eslingas y cadenas que no sean medios de carga (por ejemplo, de los artes de pesca), entre otros. Aun cuando no sean equipos afectos a usos relacionados con la seguridad marítima o prevención de la contaminación, no hay ninguna razón por la que el régimen de seguridad aplicable no sea similar como mínimo al exigible para equipos no instalados en buques. Siendo además equipos que operan en el ambiente marino, sería deseable asegurar su conformidad con normas más exigentes que las de los equipos instalados en tierra.
En las fotografías que se muestran en la figura siguiente, tomadas una a la llegada del buque a puerto tras el accidente y la otra unos meses antes, se advierte que la grúa se había marcado con dos marcas distintivas. Una marca se correspondía a una pretendida certificación ISO 9001, de una entidad desconocida, y la otra a un marcado CE.

Grúa con marcado con certificación de calidad ISO 9001 y con marcado CE


La empresa HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L., anunciaba en su página web ser «la primera empresa del sector a nivel nacional que consigue el certificado de calidad AENOR según la norma ISO 9001».
Consultado AENOR sobre el alcance de la certificación emitida a esa empresa,  se han constatado los siguientes puntos:
• En la fecha de instalación de la grúa a bordo, HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L., se encontraba certificada, habiendo obtenido el certificado en sistemas de gestión, en base a la norma UNE-EN-ISO 9001:1994, en diciembre de 1999.
• El alcance de la certificación otorgada por AENOR a HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L., se circunscribió a «el diseño, la producción y la reparación de grúas hidráulicas, cabrestantes y remolques de vehículos industriales y de turismo. La venta, la instalación y la reparación de grúas hidráulicas y de cabrestantes de importación».
• Tras varias renovaciones, la entidad certificadora procedió a la anulación definitiva del Certificado en marzo de 2011.
• El certificado y la marca de calidad que a fecha de redacción del informe se mostraban en la página web del fabricante no se corresponden con los que AENOR emitió en su día a esta empresa.
• No está permitido marcar los productos (en este caso, la grúa) con marcas de certificación de sistemas de gestión, pues da lugar a engaño por parte del comprador o usuario, que entiende que el producto se encuentra amparado por una marca de calidad.
• Las normas de certificación de sistemas de gestión no establecen especificaciones para los productos o servicios que no son objeto de este tipo de certificación, de hecho, AENOR desarrolla otro tipo de certificaciones que sí avalan el cumplimiento de los productos con normas y/o reglamentaciones de aplicación.
• El «Reglamento General de Certificación de Sistemas de Gestión y de sus marcas de conformidad» de AENOR, que regula este tipo de certificación, incluye explícitamente: las mar-cas no deben, en ningún caso, estar directamente asociadas a productos de manera tal que puedan inducir a creer que los productos en sí han sido certificados. A través de la certificación en sistemas de gestión, AENOR atestiguaba que, hasta el momento de la anulación de la certificación, HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L., tenía implantado un sistema de gestión para las actividades indicadas en su alcance conforme al modelo establecido en la norma UNE-EN-ISO 9001:1994, en un primer momento, y UNE-EN-ISO 9001:2000, tras su adaptación a la nueva norma.

La reparación efectuada a la grúa tras el accidente no se limitó a reparar o sustituir los elementos que habían fallado, sino que se reforzó la estructura original. Se puso una columna nueva y se reforzó la camisa por lo que se ha de entender que el diseño del producto, la grúa, cambió totalmente. Al serle requerida a la empresa, HERMANOS TOIMIL GARCÍA, S. L., en varias ocasiones, entre otros documentos la Declaración de Conformidad de las máquinas, correspondiente a la grúa instalada a bordo del Manuel Ángel Nores, ya que dicha grúa se encontraba marcada con la marca CE, la empresa no respondió a ninguno de los requerimientos. Por tanto, no se ha podido comprobar la conformidad del producto con normas y procedimientos.
Las grúas destinadas a trabajar en los buques de pesca, lo hacen en ambientes adversos y sujetos a esfuerzos y aceleraciones propias de su trabajo, en un medio en continuo movimiento como es el medio marino que multiplican los efectos de las condiciones originalmente previstas. En el manual de instrucciones aparecen entre otras las siguientes advertencias: «no usar con mala mar», «si la grúa es de tipo marino, tiene que trabajar en condiciones de mar en calma», «evitar los movimientos bruscos», «evitar los tiros oblicuos», «no hacer oscilar la carga», lo cual sorprende en un equipo utilizado en algunas de las mares más agitadas del mundo. Estas grúas frecuentemente están inmersas en ambientes muy húmedos, con gran contenido de sales corrosivas y temperaturas extremas.
En el manual de instrucciones se advierte literalmente que «la grúa tiene que ser guardada en un lugar seco, preferentemente cubierta con una lona impermeable, evitando los sitios húmedos». En algunas zonas de pesca como las visitadas por este buque, NAFO, NEAFC y Falkland (Malvinas), las condiciones climatológicas son muy duras; esto, unido a la intensidad de las faenas de pesca, hacen muy difíciles las labores adecuadas de mantenimiento de las máquinas situadas a la intemperie. No existen disposiciones generales que contemplen estas especificidades para los equipos de cubierta y de elevación a ser utilizados en el medio marino. No se han podido determinar las normas técnicas bajo las que se fabricó la grúa ni si estas normas eran adecuadas al uso que se iba a dar a la grúa a bordo.

 
Vista interior del buque


De todo lo anteriormente expuesto, se puede concluir que:
• La rotura de la grúa se produjo por un fenómeno progresivo de fatiga iniciado en la cara exterior de la columna. La grieta inicial fue originada por esfuerzos de flexión favorecidos probablemente por un funcionamiento anómalo de la grúa durante su vida en servicio.
• Posiblemente el proceso de rotura se vio favorecido por un mantenimiento insuficiente y un diseño que probablemente no era compatible con su utilización.
• La grúa llevaba ocho años instalada en el buque y en servicio, sin que haya constancia de otras roturas o averías en la zona de la articulación.
• El desgaste de la articulación que pudo favorecer el fenómeno de fatiga no fue detectado en ningún momento por la tripulación durante las inspecciones que, según declaraciones, se hacían regularmente de la grúa.
• El mantenimiento ordinario de la grúa efectuado por la tripulación no evitó el desgaste de la articulación ni la oxidación de la zona.
Este mantenimiento se hacía, según declaraciones, de acuerdo con las instrucciones incluidas por el fabricante en el manual de la grúa (engrase cada 25 horas de funcionamiento). No obstante, hay indicios de que el mantenimiento de la zona no se realizaba correctamente.
• Aunque no se puede descartar que el temporal sufrido durante el mes anterior hubiera afectado a la grúa, no hay indicios de que los extraordinarios golpes de mar descritos alcanzaran a la grúa.
• No hay constancia de que el fabricante de la grúa haya tenido en cuenta las especiales condiciones (de humedad, salinidad, temperatura, aceleraciones, vibraciones, etc.) a que de ordinario son sometidos los equipos a bordo de los buques pesqueros en el diseño del equipo. El hecho de que la grúa tuviera una reparación en su base, así como que el mismo fabricante de la grúa la reparase tras el accidente, reforzando sensiblemente la zona de la articulación, son indicios de que el diseño original de la grúa no era el adecuado para las condiciones de trabajo habituales en el ámbito marítimo.
• El fabricante de la grúa no había establecido programas de mantenimiento regulares que permitiesen detectar desgastes o procesos de oxidación como los encontrados tras el accidente, y que favorecieron la rotura de la grúa.

 

Salmón: Sale el "campanu" gallego 2013



Juan Carlos Vázquez capturó un ejemplar de 5,3 kilos


Madrugador. Diez minutos antes de las ocho de la mañana el pescador betanceiro Juan Carlos Vázquez, de profesión policía municipal y que trabaja en Carballo, pilló in fraganti al primer salmón pescado en un río gallego.

Fue en el conocido como Pozo da Moura, en el Coto de Chelo, entre los concellos de Coirós y Paderne, al lado de Betanzos. El primer salmón de la temporada en Galicia, de 70 centímetros, pesó 5,3 kilos. La gloria se la lleva esta pieza, pero en peso ganó la segunda, la que pescó un par de horas después José González, que se desplazó desde el concello lucense de O Valadouro. Se hizo con un salmón que superó los seis kilos en la báscula.


La captura de Pablo González alcanzó los 6 kilos

 
Durante el primer gran día de pesca del salmón hubo un gran número de aficionados y más expectación que en años anteriores a pesar de que el tiempo fue frío y bastante desapacible. A última hora de la tarde todavía muchos pescadores intentaban pescar las otras tres unidades que permite la ley.