lunes, 20 de julio de 2020

Malestar por el recorte de tres a dos meses del período hábil para la pesca del salmón en el río Ulla






Los pescadores gallegos de salmón están en pie de guerra contra la Consellería de Medio Ambiente por el recorte en un mes del período hábil de pesca esta temporada ya finalizada.

Tradicionalmente, la pesca del salmón en el Ulla estaba permitida desde el día 1 de mayo hasta el 31 de julio, aunque la temporada quedaba siempre cerrada en cuanto se cubría el cupo máximo de capturas establecido para proteger la especie.

Esta temporada, en cambio, además de cupo, hubo un mes menos de pesca. La mayoría de los pescadores no entienden esta medida. Desde la Xunta justifican que, desde el año 2000, solo un 3,2 % del total de salmones capturados cayeron en julio. Los pescadores, sin embargo, recuerdan que varios años el cupo se completó antes del mes de julio, por lo que es lógico que la media final de capturas en ese mes sea baja. Los deportistas sostienen que, si lo que se pretende es proteger la especie, el cupo máximo de capturas establecido debería ser suficiente por sí mismo. «Veriamos mellor que se reducise o cupo se é preciso para darlle opción a máis deportistas a pescar ata que se alcance o límite», explica Salvador Ortega, pescador estradense que además dirige una web especializada de pesca del salmón. «O ano pasado, por exemplo, colléronse tres salmóns en xullo e só dous en xuño», explica. «Pode que teña certo sentido nos cotos de pesca sen morte porque, coas augas máis quentes, o salmón que se colle e se ceiba ten menos posibilidades de recuperar, pero no caso da pesca con extracción non ten sentido ningún», comenta.

El hecho de acortar la temporada dejó a muchos pescadores sin permiso de pesca para lanzar en Ximonde -el coto preferido por todos- este año. «Eu por exemplo prefiro un posto en Ximonde en xullo que un en Santeles en maio», explica el experto. De los 1.346 pescadores que solicitaron permiso para pescar salmón en el Ulla la próxima temporada, solo unos 230 han tenido la posibilidad de escoger el coto de Ximonde, para el que los cupos se agotaron en dos días. Hay que tener en cuenta que los jueves y lunes no son hábiles para la pesca y que de los permisos totales hay que descontar los reservados para el concurso de pesca del salmón de la sociedad Río Ulla y para la venta en paquetes turísticos de las casas rurales del entorno.

En esta temporada se mantuvieron como cotos de pesca con extracción los de Ximonde, Santeles, Pontevea y Sinde. Los cotos sin muerte son los de Couso y Gres-Deza. Además se ha reducido el cupo de salmones en el Ulla a 40. La temporada pasada eran 50, aunque solo llegaron a pescarse 12. En los años anteriores se pescaron 16 y 17, muy por debajo del tope. Con todo esto y con el coronavirus de por medio, solo lograron pescarse 14, todos ellos en Ximonde.


Fuente: La Voz de Galicia

viernes, 17 de julio de 2020

Palomo

El Palomo fue un bergantín de la Marina de guerra española, que naufragó junto a la fragata Santa María Magdalena el 2 de noviembre de 1810 en la Ría de Viveiro, Lugo (España). Se estima que más de 500 personas perdieron la vida esa noche.




El 2 de noviembre de 1810, la playa de Covas, en Lugo, amanecía con centenares de cadáveres sobre su arena. Dos de ellos permanecían fundidos en un abrazo. Se había producido uno de los desastres marítimos más importantes de la historia de Galicia, el hundimiento de la fragata Santa María Magdalena y del bergantín Palomo, ambos navíos pertenecientes a la Armada española. Este trágico acontecimiento trajo consigo un cambio en la navegación de los buques militares españoles.

El Palomo fue construido en Ferrol en 1795, como San Germán y posteriormente renombrado como Palomo. Iba armado con de 18 a 22 cañones. A su botadura realizó numerosos servicios como buque correo entre España y las colonias americanas.

La ruina económica del país en aquella época, que no era ni más ni menos que los estertores del imperio colonial español, condujo a algunos naufragios propiciados por el mal estado de la flota. En el caso que nos ocupa, por no poder contar con su cargo reglamentario de anclas.

Pero volvamos a los hechos. Los dos buques antes mencionados, formaban parte de la flota hispano-inglesa que, al mando del capitán Joaquín Zarauz, tenía como misión defender la costa cantábrica contra los ataques de los franceses. Completaban la flota el corsario Insurgente Roncalesa, una balandra inglesa y 20 buques de transporte.

Zarpan de La Coruña el 14 de octubre de 1810. Al pasar por Ribadeo se les unen la goleta Liniers y los cañoneros Corzo, Estrago, Gorrión y Sorpresa, así como quince transportes más. En la tarde del día 18, fondean en Gijón para desembarcar al día siguiente las fuerzas del ejército, que atacarían la ciudad asturiana, consiguiendo así que las fuerzas francesas se replegasen. Terminada la acción, se dirigen a Santoña el día 23, justo cuando se declara un viento noroeste muy fuerte. Esto provoca que los buques más grandes echen cabos, mientras que los cuatro cañoneros se hunden, aunque se salvan sus respectivas tripulaciones.

Con la mejora del tiempo y dispersada la flota, se dirigen el día 29 al puerto de Viveiro, en busca de cobijo, la fragata Magdalena, el bergantín Palomo, dos transportes y la fragata inglesa Narcisus. El 2 noviembre se declara un fuerte temporal de componente norte, y esa noche piden auxilio con bengalas y cañonazos. Las dificultades eran especiales para el Magdalena y el Palomo, sobre todo para el primero, que ya había perdido un ancla en Santoña, suceso funesto para cualquier barco. El temporal destrozó el casco del Magdalena y no tardó en irse a pique. El Palomo fue arrastrado por las olas a la playa de Sacido.




Solo se salvó un oficial y 24 tripulantes. Murió su comandante, el teniente de fragata don José Bustamante, el alférez de navío don Francisco Montes, el primer piloto don Leandro Zaralegui, los terceros pilotos don José Andreu, don Matías de la Fuente y el cirujano don Juan Romero.

Murieron 70 hombres del Palomo, que junto con los 480 del otro navío, subieron la cifra total de fallecidos a 550, lo que lo convierten en una de las mayores tragedias marítimas ocurridas en la costa española.

Los cadáveres fueron enterrados por los vecinos en las dunas. Esta tragedia tuvo una enorme repercusión en toda España. Los dos cadáveres abrazados eran precisamente el capitán del Magdelena, Blas Salcedo y su hijo, Blas Salcedo Reguera, guardiamarina. Al parecer, cuando el hijo del comandante se encontraba prácticamente en la orilla oyó la voz de su padre pidiendo ayuda desde la fragata. Entonces, sin pensárselo dos veces, exhausto como estaba, fue a intentar salvarlo. Lamentablemente, ambos murieron en el mar. Posteriormente, este suceso hizo que la Armada prohibiese el embarque de padres e hijos o hermanos en el mismo barco mediante la promulgación de una real orden de las recién creadas Cortes de Cádiz. Esta orden, que parece que sigue vigente, pretende impedir que un marino tome decisiones erróneas basadas en la comprensible preocupación por la situación de sus familiares directos, hecho por otro lado no está certificado que ocurriera en el caso de la Magdalena.

Por increíble que parezca, ambos naufragios cayeron en el olvido, excepto para las gentes de la zona que lo recuerdan cada día al vagar por la playa. Una zona ahora resguardada (gracias al nuevo puerto) a poca profundidad y fácil de bucear incluso por los menos expertos.

A finales del Siglo XIX, una empresa extranjera, realizó varios trabajos en la zona. Descubrieron uno de los cañones que portaba la Magdalena (el más pequeño). Con dicha pieza y un ancla, se levantó en 1934 un sencillo monumento a los náufragos de aquella noche. Su placa reza: “A los 550 náufragos del bergantín Palomo y de la fragata Magdalena sucumbidos en esta playa el 2 de noviembre de 1810”.

En la ensenada de Sacido, está localizado el pecio del Palomo, que supuestamente se partió en dos. Es una zona complicada para ver restos, porque desde que se hundió comenzaron a taparse, a ser sedimentados. En estos momentos están bastante tapados y que la integridad del pecio está bastante intacta.




Además, cuenta la leyenda que, si se pasea por la playa de Covas la noche de todos los Santos, fecha en la que ocurrió el naufragio, aún hoy se puede llegar oír el grito del guardiamarina: «Padre aguanta, voy a salvarte» y las gentes de mar de esa zona aseguran que algunas noches entre el 1 y 2 de noviembre, casi al alba, entre las olas puede llegar a aparecer un joven con el uniforme de catorce botones de los guardiamarinas, adentrándose en la mar en dirección a los Castelos, para intentar ayudar a un comandante que estaba intentando alcanzar la orilla.


La cucharilla como señuelo de pesca






Con la aparición de múltiples y sofisticados señuelos de todas las formas y colores, la tradicional cucharilla giratoria parece haber pasado a un segundo plano o relegada a una pesca para principiantes.

Sin embargo, esto no tiene porqué ser así pues si bien es cierto que pocos señuelos resultan tan fáciles de emplear no es menos cierto que su efectividad está más que demostrada sin envidiar los resultados de otros señuelos mucho más técnicos.

A continuación repasamos algunos consejos para sacarles el máximo partido y mejorar nuestros resultados de pesca.




LA CUCHARILLA GIRATORIA

Las cucharillas giratorias son aquellas que van unidas por un único extremo a un alambre que soporta el anzuelo (que normalmente será triple). De esta forma, basan su acción en el giro constante de la pala sobre el alambre que actúa como eje.

Este tipo de cucharilla es la más utilizada para la pesca de salmónidos en agua dulce, viendo reducida su efectividad notablemente en su uso en el mar, sobre todo si las comparamos con las ondulantes. Aún a pesar de ello, pueden depararnos magníficas jornadas de pesca en la costa.

El principio de su éxito es sencillo: una paleta giratoria de metal, que va montada sobre un cuerpo también metálico, plomado o no, con o sin adornos (cuentas de colores, penachos de distintos materiales etc.). La paleta gira por efecto de la corriente del agua sobre el cuerpo de la cucharilla.
Se diferencian en dos grandes grupos:

– Las de paleta fina y alargada,

– Las de paleta ancha y redondeada.

Se suele decir que las de paleta fina imitaban a un pez y las que la tenían redondeada imitaban a un insecto.

El manejo de ambas difiere: las paletas redondas ofrecen mayor resistencia en el agua y girarán bien aunque las traigamos más lentamente o la corriente sea menor. Cuanto más fina sea la paleta, el efecto contrario se acentuará y el trabajo en la puntera será también menor.

Sea cual sea el modelo elegido, cabe destacar la enorme facilidad de uso, que las hace adecuadas para cualquier pescador, sea cual sea su capacidad técnica.

LA ELECCIÓN DE LA CUCHARILLA

Si nos dirigimos a comprar por primera vez una cucharilla para pescar podremos volvernos locos con la gran variedad de modelos que el mercado nos ofrece: diferentes colores, formas, tamaños... ¿Cómo saber cuál de ellas es la más adecuada? La forma de la pala, junto con el peso y el tamaño van a ser determinantes en nuestra elección. El color, es secundario, si bien puede marcar la diferencia ante peces muy pescados. Debemos tener en cuenta lo siguiente:

– Debemos considerar las características del río: la cucharilla se seleccionará en función de la masa de agua donde vayamos a pescar: para zonas profundas y anchas se usan cucharillas pesadas de números que vayan del 2 al 5. Sin embargo, para ríos poco caudalosos los números 0 y 1 llegan de sobra.

– Tamaño de la captura: si nos encontramos en ríos que alberguen ejemplares de gran tamaño, deberemos utilizar cucharillas de números 3, 4 y 5. Si pescamos en ríos montañosos, donde las truchas serán más pequeñas, utilizaremos cucharillas pequeñas de los números 1 y 2.

– Climatología: como norma general, en días claros usaremos cucharillas con fondo dorado;  pero si el día está nublado, se recomiendan las cucharillas de fondo plateado.

– Época del año: a principios de temporada, los ríos suelen bajar mucho más altos de agua y además los días suelen estar más nublados, lo que, según lo dicho anteriormente, la cucharilla a seleccionar será grande y plateada. A medida que se acerca el verano, el caudal del río va a menos y los días son más claros, deberemos cambiar a cucharillas más bien doradas.

– La corriente: si la corriente es fuerte, optaremos por una cucharilla con forma de hoja de oliva. Para lagos, embalses y demás zonas sin corriente, optaremos por cucharillas de pala normal.

– Conviene saber que existen cucharillas especialmente diseñadas para las corrientes muy rápidas.

– Las cucharillas doradas también se deben utilizar si nos encontramos ante fondos pedregosos o arenosos.

– Las cucharillas negras deben ser utilizadas cuando el agua es muy clara. Se suele decir que las negras que tiene puntos amarillos o rojos son las más adecuadas para la pesca de la trucha.

–En aguas profundas, turbias o muy turbulentas se suelen detectar mejor las cucharillas grandes.

En resumen debemos pescar con la cucharilla más ligera que nos permita pescar dependiendo de la corriente y la profundidad. Una cucharilla demasiado pesada hace mucho ruido al caer, además un señuelo pesado es más propenso a a desclavarse que uno liviano, a pesar de que a veces no queda más remedio que añadir peso para poder profundizar lo suficiente, en cuyo  caso debemos valorar el uso de cucharillas con cuerpo de tungsteno.





ADORNOS DEL SEÑUELO

En el mercado abundan diversidad de modelos tanto con adornos como sin ellos tanto en el cuerpo como en el anzuelo triple.

Estos adornos suelen hacer la cucharilla más atractiva para el pescador pero no necesariamente para el pez...si bien es cierto que puede ayudar a disimular el anzuelo.

En algunos casos incluso pueden ser útiles para determinadas situaciones de pesca, por ejemplo si pescamos en pequeños ríos o arroyos de montaña “lanzando a ballesta”, puede ser una gran idea usar cucharillas con plumas en el triple para sujetarla sin miedo a engancharnos durante el lance.




EL EQUIPO DEL PESCADOR DE CUCHARILLA

Dejando de lado la cucharilla en cuestión, de cuya elección hemos hablado anteriormente, las características del equipo que todo pescador de cucharilla debería tener son:

– Caña: lo que deberemos exigir es, fundamentalmente, el peso: la ligereza es fundamental (de 100 a 150 g.). Por eso se recomienda que como material seleccionemos el grafito o el carbono. En cuanto a la longitud, variará en función del río donde vayamos a pescar. Si se trata de un río enmarañado, se necesitará que la caña sea corta (de 1,40 a 2,10 m.)

– Carrete: deberá ser, ante todo, rápido, con un ratio de, por lo menos, 5 a 1. También deberá ser ligero y con una capacidad de albergar un mínimo de 150 metros de un hilo de diámetro 0,20 mm. Un tamaño 1000 o 2500 será más que suficiente.

– Hilo: hay que conocer una máxima: cuanto más fino sea el hilo, más fácil será de lanzar. A pesar de eso, debemos tener en cuenta que la disminución del diámetro conlleva una pérdida de resistencia. Por ello teniendo en cuenta el tipo de capturas presentes en la zona seleccionaremos el diámetro más bajo que podamos utilizar sin comprometer la recuperación de la captura. Si optamos por trenzado podemos bajar hasta 0,08 mm sin problemas.

En general debemos pescar lo más ligero que podamos pero sin pasarse. Necesitaremos un punto de rigidez en la caña para clavar con facilidad y sentir en el blank que nuestra cucharilla está girando, pero a la vez una caña blanda y rápida en acción de pesca parabólica o semiparabólica en combate.




CLAVES PARA CONSEGUIR RESULTADOS

Sin duda estamos ante un señuelo bastante fácil de emplear con ciertas garantías, por ello muchos pescadores piensan que una cucharilla simplemente se lanza y se recoge sin más, sin apenas variables a tener en cuenta, ni técnicas o estrategias.

Sin embargo esto no es del todo cierto, a continuación intentamos resumir algunas de las claves más importantes que nos ayudarán a obtener mejores resultados si queremos probar suerte con la cucharilla.

A nivel teórico la técnica de pesca es muy sencilla de describir y consiste en lanzar la cucharilla a un punto determinado del agua, para después recobrarla haciéndola rodar sobre sí misma. Dicho así parece muy sencillo, la complejidad aparece cuando tratamos de colocar la cucharilla en un punto justo y en el momento exacto... Para ayudarle en este objetivo, le comentamos los siguientes puntos:

– La gran mayoría de las picadas se producen cerca del fondo (sobre todo si nuestro objetivo de pesca es la trucha).

– El lance debe adecuarse a la época del año en la que nos encontremos: en invierno, con las aguas más frías, los peces suelen permanecer más pegados al fondo. Con la llegada del buen tiempo y el aumento en la actividad del ecosistema, aumentan las posibilidades de localizar la captura a prácticamente cualquier profundidad.

– Siempre es preferible pescar aguas arriba, lanzando en sentido contrario a la dirección de la corriente. De esta forma, la propia fuerza de la corriente colaborará con nosotros, ayudando para que la cucharilla baje al fondo. Muchos pescadores que empiezan a lanzar su cucharilla siempre lo hacen aguas abajo, ya que la propia acción de la corriente mueve la pala de la cucharilla mejor y es más fácil su manejo. Sin embargo no es lo más efectivo ya que normalmente iremos asustando a los peces aguas abajo además de que la cucharilla, al ser retenida contra corriente suele navegar muy superficialmente.

– Intente recoger siempre un poco más rápido de la velocidad que lleve la corriente. Para comprobar que es así, fíjese en la tensión del hilo: nunca debe estar flojo. Pero a la vez debemos recoger lo más lento posible, a la velocidad mínima a la que las palas giren (recuerde que las palas anchas giran mejor).

– El lance deberá realizarse siempre un poco más arriba del lugar donde intuyamos que pueda encontrarse la pieza, para dar tiempo a que la cucharilla alcance la profundidad adecuada antes de pasar justo por delante de la trucha.

– La recogida deberá llevar siempre un ritmo constante, sin parar en ningún momento, ya que de hacerlo corremos el riesgo de que la cucharilla se hunda y termine enganchándose con cualquier elemento; además si tenemos la suerte de que un pez está siguiendo nuestra cucharilla y paramos su movimiento, de inmediato ser dará cuenta del engaño y perderemos la captura.

De hecho, el éxito de esta técnica depende en gran parte de ser capaz de mantener la correcta velocidad durante la recogida de la cucharilla.

– Si pesca en un río, pruebe suerte en cualquier remanso que se produzca en sus lados.

– Si pesca en un embalse, busque las zonas en las que la profundidad sea máxima. En los embalses conviene probar siempre con lances en “abanico”, esto es: situado el pescador en un punto fijo, irá lanzando varias veces, variando el ángulo de lanzado de cada vez unos 30º.


Fuente: a-alvarez.com

jueves, 16 de julio de 2020

Santa María Magdalena

La Santa María Magdalena fue una fragata de la Marina de guerra española, que naufragó junto con el bergantín Palomo el 2 de noviembre de 1810 en la Ría de Viveiro, Lugo (España). Se estima que mas de 500 personas perdieron la vida esa noche.



El 2 de noviembre de 1810, la playa de Covas, en Lugo, amanecía con centenares de cadáveres sobre su arena. Dos de ellos permanecían fundidos en un abrazo. Se había producido uno de los desastres marítimos más importantes de la historia de Galicia, el hundimiento de la fragata Santa María Magdalena y del bergantín Palomo, ambos navíos pertenecientes a la Armada española. Este trágico acontecimiento trajo consigo un cambio en la navegación de los buques militares españoles.

La Santa María Magdalena, bajo el mando del capitán Blas de Salcedo, había sido construida en 1773 en los Reales Astilleros de Esteiro​ y montaba 38 cañones. El bergantín Palomo, mandado por el teniente de fragata Diego de Quevedo, fue construido en 1793 en el mismo arsenal y montaba 18 cañones.

El buque, que medía 44’2 m de eslora, 13’4 m de manga y 6’7 m de puntal, tenía capacidad para 500 tripulantes.

Participó entre otros hechos, en la captura del lugre corsario inglés Duke of Cornualles cerca del Cabo San Vicente o en el bloqueo a Gibraltar de 1782 (donde estuvo en aprietos al acercarse la escuadra inglesa de reaprovisionamiento). También, cuando los franceses invadieron Ferrol, en 1809, la fragata se encontraba allí fondeada, y el Ministro Mazarredo, parece que consiguió evitar que se izara en ella el pabellón francés.



La ruina económica del país en aquella época, que no era ni más ni menos que los estertores del imperio colonial español, condujo a algunos naufragios propiciados por el mal estado de la flota. En el caso que nos ocupa, por no poder contar con su cargo reglamentario de anclas.

Pero volvamos a los hechos. Los dos buques antes mencionados, formaban parte de la flota hispano-inglesa que, al mando del capitán Joaquín Zarauz, tenía como misión defender la costa cantábrica contra los ataques de los franceses. Completaban la flota el corsario Insurgente Roncalesa, una balandra inglesa y 20 buques de transporte.

Zarpan de La Coruña el 14 de octubre de 1810. Al pasar por Ribadeo se les unen la goleta Liniers y los cañoneros Corzo, Estrago, Gorrión y Sorpresa, así como quince transportes más. En la tarde del día 18, fondean en Gijón para desembarcar al día siguiente las fuerzas del ejército, que atacarían la ciudad asturiana, consiguiendo así que las fuerzas francesas se replegasen. Terminada la acción, se dirigen a Santoña el día 23, justo cuando se declara un viento noroeste muy fuerte. Esto provoca que los buques más grandes echen cabos, mientras que los cuatro cañoneros se hunden, aunque se salvan sus respectivas tripulaciones.

Con la mejora del tiempo y dispersada la flota, se dirigen el día 29 al puerto de Viveiro, en busca de cobijo, la fragata Magdalena, el bergantín Palomo, dos transportes y la fragata inglesa Narcisus. El 2 noviembre se declara un fuerte temporal de componente norte, y esa noche piden auxilio con bengalas y cañonazos. Las dificultades eran especiales para el Magdalena y el Palomo, sobre todo para el primero, que ya había perdido un ancla en Santoña, suceso funesto para cualquier barco. El temporal destrozó el casco del Magdalena y no tardó en irse a pique. El Palomo fue arrastrado por las olas a la playa de Sacido.

 



Del total de la tripulación de la fragata, sólo lograron alcanzar la costa ocho hombres, de los que sobrevivirían tres, y la cifra de muertos se elevó a 480. La práctica totalidad de los muertos fueron arrastrados por el mar a lo largo de esa noche a la playa de Covas. Murieron 70 hombres del Palomo, por lo que la cifra total de fallecidos (550) lo convierten en una de las mayores tragedias marítimas ocurridas en la costa española.

Los cadáveres fueron enterrados por los vecinos en las dunas y los restos de la Magdalena se hundieron en el mar. Todavía en la década de 1970, la Armada rescató el pecio y lo trasladó a Ferrol (en cuyos astilleros habían construido la fragata).

Esta tragedia tuvo una enorme repercusión en toda España. Los dos cadáveres abrazados eran precisamente el capitán Blas Salcedo y su hijo, Blas Salcedo Reguera, guardiamarina. Al parecer, cuando el hijo del comandante se encontraba prácticamente en la orilla oyó la voz de su padre pidiendo ayuda desde la fragata. Entonces, sin pensárselo dos veces, exhausto como estaba, fue a intentar salvarlo. Lamentablemente, ambos murieron en el mar. Posteriormente, este suceso hizo que la Armada prohibiese el embarque de padres e hijos o hermanos en el mismo barco mediante la promulgación de una real orden de las recién creadas Cortes de Cádiz. Esta orden, que parece que sigue vigente, pretende impedir que un marino tome decisiones erróneas basadas en la comprensible preocupación por la situación de sus familiares directos, hecho por otro lado no está certificado que ocurriera en el caso de la Magdalena.

Por increíble que parezca, ambos naufragios cayeron en el olvido, excepto para las gentes de la zona que lo recuerdan cada día al vagar por la playa. La Magdalena se convirtió en el pecio más conocido de la Ría de Viveiro. Una zona ahora resguardada (gracias al nuevo puerto) a poca profundidad y fácil de bucear incluso por los menos expertos.

A finales del Siglo XIX, una empresa extranjera, realizó varios trabajos en la zona. Descubrieron uno de los cañones que portaba la embarcación (el más pequeño). Con dicha pieza y un ancla, se levantó en 1934 un sencillo monumento a los náufragos de aquella noche. Su placa reza: “A los 550 náufragos del bergantín Palomo y de la fragata Magdalena sucumbidos en esta playa el 2 de noviembre de 1810”. En 1951 un pescador de Covas redescubrió el pecio. En 1976, la Armada española rescató parte del naufragio de la Magdalena, y con el material recuperado creó el Museo Naval de Ferrol. En la actualidad las piezas de la fragata recuperadas ocupan la mayor parte de la exposición gracias a su buen estado de conservación.



Además, cuenta la leyenda que, si se pasea por la playa de Covas la noche de todos los Santos, fecha en la que ocurrió el naufragio, aún hoy se puede llegar oír el grito del guardiamarina: «Padre aguanta, voy a salvarte» y las gentes de mar de esa zona aseguran que algunas noches entre el 1 y 2 de noviembre, casi al alba, entre las olas puede llegar a aparecer un joven con el uniforme de catorce botones de los guardiamarinas, adentrándose en la mar en dirección a los Castelos, para intentar ayudar a un comandante que estaba intentando alcanzar la orilla.



miércoles, 15 de julio de 2020

La pesca gallega denuncia la situación «agónica» del salmón






Apenas unos meses desde que levantarse la prohibición de pescar, las expectativas no son nada halagüeñas. «El peor año de mi vida como pescador», se lamenta Antonio Cotos, exsecretario de la Federación Galega de Pesca. A pesar de que la campaña comenzó con dos meses de retraso a causa de la crisis del covid-19, los resultados no mejoran y ya suman varias campañas en las que la pesca del salmón se ha convertido en un premio harto complicado.

Pese a las abundantes lluvias y los meses sin pescar -aspectos que podían beneficiar una mejoría de la situación en la vuelta a los ríos-, la falta de caudal y la ausencia de repoblación son los principales motivos de la escasez, según los pescadores. «En ríos como el Eo, con un gran potencial durante muchos años, no sabemos por qué se ha perdido. El Masma va también muy seco y el salmón necesita mucha agua», reconoce Pepe Casal, presidente de las Sociedades Gallegas de Pesca, y subraya que «la gestión de los cotos no se ha hecho bien, se ha aumentado el número y se han eliminado otros que funcionaban». «El salmón vive una situación agónica desde hace años. Los ríos están dejados de la mano de Dios por la Xunta. Ni se repueblan ni se limpian. El dinero que ingresamos los pescadores no revierte sobre nosotros. Los ríos están solos», recalca el pescador José Manuel Duro.

El colectivo señala también al poco caudal de los ríos como uno de los motivos para la falta de salmón. «Va agazapado y no remonta, y los que se ven tienen muy poco peso. No son como los de antes. Nunca vi el Mandeo tan seco como este año», explica Antonio Cotos, cuyos malos resultados le hacen plantearse abandonar su mayor afición: «Voy a tener que retirarme de la pesca».
Parecida situación vive el reo. «La caída de capturas ha sido dramática. En el Eume se pescan con los dedos de las manos, al igual que en el Xuvia. Y ahora nada. Hace años allí se cogían a manadas», insiste Duro.

Las cifras del fin de semana han puesto los dientes largos a los pescadores gallegos, y han evidenciado que los problemas de la pesca fluvial persisten. Los mas del millar de salmones capturados en Asturias frente a los 78 de Galicia no hacen más que ahondar en la problemática que vive la comunidad frente al territorio vecino. «En Asturias la gestión de las soluciones se ha hecho muy bien y aquí no ha sido así», afirma Pepe Casal.

Otra queja compartida: «Los ríos están selváticos, no hay por dónde andar»Los meses de confinamiento han pasado factura a los accesos a los ríos. «En el Sinde hubo tramos en los que tuvimos que acceder a gatas. Para pescar el salmón hay que usar cañas grandes, pero para pasar por esos sitios solo podíamos llevar cañas pequeñas», añade Pepe Casal a la problemática de la escasez de capturas.

«El río está selvático, no hay por dónde andar y esto implica también que los movimientos para pescar se limitan y no permiten realizar la actividad igual», razona Antonio Cotos sobre el caso del Mandeo.Falta de caudalAl efecto de la naturaleza, los pescadores añaden la falta de caudal. Sobre todo en ríos que dependen de presas. «El caudal ecológico debería ser revisado con mayor frecuencia. 

Ahora es insuficiente y eso va perjudicar la recuperación del río», afirma David Arcay, miembro del club Salmo. Y añade que el parón de muchas industrias durante el estado de alarma redujo la contaminación. «En el Sar ahora el agua baja cristalina y antes no era así. Esto debe servirnos para darnos cuenta de que algo estamos haciendo mal. En Galicia tenemos un potencial que no sabemos cuidar; si se hiciese esto sería un paraíso para la pesca», recalca.

La trucha es la que da algunas alegrías a los pescadores. A pesar de comenzar la temporada con dos meses de retraso, los pescadores dan por bueno el resultado. «Esta siendo uno de mis mejores años», asegura Miguel González Penide, miembro de la Sociedad Río Mandeo.A pesar de que los ríos van con menos agua, lo que influye negativamente en la recompensa, en apenas un par de horas suelen cumplir con el cupo de ocho capturas en zonas libres y cuatro en cotos privados. «Los cupos son pequeños y en una hora ya me tuve que volver a casa porque ya no podía pescar más», admite Roberto Martínez, de la Sociedad Val de Lemos. «Las truchas son unas supervivientes, aunque el río tenga malas condiciones. Nos están sorprendiendo por la gran cantidad que hay», destaca David Arcay.



Fuente: La Voz de Galicia

El Mandeo da su segundo salmón de la temporada





Javier Pérez Rivas, socio de la asociación de pescadores del Mandeo pescó a las siete de la mañana el segundo salmón de la temporada. El ejemplar pesó 3,5 kilos y midió 72 cms y fue pescado a cebo en el pozo de Felpete.


Fuente: La Opinión Coruña

Lubina y sargo desbordan la lonja de Santa Uxía





No es la primera vez que un cargamento de lubina inunda la lonja de Ribeira, pero es un hecho tan excepcional que siempre llama la atención. Responsables de la rula explicaron que, de producirse, suele ser en esta época del año y, precisamente, eso es lo que aconteció tanto la tarde del miércoles como la de ayer, en las que se subastaron un total de 7.929 kilos de esta especie. La primera jornada también llegó una buena cantidad de sargo, nada menos que 1.443 kilos, con lo que entre ambas desbordaron el recinto de subastas.

Desde que el coronavirus hizo acto de presencia, la puja de las seis y media de la tarde -que atrae a cientos de compradores de los más diversos lugares por la gran cantidad de especies que pueden encontrarse- se lleva a cabo en las tres salas disponibles. Sin embargo, la llegada de tan importante cantidad de lubina hizo necesario dedicarle un espacio en exclusiva y concentrar las restantes variedades en las otras dos dependencias.Una parte, para A CoruñaRealmente, la cantidad de lubina desembarcada el miércoles en Ribeira fue mayor, pero quienes la capturaron decidieron venderla en la rula de A Coruña.

El pescado lo cogieron 17 embarcaciones, aunque fueron dos cerqueros pequeños los artífices de que la cantidad de kilogramos fuera tan abultada. También fueron muy meritorias las capturas de otro par de barcos, aunque se quedaron a una amplia distancia.En cuanto a la jornada de ayer, los kilos vendidos en el recinto ribeirense ascendieron a 3.600 y el grueso procedían de una única embarcación.Al parecer, es en la zona de Corrubedo donde está apareciendo este gran banco de lubina. Aunque son muchos los barcos que andan en su búsqueda, por lo que parece son escasos los que han conseguido tener éxito.

La lubina es una especie bien cotizada y la aparición de una cantidad excesiva puede motivar que los precios caigan en picado. No sucedió así en esta ocasión, por lo que las embarcaciones que tuvieron la fortuna de traerla a tierra se vieron recompensadas por partida doble.En la subasta que tuvo lugar el miércoles, el pescado alcanzó los 16 euros. La cotización máxima no es muy alta para un pescado de esta categoría, pero a la hora de analizar su valor resulta más esclarecedor conocer el precio medio, que estuvo en los 13 euros.

Fuentes de la lonja de Ribeira precisaron que no hubo ninguna parada por debajo de los diez euros, cuando en otras ocasiones en las que este pescado llegó en tanta cantidad como ahora hubo partidas que se pagaron solamente a tres euros.En cuanto al sargo, el valor máximo estuvo en los 13 euros. En este caso, la cotización media de la especie se sitúo casi en la mitad, seis euros. Ambas especies tuvieron una amplia salida entre los compradores.


Fuente: La Voz de Galicia

Dos barcos de Portosín pescan 10 toneladas de lubina en un día






Dos barcos cerqueros con base en Portosín llegaron ayer al puerto con cerca de 10.000 kilos de lubina, conocido en la zona como róbalo, un pescado blanco muy apreciado que se destina a su venta como producto fresco. Además, otras tres embarcaciones pudieron desembarcar en otros puertos otros tantos kilos, según informaron desde la cofradía de pescadores.

Estas diez toneladas de pescado se puede considerar que es una de las más grandes obtenidas por dos embarcaciones en un sólo día y en lo que llevamos de año, según las mismas fuentes del pósito. A primeras horas de la mañana, los dos barcos de cerco entraron en el puerto. Pesaron la captura y pusieron el producto de camino para la lonja. Allí, el subastero comenzó la puja de las lubinas que se cotizaron entre los 18 euros, que alcanzó de máximo el kilo de las piezas de mayor tamaño, y los ocho euros, de las más pequeñas.


Fuente: elcorreogallego

Capturado el primer salmón en el coto de Chelo en el Mandeo





Rubén Golpe Mondragón, vecino de Carballo, pescó el primer salmón de la temporada del coto de Chelo este sábado por la mañana. 

El ejemplar fue capturado en la zona de la piscina del Mandeo. 

El primer salmón del 2020 de este río pesó 4,1 kilos y mide 72 centímetros.


Fuente: La Voz de Galicia

Un "monstruo" de río: el Nalón da el ejemplar más grande de la temporada salmonera en Asturias





El sierense Raúl Sánchez Pérez, de Pola de Siero, echó a tierra en la mañana del sábado 6 de junio un enorme salmón de 11,640 kilogramos de peso en el lance Peña Pereira, en aguas del río Nalón, adscrito a la cuenca del Narcea, siendo el ejemplar de mayor tamaño de cuantos se han capturado en lo que va de campaña.

Raúl Sánchez es un avezado pescador, habitual en las cuencas del Narcea y también del Sella, no en vano sacó el campanu de ese río del Oriente en el año 2016.En esa ocaisión, el salmó fue a parar al restaurante "El Campanu", con establecimientos en Cangas de Onís, Ribadesella y Oviedo, que pagó 4.200 euros. 

Esta temporada está siendo la cuenca del Narcea la que más ejemplares está dando. Sin ir más lejos, ayer se precintaron nada menos que 22. Más de la mitad de las 37 que salieron en todos los ríos Asturias. El propio Raúl Sánchez echó a tierra ayer otro ejemplar, en este caso de  5,290 kilos. Muy lejos del récord de la temporada que acaba de establecer y que será difícil de batir.



Fuente: La Nueva España