jueves, 16 de julio de 2020

Santa María Magdalena

La Santa María Magdalena fue una fragata de la Marina de guerra española, que naufragó junto con el bergantín Palomo el 2 de noviembre de 1810 en la Ría de Viveiro, Lugo (España). Se estima que mas de 500 personas perdieron la vida esa noche.



El 2 de noviembre de 1810, la playa de Covas, en Lugo, amanecía con centenares de cadáveres sobre su arena. Dos de ellos permanecían fundidos en un abrazo. Se había producido uno de los desastres marítimos más importantes de la historia de Galicia, el hundimiento de la fragata Santa María Magdalena y del bergantín Palomo, ambos navíos pertenecientes a la Armada española. Este trágico acontecimiento trajo consigo un cambio en la navegación de los buques militares españoles.

La Santa María Magdalena, bajo el mando del capitán Blas de Salcedo, había sido construida en 1773 en los Reales Astilleros de Esteiro​ y montaba 38 cañones. El bergantín Palomo, mandado por el teniente de fragata Diego de Quevedo, fue construido en 1793 en el mismo arsenal y montaba 18 cañones.

El buque, que medía 44’2 m de eslora, 13’4 m de manga y 6’7 m de puntal, tenía capacidad para 500 tripulantes.

Participó entre otros hechos, en la captura del lugre corsario inglés Duke of Cornualles cerca del Cabo San Vicente o en el bloqueo a Gibraltar de 1782 (donde estuvo en aprietos al acercarse la escuadra inglesa de reaprovisionamiento). También, cuando los franceses invadieron Ferrol, en 1809, la fragata se encontraba allí fondeada, y el Ministro Mazarredo, parece que consiguió evitar que se izara en ella el pabellón francés.



La ruina económica del país en aquella época, que no era ni más ni menos que los estertores del imperio colonial español, condujo a algunos naufragios propiciados por el mal estado de la flota. En el caso que nos ocupa, por no poder contar con su cargo reglamentario de anclas.

Pero volvamos a los hechos. Los dos buques antes mencionados, formaban parte de la flota hispano-inglesa que, al mando del capitán Joaquín Zarauz, tenía como misión defender la costa cantábrica contra los ataques de los franceses. Completaban la flota el corsario Insurgente Roncalesa, una balandra inglesa y 20 buques de transporte.

Zarpan de La Coruña el 14 de octubre de 1810. Al pasar por Ribadeo se les unen la goleta Liniers y los cañoneros Corzo, Estrago, Gorrión y Sorpresa, así como quince transportes más. En la tarde del día 18, fondean en Gijón para desembarcar al día siguiente las fuerzas del ejército, que atacarían la ciudad asturiana, consiguiendo así que las fuerzas francesas se replegasen. Terminada la acción, se dirigen a Santoña el día 23, justo cuando se declara un viento noroeste muy fuerte. Esto provoca que los buques más grandes echen cabos, mientras que los cuatro cañoneros se hunden, aunque se salvan sus respectivas tripulaciones.

Con la mejora del tiempo y dispersada la flota, se dirigen el día 29 al puerto de Viveiro, en busca de cobijo, la fragata Magdalena, el bergantín Palomo, dos transportes y la fragata inglesa Narcisus. El 2 noviembre se declara un fuerte temporal de componente norte, y esa noche piden auxilio con bengalas y cañonazos. Las dificultades eran especiales para el Magdalena y el Palomo, sobre todo para el primero, que ya había perdido un ancla en Santoña, suceso funesto para cualquier barco. El temporal destrozó el casco del Magdalena y no tardó en irse a pique. El Palomo fue arrastrado por las olas a la playa de Sacido.

 



Del total de la tripulación de la fragata, sólo lograron alcanzar la costa ocho hombres, de los que sobrevivirían tres, y la cifra de muertos se elevó a 480. La práctica totalidad de los muertos fueron arrastrados por el mar a lo largo de esa noche a la playa de Covas. Murieron 70 hombres del Palomo, por lo que la cifra total de fallecidos (550) lo convierten en una de las mayores tragedias marítimas ocurridas en la costa española.

Los cadáveres fueron enterrados por los vecinos en las dunas y los restos de la Magdalena se hundieron en el mar. Todavía en la década de 1970, la Armada rescató el pecio y lo trasladó a Ferrol (en cuyos astilleros habían construido la fragata).

Esta tragedia tuvo una enorme repercusión en toda España. Los dos cadáveres abrazados eran precisamente el capitán Blas Salcedo y su hijo, Blas Salcedo Reguera, guardiamarina. Al parecer, cuando el hijo del comandante se encontraba prácticamente en la orilla oyó la voz de su padre pidiendo ayuda desde la fragata. Entonces, sin pensárselo dos veces, exhausto como estaba, fue a intentar salvarlo. Lamentablemente, ambos murieron en el mar. Posteriormente, este suceso hizo que la Armada prohibiese el embarque de padres e hijos o hermanos en el mismo barco mediante la promulgación de una real orden de las recién creadas Cortes de Cádiz. Esta orden, que parece que sigue vigente, pretende impedir que un marino tome decisiones erróneas basadas en la comprensible preocupación por la situación de sus familiares directos, hecho por otro lado no está certificado que ocurriera en el caso de la Magdalena.

Por increíble que parezca, ambos naufragios cayeron en el olvido, excepto para las gentes de la zona que lo recuerdan cada día al vagar por la playa. La Magdalena se convirtió en el pecio más conocido de la Ría de Viveiro. Una zona ahora resguardada (gracias al nuevo puerto) a poca profundidad y fácil de bucear incluso por los menos expertos.

A finales del Siglo XIX, una empresa extranjera, realizó varios trabajos en la zona. Descubrieron uno de los cañones que portaba la embarcación (el más pequeño). Con dicha pieza y un ancla, se levantó en 1934 un sencillo monumento a los náufragos de aquella noche. Su placa reza: “A los 550 náufragos del bergantín Palomo y de la fragata Magdalena sucumbidos en esta playa el 2 de noviembre de 1810”. En 1951 un pescador de Covas redescubrió el pecio. En 1976, la Armada española rescató parte del naufragio de la Magdalena, y con el material recuperado creó el Museo Naval de Ferrol. En la actualidad las piezas de la fragata recuperadas ocupan la mayor parte de la exposición gracias a su buen estado de conservación.



Además, cuenta la leyenda que, si se pasea por la playa de Covas la noche de todos los Santos, fecha en la que ocurrió el naufragio, aún hoy se puede llegar oír el grito del guardiamarina: «Padre aguanta, voy a salvarte» y las gentes de mar de esa zona aseguran que algunas noches entre el 1 y 2 de noviembre, casi al alba, entre las olas puede llegar a aparecer un joven con el uniforme de catorce botones de los guardiamarinas, adentrándose en la mar en dirección a los Castelos, para intentar ayudar a un comandante que estaba intentando alcanzar la orilla.



miércoles, 15 de julio de 2020

La pesca gallega denuncia la situación «agónica» del salmón






Apenas unos meses desde que levantarse la prohibición de pescar, las expectativas no son nada halagüeñas. «El peor año de mi vida como pescador», se lamenta Antonio Cotos, exsecretario de la Federación Galega de Pesca. A pesar de que la campaña comenzó con dos meses de retraso a causa de la crisis del covid-19, los resultados no mejoran y ya suman varias campañas en las que la pesca del salmón se ha convertido en un premio harto complicado.

Pese a las abundantes lluvias y los meses sin pescar -aspectos que podían beneficiar una mejoría de la situación en la vuelta a los ríos-, la falta de caudal y la ausencia de repoblación son los principales motivos de la escasez, según los pescadores. «En ríos como el Eo, con un gran potencial durante muchos años, no sabemos por qué se ha perdido. El Masma va también muy seco y el salmón necesita mucha agua», reconoce Pepe Casal, presidente de las Sociedades Gallegas de Pesca, y subraya que «la gestión de los cotos no se ha hecho bien, se ha aumentado el número y se han eliminado otros que funcionaban». «El salmón vive una situación agónica desde hace años. Los ríos están dejados de la mano de Dios por la Xunta. Ni se repueblan ni se limpian. El dinero que ingresamos los pescadores no revierte sobre nosotros. Los ríos están solos», recalca el pescador José Manuel Duro.

El colectivo señala también al poco caudal de los ríos como uno de los motivos para la falta de salmón. «Va agazapado y no remonta, y los que se ven tienen muy poco peso. No son como los de antes. Nunca vi el Mandeo tan seco como este año», explica Antonio Cotos, cuyos malos resultados le hacen plantearse abandonar su mayor afición: «Voy a tener que retirarme de la pesca».
Parecida situación vive el reo. «La caída de capturas ha sido dramática. En el Eume se pescan con los dedos de las manos, al igual que en el Xuvia. Y ahora nada. Hace años allí se cogían a manadas», insiste Duro.

Las cifras del fin de semana han puesto los dientes largos a los pescadores gallegos, y han evidenciado que los problemas de la pesca fluvial persisten. Los mas del millar de salmones capturados en Asturias frente a los 78 de Galicia no hacen más que ahondar en la problemática que vive la comunidad frente al territorio vecino. «En Asturias la gestión de las soluciones se ha hecho muy bien y aquí no ha sido así», afirma Pepe Casal.

Otra queja compartida: «Los ríos están selváticos, no hay por dónde andar»Los meses de confinamiento han pasado factura a los accesos a los ríos. «En el Sinde hubo tramos en los que tuvimos que acceder a gatas. Para pescar el salmón hay que usar cañas grandes, pero para pasar por esos sitios solo podíamos llevar cañas pequeñas», añade Pepe Casal a la problemática de la escasez de capturas.

«El río está selvático, no hay por dónde andar y esto implica también que los movimientos para pescar se limitan y no permiten realizar la actividad igual», razona Antonio Cotos sobre el caso del Mandeo.Falta de caudalAl efecto de la naturaleza, los pescadores añaden la falta de caudal. Sobre todo en ríos que dependen de presas. «El caudal ecológico debería ser revisado con mayor frecuencia. 

Ahora es insuficiente y eso va perjudicar la recuperación del río», afirma David Arcay, miembro del club Salmo. Y añade que el parón de muchas industrias durante el estado de alarma redujo la contaminación. «En el Sar ahora el agua baja cristalina y antes no era así. Esto debe servirnos para darnos cuenta de que algo estamos haciendo mal. En Galicia tenemos un potencial que no sabemos cuidar; si se hiciese esto sería un paraíso para la pesca», recalca.

La trucha es la que da algunas alegrías a los pescadores. A pesar de comenzar la temporada con dos meses de retraso, los pescadores dan por bueno el resultado. «Esta siendo uno de mis mejores años», asegura Miguel González Penide, miembro de la Sociedad Río Mandeo.A pesar de que los ríos van con menos agua, lo que influye negativamente en la recompensa, en apenas un par de horas suelen cumplir con el cupo de ocho capturas en zonas libres y cuatro en cotos privados. «Los cupos son pequeños y en una hora ya me tuve que volver a casa porque ya no podía pescar más», admite Roberto Martínez, de la Sociedad Val de Lemos. «Las truchas son unas supervivientes, aunque el río tenga malas condiciones. Nos están sorprendiendo por la gran cantidad que hay», destaca David Arcay.



Fuente: La Voz de Galicia

El Mandeo da su segundo salmón de la temporada





Javier Pérez Rivas, socio de la asociación de pescadores del Mandeo pescó a las siete de la mañana el segundo salmón de la temporada. El ejemplar pesó 3,5 kilos y midió 72 cms y fue pescado a cebo en el pozo de Felpete.


Fuente: La Opinión Coruña

Lubina y sargo desbordan la lonja de Santa Uxía





No es la primera vez que un cargamento de lubina inunda la lonja de Ribeira, pero es un hecho tan excepcional que siempre llama la atención. Responsables de la rula explicaron que, de producirse, suele ser en esta época del año y, precisamente, eso es lo que aconteció tanto la tarde del miércoles como la de ayer, en las que se subastaron un total de 7.929 kilos de esta especie. La primera jornada también llegó una buena cantidad de sargo, nada menos que 1.443 kilos, con lo que entre ambas desbordaron el recinto de subastas.

Desde que el coronavirus hizo acto de presencia, la puja de las seis y media de la tarde -que atrae a cientos de compradores de los más diversos lugares por la gran cantidad de especies que pueden encontrarse- se lleva a cabo en las tres salas disponibles. Sin embargo, la llegada de tan importante cantidad de lubina hizo necesario dedicarle un espacio en exclusiva y concentrar las restantes variedades en las otras dos dependencias.Una parte, para A CoruñaRealmente, la cantidad de lubina desembarcada el miércoles en Ribeira fue mayor, pero quienes la capturaron decidieron venderla en la rula de A Coruña.

El pescado lo cogieron 17 embarcaciones, aunque fueron dos cerqueros pequeños los artífices de que la cantidad de kilogramos fuera tan abultada. También fueron muy meritorias las capturas de otro par de barcos, aunque se quedaron a una amplia distancia.En cuanto a la jornada de ayer, los kilos vendidos en el recinto ribeirense ascendieron a 3.600 y el grueso procedían de una única embarcación.Al parecer, es en la zona de Corrubedo donde está apareciendo este gran banco de lubina. Aunque son muchos los barcos que andan en su búsqueda, por lo que parece son escasos los que han conseguido tener éxito.

La lubina es una especie bien cotizada y la aparición de una cantidad excesiva puede motivar que los precios caigan en picado. No sucedió así en esta ocasión, por lo que las embarcaciones que tuvieron la fortuna de traerla a tierra se vieron recompensadas por partida doble.En la subasta que tuvo lugar el miércoles, el pescado alcanzó los 16 euros. La cotización máxima no es muy alta para un pescado de esta categoría, pero a la hora de analizar su valor resulta más esclarecedor conocer el precio medio, que estuvo en los 13 euros.

Fuentes de la lonja de Ribeira precisaron que no hubo ninguna parada por debajo de los diez euros, cuando en otras ocasiones en las que este pescado llegó en tanta cantidad como ahora hubo partidas que se pagaron solamente a tres euros.En cuanto al sargo, el valor máximo estuvo en los 13 euros. En este caso, la cotización media de la especie se sitúo casi en la mitad, seis euros. Ambas especies tuvieron una amplia salida entre los compradores.


Fuente: La Voz de Galicia

Dos barcos de Portosín pescan 10 toneladas de lubina en un día






Dos barcos cerqueros con base en Portosín llegaron ayer al puerto con cerca de 10.000 kilos de lubina, conocido en la zona como róbalo, un pescado blanco muy apreciado que se destina a su venta como producto fresco. Además, otras tres embarcaciones pudieron desembarcar en otros puertos otros tantos kilos, según informaron desde la cofradía de pescadores.

Estas diez toneladas de pescado se puede considerar que es una de las más grandes obtenidas por dos embarcaciones en un sólo día y en lo que llevamos de año, según las mismas fuentes del pósito. A primeras horas de la mañana, los dos barcos de cerco entraron en el puerto. Pesaron la captura y pusieron el producto de camino para la lonja. Allí, el subastero comenzó la puja de las lubinas que se cotizaron entre los 18 euros, que alcanzó de máximo el kilo de las piezas de mayor tamaño, y los ocho euros, de las más pequeñas.


Fuente: elcorreogallego

Capturado el primer salmón en el coto de Chelo en el Mandeo





Rubén Golpe Mondragón, vecino de Carballo, pescó el primer salmón de la temporada del coto de Chelo este sábado por la mañana. 

El ejemplar fue capturado en la zona de la piscina del Mandeo. 

El primer salmón del 2020 de este río pesó 4,1 kilos y mide 72 centímetros.


Fuente: La Voz de Galicia

Un "monstruo" de río: el Nalón da el ejemplar más grande de la temporada salmonera en Asturias





El sierense Raúl Sánchez Pérez, de Pola de Siero, echó a tierra en la mañana del sábado 6 de junio un enorme salmón de 11,640 kilogramos de peso en el lance Peña Pereira, en aguas del río Nalón, adscrito a la cuenca del Narcea, siendo el ejemplar de mayor tamaño de cuantos se han capturado en lo que va de campaña.

Raúl Sánchez es un avezado pescador, habitual en las cuencas del Narcea y también del Sella, no en vano sacó el campanu de ese río del Oriente en el año 2016.En esa ocaisión, el salmó fue a parar al restaurante "El Campanu", con establecimientos en Cangas de Onís, Ribadesella y Oviedo, que pagó 4.200 euros. 

Esta temporada está siendo la cuenca del Narcea la que más ejemplares está dando. Sin ir más lejos, ayer se precintaron nada menos que 22. Más de la mitad de las 37 que salieron en todos los ríos Asturias. El propio Raúl Sánchez echó a tierra ayer otro ejemplar, en este caso de  5,290 kilos. Muy lejos del récord de la temporada que acaba de establecer y que será difícil de batir.



Fuente: La Nueva España

Asturias: El ‘campanu’, el primer salmón de 2020, pescado con mascarilla





El primer salmón de la temporada capturado en Asturias, el ‘campanu’, ha pesado 5,3 kilos y se ha pescado un mes más tarde de lo habitual porque el estado de alarma por el coronavirus ha tenido detenida la actividad. Habitualmente, este primer ejemplar se subasta a precios de 2.000 euros el kilo. El mal estado de conservación de la especie hace que cada año descienda el número de ejemplares.
El primer salmón de la temporada capturado en Asturias, conocido popularmente como campanu, ha pesado 5,3 kilogramos y mide 76 centímetros, según ha informado Asturpesca a través de una nota de prensa.

La pesca del campanu se ha retrasado este año por las medidas derivadas del estado de alarma ante la pandemia de COVID-19. Una vez recuperado el permiso para pescar, han sido varios los que han intentado capturar el primer salmón.

Quien lo ha conseguido a primera hora del martes 19 de mayo ha sido Íñigo Fernández Amantegui, que posó con el ejemplar y con la mascarilla puesta para evitar contagios. Sacó al salmón en el río Narcea, concretamente en el coto parcial de El Güeyu.

En 2019 el primer salmón se pescó un año antes que en 2020. En este caso, fue un domingo 14 de abril, recién abierta la veda. La tradición en Asturias es que los restaurantes pujen por hacerse con el primer ejemplar pescado del año y ofrecerlo en su menú como una forma de mantener la costumbre y de promocionar el establecimiento.

El campanu de 2019, que también pesó unos cinco kilos, fue a parar a un restaurante de Oviedo, que pagó 10.000 euros por él, es decir, 2.000 euros por kilo.

Toda esta tradición en torno a los salmones, especie que pasa la mayor parte de su ciclo biológico en el mar pero que acude a los ríos a desovar, se ve amenazada en los últimos tiempos por el mal estado de conservación de las poblaciones.

De hecho, las capturas de salmón descienden en las últimas. En los dos años previos a 2020 las capturas se han situado muy por debajo de temporadas anteriores. Se sacaron de los cauces asturianos 585 ejemplares en 2018 y 496 un año antes, mientras que en 2016 se alcanzaron las 1.134 piezas, cifras lejanas de los 2.800 pescados en la temporada de 2001.

También ha descendido el tamaño de los ejemplares, una muestra del deterioro de la población. El mayor ejemplar capturado del que se tiene noticia fue un salmón pescado en el río Narcea en 1962 que pesó 16,1 kilos, tres veces más que la captura de este año en el mismo cauce.



Fuente: elagoradiario.com

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Un lucense pesca una enorme lubina en Foz






Enorme lubina la que capturó en la noche del domingo al lunes el lucense Roberto Cabana en la costa de Foz, localidad donde veranea. Más de medio metro de largo y casi ocho kilos de peso acreditan a la robaliza, como se llama a la lubina en lengua gallega, como un enorme ejemplar en su especie.



Fuente: La Voz de Galicia

lunes, 2 de septiembre de 2019

Un pescador clava un chivo en el cuello de un surfista en la playa de O Baleo, en Pantín






Juan Olaizola es monitor de surf en la escuela Pantín Surf Camp. Hace un par de días, como es habitual, acudió con sus alumnos y otros compañeros a coger olas en la playa de O Baleo, al lado de Pantín, en donde estos días se disputa el Abanca Galicia Classic Surf Pro. Al poco rato de iniciar la actividad vieron que en los acantilados había un pescador de costa haciendo spinning. Con su caña hacía lanzamientos al mar de una plomada, de unos ochenta gramos, que en uno de los extremos presenta un anzuelo de grandes dimensiones y que también lleva incrustado un mechón de pelo, generalmente de cabra o caballo, como señuelo. En uno de los lances, el pescador clavó su anzuelo en el cuello de Juan Olaizola, justo cuando estaba cogiendo una ola: «Noté un fuerte dolor en el cuello, dice el monitor, y cuando me eché la mano ya noté la plomada y el pelo y que tenía algo clavado. Fue un momento dramático. Además, el pescador, que yo creo que no se dio cuenta de que me había enganchado, tiraba del sedal». Explica que él trató de soltarse pero que fue imposible: «Intenté cortar la tanza, aunque fue imposible. Al final me ayudó un compañero, quien pudo romper la tanza tras morderla con los dientes».






Explica que con la ayuda de sus compañeros salió del mar y que un padre de uno de sus alumnos lo trasladó en su coche hasta el Centro de Salud de Cedeira: «Era un anzuelo con muerte, es decir, que no permite sacarlo. Me lo tuvieron que meter más hacia dentro para soltarlo y después, tras cortarme la zona con un bisturí, pudieron extraerlo. Era un anzuelo bastante grande. Fue increíble. No me quiero ni imaginar que hubiera pasado si engancha a uno de los chicos o les da con esa plomada en la cabeza». Destaca que cuando salieron a la playa trataron de hablar con el pescador para pedirle explicaciones, aunque señalan que tras ver lo que había pasado, cogió su coche y se escapó: «No sabemos quién fue. Está claro que él no podía estar ahí pescando, cuando nosotros estábamos muy cerca cogiendo olas».



Fuente: La Voz de Galicia