jueves, 7 de febrero de 2019

Pescan un rodaballo de siete kilos en Ons




El mar es como una caja de sorpresas y este viernes dio una más, en este caso positiva, con la captura por un pesquero de Sanxenxo de un enorme ejemplar de rodaballo a cinco millas de la isla de Ons. Las dimensiones del animal, que se pueden apreciar perfectamente en la foto que ilustra esta noticia, hablan por sí solas de lo inusual de su hallazgo en las redes de un barco. Según sus captores, hace bastante tiempo que no se veía un ejemplar de este tamaño en la lonja de Portonovo, donde recuerdan que el récord en tiempos recientes fue un rodaballo de quince kilos que pescó otro barco de la comarca en el año 2009.

El patrón del Playa de Sanxenxo, el pesquero que capturó el rodaballo de siete kilos es Sauro Martínez, que también es el patrón mayor de la cofradía de la capital turística de las Rías Baixas. Explica que «no es normal» encontrarse en las redes un pescado tan grande de esta especie. Relata que la captura de este rodaballo tuvo lugar a una profundidad de entre 96 y 97 metros, en torno a las siete y media de la mañana del viernes.El arte de pesca empleado por la tripulación del Playa de Sanxenxo en el momento de la pesca de este ejemplar eran los miños, uno de los aparejos más comunes de la flota artesanal de bajura de la ría de Pontevedra.

¿Cuánto puede valer un rodaballo de estas características? Depende de diversos factores, porque la cotización de los mercados varía, pero no hay más que verlo para saber que será mucho. En este sentido, Sauro Martínez indicó que, en primera venta, es decir, en lonja, el precio puede sobrepasar los doscientos euros y aproximarse más a los 250. Después hay que tener en cuenta el destino final de la pieza.

Lo más probable, según afirmó Sauro Martínez, es que este rodaballo se ponga a la venta en la plaza de abastos de Portonovo y que, de allí, lo adquiera un restaurante o un hotel. Si se tiene en cuenta el valor de las raciones y los kilos que pesa el animalito, no hay duda de que su comprador final le sacará bastante rendimiento.



Fuente: La Voz de Galicia

Una gestión en entredicho para una regulación que se queda anticuada





Galicia cuenta actualmente con 1.380 kilómetros en cotos (trucha, salmón y reo) en los principales cursos fluviales. El resto de las aguas son de acceso libre y una pequeña parte están vedadas a la pesca.

¿Goza de buena salud el agua de nuestros ríos?

En gran parte, no. Los vertidos y el mal funcionamiento de las depuradoras impiden la cría de peces. Un exhaustivo informe de Pepe Casal, ponente de la actual ley y representante de las sociedades de A Coruña en el comité gallego de pesca, recoge problemas por contaminación en los ríos Anllóns, Tambre, Umia, Sor y Eume. «As sancións son de risa. Non se ten en conta a restauración dos danos por parte do infractor nin os prexuízos á fauna e ao leito do río», denuncia el expresidente de la Sociedade de Caza e Pesca do Xuvia, Eloi Saavedra.

¿Supone un problema la oscilación de los caudales?

Sí. Los regulados deberían presentar un equilibrio del que adolecen. La actividad de las empresas que gestionan los embalses provoca oscilaciones que contravienen el cauce ecológico. El estudio de Casal refleja problemas con el caudal en los ríos Mandeo, Grande, Xallas y Ulla.

¿Qué efectos provocan las especies depredadoras?

Las poblaciones de especies animales invasoras como cormoranes, martas y visones merman la población de peces en varias zonas. Una colonia de cormoranes ha diezmado -según Casal- la población en el embalse de Cecebre. Algo similar denuncia Jorge García Duarte, secretario de la Federación Gallega de Pesca, en el coto de Ponte Olveira, en el Xallas. «Se han arruinado por la presencia masiva del cormorán grande en los últimos inviernos, llevando a tal decadencia que puede comprometer a otras especies que también dependen de la existencia de truchas, como la nutria, el martín pescador o la culebra de agua».

¿Son suficientes los controles a los furtivos?

Los agentes medioambientales realizan tareas periódicas de supervisión, pero la sensación compartida en el sector es que la vigilancia es insuficiente. El Ulla y el Lérez, donde la población de salmones ha sufrido un furtivismo atroz, son ejemplos.

¿Qué han hecho otras comunidades al respecto?

Castilla y León y Asturias han reformado recientemente sus normativas para incluir, entre otras disposiciones, la pesca sin muerte. Comienzan a obtener resultados en la repoblación de especies que se habían visto seriamente comprometidas.

¿Desde cuándo rige la Ley de Pesca Fluvial gallega?

La normativa que regula nuestros ríos -Ley 7/1992- tiene más de un cuarto de siglo. El reglamento que la desarrolla -Decreto 130/1997- se publicó cinco años después. En el 2005 se elaboró el Plan Galego de Ordenación dos Recursos Piscícolas e Ecosistemas Acuáticos, cuya aplicación se ha visto mermada, según García Duarte, «porque no se ha dotado en veinte años de los recursos necesarios para poder ejecutarlo».

¿Cómo evolucionó el número de licencias?

Según la Consellería de Medio Ambiente, en el año 2003 llegaron a expedirse en Galicia 93.000 licencias de pesca fluvial. Actualmente la actividad cuenta con unos 50.000 permisos expedidos. La cifra se ha reducido prácticamente a la mitad en tres lustros.


Fuente: La Voz de Galicia

El cupo de trucha se rerduce en Galicia a 6 ejemplares





Los planes para extender la pesca sin muerte a los tramos de río no acotados todavía deberán madurar antes de poder llevarse a la práctica. La posibilidad de llegar a implantar esa medida salió a relucir en las reuniones previas al inicio de la temporada, pero no figura en la orden que publicó ayer la Consellería de Medio Ambiente. La campaña de la trucha, que salvo en tramos de montaña irá del 17 de marzo al 31 de julio, presenta sin embargo nuevas restricciones motivadas por la caída drástica de las poblaciones de salmónidos. El cupo de capturas por pescador y día se rebaja con carácter general de diez a seis piezas de un mínimo de diecinueve centímetros. En algunos ríos pasa a ser de solo cuatro truchas de al menos veintiún centímetros.

Según las normas publicadas este miércoles en el Diario Oficial de Galicia, la cuota máxima de capturas por pescador y jornada es de seis ejemplares «sen prexuízo das normas específicas que se establecen para determinadas masas de auga». En el anexo sexto de la orden de la consellería, por ejemplo, se detallan los tramos en los que el cupo será de solo cuatro piezas, con una dimensión mínima de veintiún centímetros. En el sur lucense este límite de capturas estará vigente en tramos del Cabe (entre su desembocadura en el Sil y el límite superior del coto de Monforte) y el Lor (desde la desembocadura en el Sil al puente de Baldomir, cerca ya de Folgoso do Courel). También será de aplicación para la pesca de la trucha en todo el curso del Sil y en el Miño entre las presas de Os Peares y Belesar.

La temporada de pesca de la trucha no comenzará hasta el día 1 de mayo en los tramos considerados de montaña. En el caso del Selmo, esta será la fecha de apertura de la veda en la totalidad del río a su paso por los municipios de Folgoso do Courel y Quiroga.Otros tramos de montañaEn el Lor, por su parte el inicio de la pesca se retrasa hasta el primero de mayo desde el límite inferior del coto de O Courel hasta su nacimiento. Esa misma medida estará vigente en tramos delos ríos Lóuzara (por encima del limite inferior del coto de Santalla), Cabe (aguas arriba del puente de Trascastro), Mao (por encima de la desembocadura del Rego da Ribeira) y Soldón (aguas arriba de la presa de Rugando).

La orden de la consellería determina, por otro lado, los tramos vedados por completo y aquellos en los que es obligatoria la devolución de las piezas al río. En la totalidad de los ríos y arroyos del sur de la provincia quedará prohibido el empleo del cebo natural a partir del 1 de julio.

La obligatoriedad de devolver las piezas de menor tamaño al río persigue evitar que se esquilmen de truchas los ríos. El descenso generalizado en las poblaciones de salmónidos ha traído consigo un incremento de la talla mínima de las capturas, que en buena parte de los tramos de río se sitúa en veintiún centímetros. En los últimos años, sin embargo, se publicaron algunos estudios que abogan por la revisión de este criterio. Hay expertos que entienden que lo más lógico sería exigir la devolución de las piezas de mayor tamaño, que son a su vez las que tienen una mayor capacidad reproductora.

El otro eje sobre el que gira la política de protección de las poblaciones de salmónidos es la paulatina ampliación de los tramos en los que se aplica la pesca sin muerte. Esta modalidad obliga a devolver las piezas al río tras su captura, en la que se emplea además un tipo de anzuelo menos dañino para el pez en el momento del desenganche. En la actualidad, los tramos de río vedados a la pesca o sometidos al régimen de devolución de las piezas suman alrededor de ochenta kilómetros en el sur lucense.

Los técnicos de Medio Ambiente son partidarios de extender la implantación de la pesca sin muerte en los ríos gallegos, en vista de los buenos resultados que dio esta medida en comunidades como Castilla y León.



Fuente: La Voz de Galicia

Los salmones se divorcian del río Lérez





En el Diario Oficial de Galicia de ayer, la Xunta daba a conocer las normas que regirán la temporada de pesca fluvial en el 2019. Ese documento indica que este año en el Lérez se podrán pescar un máximo de cinco salmones en toda la temporada; es la mitad que el año pasado, cuando como mucho podía llegarse a diez. ¿Por qué esta reducción? Por un motivo obvio: porque las capturas cayeron en picado en el 2018 pese a haber pasado por el cauce durante la temporada unos 400 aficionados. ¿Será esta reducción de cupo una antesala de una nueva veda, como la que vivió el río unos quince años atrás? Es una pregunta que de momento no tiene respuesta. 

En la temporada pasada se podían pescar hasta diez salmones en el Lérez a lo largo de la temporada y entre todos los aficionados. Sin embargo, solamente llegaron a cogerse dos. Uno lo capturó el veterano pescador pontevedrés José Maquieira y el otro lo metió en el cesto un aficionado de Santiago. A partir de ahí, la nada. La diferencia fue abismal con el 2017, cuando llegaron a cogerse 10 ejemplares.

Con semejante campaña, los aficionados ya tenían claro que la Xunta metería la tijera al cupo. Y así fue. La cuota máxima queda en cinco a partir del 1 de mayo, que será cuando se inicie la temporada. La Xunta estipula un cupo más grande en otras masas de agua salmoneras como el Masma (15), el Miño (8), el coto de Salmeán (10) y el Ulla (50). A mayores, en el río Eo no se establece tope anual de captura. 

Los salmones no aparecen en el Lérez -o al menos no lo hicieron en la última temporada de pesca- pese a que se continúan haciendo repoblaciones de la especie, tal y como confirma Víctor Rial, capataz de la piscifactoría de Cotobade donde se crían los salmones que luego se echan en el cauce. Indica que de puertas a dentro las cosas van bien, que simplemente el desove se está retrasando un poco este año. Y que quizás el pinchazo con las capturas en el Lérez tenga que ver, entre otras muchas cosas, con la climatología: «O salmón necesita riadas e necesita frío para o remonte. E este último ano non tivemos moito frío aquí», dice. 

El cambio climático lo está alterando todo, conviene también Antón Lois, el ecologista y portavoz de Amigos da Terra. Pero él va más allá. Y señala lo siguiente: «O problema é que se están facendo repoboacións de salmón, estanse paliando os efectos da súa falta, sen ir ás causas que provocan que non haxa salmóns». Dice que el Lérez, en su curso alto, solía tener un bosque de ribera rico e idóneo y que las condiciones del agua eran buenas. Pero que se van produciendo alteraciones, por los incendios, por la mano del hombre y por un buen número de causas más que «van acabando con eses ecosistemas». Cita también al furtivismo existente «cunha especie, o salmón, que alcanza un alto prezo no mercado». Y aboga sin tapujos por una veda de la especie en el Lérez: «Quizais sería unha boa medida, non a única», dice.

Fuente: La Voz de Galicia

Publicadas las normas para la temporada de pesca fluvial en Galicia de 2019





La temporada de pesca para el 2019 en Galicia comenzará el próximo 17 de marzo y terminará el 31 de julio con carácter general. Así lo establece la orden que recoge las normas de pesca en aguas continentales que ha publicado este miércoles el Diario Oficial de Galicia (DOG).

Según informa la consellería de Medio Ambiente, Territorio e Vivenda en un comunicado, se trata de la orden anual en la que se definen las normas generales de pesca de las diferentes especies ictícolas en las aguas continentales de Galicia, de acuerdo con lo previsto en el Regulamento de pesca fluvial de Galicia (Decreto 130/1997, del 14 de mayo).

Existen novedades como la creación de dos nuevas zonas de adiestramiento en el río Miño, en la zona de Outariz en su margen derecho y en la zona de Rexa, en su margen izquierdo a su paso por el ayuntamiento de Ourense; y en A Ponte de Outeiro, aguas arriba del límite superior del coto Terra Chá, a su paso por el ayuntamiento de Lugo. De este modo, el número de zonas de adiestramiento se eleva a tres.

Otra novedad es la inclusión del embalse de Cachamuíña en el ayuntamiento de Pereiro de Aguiar (Ourense), dentro de las zonas habilitadas para la pesca de especies exóticas invasoras.

Esto supone una medida para el control y la erradicación de ciertas especies invasoras, como la perca americana común, la carpa, el cangrejo rojo americano y el cangrejo señal.

Asimismo, la orden también recoge la decisión del Comité de Pesca de Galicia de reajustar los cupos por especie, con la finalidad de equiparar a los cupos de comunidades limítrofes y como medida de control de sobreexplotación de los recursos.

PESCA DEL SALMÓN

Por otro lado, el período hábil para la pesca de salmón comenzará el 1 de mayo y finalizará el 31 de julio. Sin embargo, podrá adelantarse el final de temporada en función de las cuotas de captura. En los tramos compartidos del río Eo la temporada terminará el 15 de julio.

La cuota de captura corresponde a un ejemplar por persona y jornada, con una dimensión mínima de 40 centímetros. La cuota anual del río Lérez será de cinco salmones, mientras que en el Ulla serán 50.

En el Mandeo los ejemplares serán cinco, en el Masma 15, ocho en el Miño y 10 en el coto de Salmeán (Lugo). En el resto de los cotos autorizados del río Eo no se establece cuota anual de captura.

En lo relacionado con los cebos, pueden ser naturales autorizados como lombrices y quisquillas, o artificiales construidos que imiten animales u otros objetos que pueden ser atractivos para los peces que se quieren capturar.

Estos últimos pueden ser la mosca artificial, cucharilla y peces artificiales o similares. Para la pesca sin muerte del salmón en el río Ulla solo se autoriza la mosca artificial con anzuelo sin arponcillo.

CAPTURA DE REO

La temporada hábil para la pesca del reo comenzará el 1 de mayo y finalizará el 31 de julio. Sin embargo, se prorroga en los cotos de Betanzos, Celeiro (lotes 2 y 3), Noia, Noval, Ombre, Padrón, A Ponte do Porto, Ribeira, Segade, Traba, Viveiro (lotes 2 y 3), y Xuvia. En ellos la temporada terminará el 30 de septiembre.

En el coto de Lambre se prorrogará hasta el 15 de septiembre. En el caso de los de Pontevea, Ximonde, Santeles y Sinde, entre el 1 de agosto y el 30 de septiembre, solo se permitirá la modalidad de pesca sin muerte. En el caso de Ponte Arnelas, el período de pesca sin muerte será del 1 al 30 de septiembre.

En el caso de los cebos, los artificiales se permiten los mismos que en el caso del salmón y se suma el risco. En cuanto a los cebos naturales se permiten todos excepto cualquier tipo de huevas de peces y el pescado natural, y en las aguas salmoneras no se permiten los cebos naturales excepto los autorizados para la pesca del salmón en sus cotos.

PESCA DE LA TRUCHA

La temporada de trucha comenzará el 17 de marzo y terminará el 31 de julio. En los cotos con convenio de colaboración se prorrogará hasta el 30 de septiembre en la modalidad de pesca sin muerte. En las aguas salmoneras, en las de reo, o en las de montaña la temporada empezará el 1 de mayo.

En general se establece la posibilidad de capturar seis ejemplares al día y por persona con una talla mínima de 19 centímetros y los añadidos son los mismos que los de la temporada pasada.

En el caso de especies exóticas invasoras se ajustará a lo establecido en el Real Decreto 630/2013 del 2 de agosto, por lo que se regula el catálogo español de especies exóticas invasoras, que fue modificado por sentencia del Tribunal Supremo del 16 de marzo de 2016.

En la orden del DOG de este miércoles se aclaran también las condiciones de la captura de los ciprínidos y mantienen el mismo régimen que lo de la anterior temporada.

DÍAS Y HORAS HÁBILES PARA PESCAR

En cuanto a las jornadas hábiles, la normativa recoge con carácter general que se declaran los lunes como inhábiles para la pesca, excepto festivos nacionales o autonómicos.

Los jueves no festivos de la temporada hábil solo se podrá pescar en la modalidad de pesca sin muerte en todas las masas de agua, excepto el 18 de abril (Jueves Santo) y el 17 de mayo (Día das Letras Galegas), que será hábil según la modalidad de pesca autorizada en cada masa de agua.

En cuanto a las horas, la pesca solo se podrá practicar en el período comprendido entre una hora antes de la salida del sol y una hora después de la puesta. Las horas se encontrarán establecidas en la página web de Meteogalicia.




Fuente: www.galiciapress.es

sábado, 22 de diciembre de 2018

Gastón, el tiburón del Acuario de A Coruña, se merienda un pargo de 9 kilos






El tiburón toro del Acuario coruñés, Gastón, decidió complementar su dieta con un pargo de 9 kilos, un ataque que ha quedado recogido en vídeo. Desde el museo científico destacaron que a los animales que viven en sus tanques son alimentados con regularidad, pero matizaron que eso no evita «o instinto depredador dalgunhas especies».

El público puede ver alimentar a los peces los lunes, miércoles, viernes, a las 11.30 horas en la sala Nautilus. Es en esta sala circular donde está Gastón y en la que convive con diversidad de peces. Fue allí donde el personal del Acuario lo captó cuando engullía un pargo de nueve kilos.

Este tiburón llegó al Acuario coruñés en febrero del 2006, procedente de una instalación similar en Best, en la Bretaña francesa. Medía casi 3 metros y pesaba más de 120 kilos. Lo tuvieron aislado hasta su adaptación y luego lo trasladaron a la Nautilus, donde convive con centenares de ejemplares de otras especies.

Fuente: Voz de Galicia

jueves, 22 de noviembre de 2018

Los pescados exquisitos que todavía no conoces (y dónde comerlos en Madrid)





Urta, escorpa, borriquete, virrey... Son nombres que muchos de nosotros probablemente nunca asociaríamos con pescados. Pero lo son; y riquísimos. En nuestro país, si bien la tendencia en los últimos años es ligeramente a la baja, somos grandes consumidores de pescado. Así lo indican los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, según los cuales el pasado año comimos 24 kilos de pescado por persona.

Este alimento nos proporciona proteínas de alto valor biológico, así como numerosas vitaminas y minerales y, en el caso del pescado azul, ácidos grasos esenciales omega 3, que se relacionan directamente con una buena salud cardiovascular. Un estudio multidisciplinar realizado por científicos de distintas universidades estadounidenses y publicado hace apenas unos días en 'The BMJ' confirma también que estas grasas proporcionan una mejor calidad de vida en la tercera edad.




Los diez pescados más consumidos actualmente en nuestras cocinas y en los restaurantes son los siguientes, bien conocidos por todos: merluza, pescadilla, sardinas, boquerones, salmón, bacalao, lenguado, dorada, atún y bonito.

Pero hay vida más allá de estos ricos habitantes de océanos y ríos. Como dijo el escritor Charles Waterman, "la mayor parte del mundo está cubierto por agua. El trabajo de un pescador es simple, elegir lo mejor". Esta frase también puede aplicarse perfectamente a los cocineros especializados en este producto.

Es el caso de Carlos del Portillo, chef a cargo de Bistronómika, el restaurante situado en pleno barrio de Las Letras que acerca al paladar de los madrileños pescados poco o nada conocidos en la capital. Alimente ha hablado con él sobre por qué merece la pena conocer estas especies. "El borriquete, la urta y el pargo son pescados de la zona de Conil, mientras que el sargo, la escorpa, el cabracho o el San Pedro son del Atlántico, pero más arriba, al igual que el rodaballo, que cuando el precio nos lo permite también lo traemos de Galicia, y cuando se dispara, del Mar del Norte, que es excelente también".

El secreto de estos pescados, que en principio llaman la atención por su aspecto (cabezas grandes, ojos saltones, aletas punzantes), está en su alimentación. Como señala el chef, "el alfonsino o el virrey viven a muchísima profundidad y se alimentan de peces; pero el sargo, la urta y el borriquete son pescados de roca, viven cercanos a la costa, están siempre muy escondidos y se alimentan de cangrejos, de percebes, de mejillones. Esto les aporta un sabor que no tiene una merluza o un rape, por muy buenos que sean. De hecho, estos peces de roca tienen no solo dientes, sino también una fila de muelas arriba y abajo, que arrancan y trituran los crustáceos. ¿Qué podemos decir de un pescado que come percebes? Que su sabor es espectacular, muy especial".

Según comenta Del Portillo, el desconocimiento que tenemos en la capital de estos pescados de carnes blancas y rosadas daría "para escribir un libro" lleno de anécdotas. Lo comprueba con los clientes que se acercan a la pecera de la barra de Bistronómika y ven las piezas del día. La mayoría no sabe reconocer ninguna de ellas. Sin embargo, es interesante acercarse a estas especies, además de por su sabor, por su valor nutricional. Estos pescados de roca, además de ser grasos o semigrasos, tienen un alto contenido en minerales esenciales, como el calcio, el fósforo y el potasio; así como en vitamina A, necesaria para un buen funcionamiento del sistema inmunitario y de la vista, y en las del grupo B, que cumplen multitud de funciones, entre ellas la de regular nuestro metabolismo.

Estos pescados de roca, quizá por su aspecto, no eran demasiado apreciados años atrás; sin embargo ahora son considerados pequeñas joyas (no son baratos y encontrarlos en Madrid en los meses de calor es realmente difícil, ya que los mejores restaurantes de la costa van a diario a las lonjas y se hacen con ellos). Ahora sin embargo sí es posible comerlos en la capital; eso sí, como comenta el chef, no siempre entran los de temporada (ahora es la del virrey y la escorpa), sino que hay que fijarse sobre todo en las piezas que van llegando, 'piezas únicas', como las llaman los profesionales.




Por este motivo en Bistronómika no hay una carta definida, sino que esta es abierta y según el producto, un día puede haber urta y al siguiente San Pedro. El nombre de este último pez tiene su historia. Cuentan que en la Antigua Roma, el Imperio reclamó a San Pedro unos impuestos que no podía pagar. Así, metió la mano en el mar, sacó del agua un pez y de su boca salió una moneda con la que pudo saldar su deuda. El pez de San Pedro tiene una marca en el lomo que se asemeja a una moneda, de ahí su nombre.

La mejor forma de cocinar estos pescados, para mantener así toda su esencia y su sabor, es, tal como comenta Carlos Del Portillo, a la brasa: "Lo más importante es el punto del pescado, eso hay que llevarlo a rajatabla. Es fundamental que cuando lo abras el lomo caiga solo. Nosotros lo hacemos entero y luego lo limpiamos y nos quedamos con la espina central, que es con la que hacemos el fumet y la salsa bilbaína que echamos luego por encima. Si racionas el pescado consigues hacerlo en su punto, pero lo que consigues al cocinar un pescado entero asado y abrirlo al momento, el jugo que suelta, eso no lo tienes racionándolo. Por eso los hago enteros, el resultado es espectacular". Un detalle más a tener en cuenta a la hora de asar uno de estos pescados: la piel no debe romperse. El chef recomienda dejarla crujiente y comérsela, pues es exquisita.

El sabor de estos pescados salvajes es potente, especialmente si son de roca y se alimentan de crustáceos. Pero en opinión del cocinero hay uno que destaca por encima del resto: "Me quedo con el sargo negro de Galicia. Yo le llamo el cerdo del mar, porque cuando le abres ves un dedo de grasa en el estómago. Esa grasa chorrea en la brasa y lo que le aporta a la carne es algo tremendo. A la hora de metértelo en la boca el primer golpe es brutal. Nadie se queda indiferente al probarlo".

Ante un bocado tan suculento, la guarnición, como indica el chef, debe ser discreta: una patata panadera, un pimiento rojo o el mejor tomate. Y para beber, un vino de Galicia, no necesariamente blanco, resultará perfecto.




Fuente: alimente.elconfidencial.com

El río Ulla se enriquece con 4.000 salmónidos



La conselleira durante la liberación de los salmones

La Consellería de Medio Ambiente, Territorio y Vivienda ha contribuido al enriquecimiento del río Ulla mediante la liberación de más de 4.000 ejemplares de salmones autóctonos en el Couto de Ximonde, situado aguas arriba, entre los ayuntamientos de Vedra y A Estrada.

El departamento que dirige Ángeles Vázquez intenta así frenar el declive de la especie en el Ulla, "que concentra el mayor número de salmones de la comunidad y en el que la Xunta de Galicia lleva décadas desarrollando programas dirigidos a la recuperación progresiva de su población", explican en el Gobierno autonómico.

Tras esta suelta los salmónidos se dirigirán a la ría de Arousa en un movimiento migratorio que los llevará a recorrer más de 5.000 kilómetros hasta alcanzar la costa oeste de Groenlandia o el Mar del Norte. Llegado el momento retornarán al Ulla.

De este modo se elevan a 1,3 millones los juveniles liberados en el Ulla desde 1997, lo cual se ha traducido en "un notable incremento en el retorno de ejemplares adultos de salmón" al Ulla, el río salmonero de Galicia por excelencia.

Detallan en Medio Ambiente que en los primeros años de aplicación de los programas de repoblación artificial en el Ulla eran localizados alrededor de un 40% de los ejemplares marcados, mientras que "hoy en día ese porcentaje no llega al 10%", siendo éste "un síntoma inequívoco de que la reproducción natural del salmón se incrementó de forma notable".

Convencida de que gracias a los trabajos de recuperación impulsados por la Xunta "hoy se puede seguir pescando salmón en el río Ulla y en el resto de los cotos gallegos de esta especie", la conselleira recordó que "fue en 1992 cuando se pusieron en marcha las primeras actuaciones de recuperación del salmón en Galicia y cuando empezó a funcionar también el Centro Ictiológico de Ximonde, situado al lado del coto de pesca".

Ya en los últimos años las labores de recuperación se centraron en tres líneas de acción, como "la mejora de la accesibilidad de los pescados migradores a través de la optimización y la construcción de dispositivos de franqueo; las medidas de control de la pesca; y la repoblación con juveniles de origen autóctono".

A raíz de la liberación de los 4.000 salmónidos la titular de la Consellería de Medio Ambiente también hizo balance de la última campaña, explicando que son 46.747 la licencias expedidas en Galicia, de las cuales un 15% corresponden a pescadores de salmón y reo y el resto, a pescadores de trucha y otras especies.

Vázquez anuncia que trabajará "para que el número de licencias de pesca deportiva crezca", siendo crucial para ello un "relevo generacional".

Esto puede lograrse, considera, gracias a "los convenios de colaboración firmados entre la Xunta y la Federación Gallega de Pesca & Casting y otras entidades colaboradoras para la promoción de los valores naturales y de la pesca fluvial y recreativa como actividad sostenible, con el fin de acercar a los jóvenes a su práctica".



Fuente: Faro de Vigo

lunes, 19 de noviembre de 2018

¿El pescado que compras es fresco? Cuatro claves para comprobarlo





Besugo y calamar en otoño; dorada y congrio en invierno; atún, merluza y lubina en primavera; y pez espada y salmón en verano. Como ocurre con frutas y verduras, el pescado también entiende de estaciones, pues si se quiere disfrutar de este producto al completo, conviene tener en cuenta su ciclo biológico. A pesar de los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que apuntan que los aragoneses consumen un 23% menos de pescado que hace una década, este tipo de alimentos son fundamentales en la dieta, pues disminuyen el colesterol, protegen las arterias, fortalecen los huesos y ayudan a la concentración, la memoria y el rendimiento intelectual.

A la hora de comprar, conviene saber también la frescura de estos alimentos pues, a pesar de los riesgos por el anisakis, ciertos pescados pierden sus propiedades si se congelan.

Los ojos: si son brillantes, con la pupila negra y el cristalino trasparente, el pescado estará mucho más fresco que aquellos que presentan una pupila gris y el cristalino opaco o nublado.

Textura: Si el pescado está fresco, presentará una textura firme y rígida. Además, la espina central debe ser prácticamente incolora y estar adherida a la carne.

La piel: Los colores bien definidos y un aspecto brillante son los mejores indicadores del frescor del pescado. Además, las escamas deben ser abundantes y difíciles de retirar, algo que podemos comprobar mientras el pescadero limpia la pieza en cuestión.  Si tiene un aspecto seco y mate, conviene pedir otro ejemplar.

Las agallas: los órganos respiratorios de los peces son otro buen indicador de la frescura. Si son rojas o rojo intenso y sin mucosidad, el pescado estará recién traído del mar, mientras que si tienen un aspecto parduzco o decolorado indicarán todo lo contrario.

Además de estas pautas, no conviene olvidar el olor: si notamos que desprende un olor extraño, como a amoniaco, el animal no será todo lo fresco que parece. El olor natural del pescado debe ser siempre a mar y algas.

 

Fuente: heraldo.es

El viaje del percebe






La leyenda cuenta que Hércules mató al gigante Gerión y enterró su cabeza frente al mar en A Coruña, en un promontorio sobre el que mandó construir la torre que lleva su nombre. Pero más allá del mito y de la calavera que adorna el escudo de la ciudad, lo que reposa bajo los cimientos del faro en activo más antiguo del planeta es el tesoro marino más apreciado en esta región atlántica. “Aquí crece el mejor percebe del mundo”, dice orgulloso Domingo Méndez Barreira, de oficio percebeiro, uno de esos hombres que arriesgan la vida en busca del marisco esculpiendo la roca. Domingo, de 44 años, se baja la cremallera del traje de neopreno hasta la cintura y deja al descubierto un gran tatuaje en la zona lumbar, en letras góticas de caja alta, que dice “Cornucopiae”. Es el apellido culto de una variedad de percebe, en latín Pollicipes cornucopiae, o pulgar del pie de la abundancia, literalmente.

Durante siglos confundido con un molusco, el percebe es un crustáceo de piel membranosa negra con base anaranjada y rematado en una uña dura como el sílex, conformada por placas calizas con pinta de muñón que le dan el aspecto de un bicho extraterrestre. Pese a su extraña forma —o también por eso—, es el marisco más buscado en la costa, el más cotizado en la lonja y la plaza, el más apreciado en la mesa. Aunque aparentemente tenga todas las de perder: “Es caro, te mojas las manos para comerlo y estéticamente es feo. Pero tiene un sabor único. Es como entrar en el mar con la boca abierta”, dice Iván Domínguez, cocinero de la llamada gastronomía atlántica, que explota las bondades de la geografía coruñesa, una península en la que se captura, vende, cocina y come el percebe que crece en los mismos pies de la ciudad. Su ruta es corta e intensa: en 24 horas viaja de la roca al plato en un radio de dos kilómetros. Y sin salir del casco urbano.

El percebeiro Domingo Méndez entre las rocas.


Con 13 años, Domingo se escapaba de su colegio, a 200 metros de la playa de las Amorosas, para pescar pulpos con los amigos del barrio de Monte Alto, corazón pescador de A Coruña, “de donde salen el 90% de los percebeiros”. Cuando vio que el mayor de la pandilla ganaba un buen dinero vendiendo esos bichos que arrancaba de la roca, se animó a imitarlo: sacó 7.000 pesetas (hoy unos 42 euros) en su primera marea. Tres décadas después, aquel chaval es uno de los únicos seis percebeiros con licencia que continúan mariscando a pie en la ciudad. Hay otros 36 que acceden a las piedras e islas por barco. Y muchos más sin permiso. Furtivos. En aquellos años ochenta de la infancia de Domingo no estaba regulado todavía el marisqueo del percebe, y el mar estaba tan lleno que “salían las nécoras y los pulpos para fuera. Ser percebeiro era casi marginal, y es curioso, porque ganabas mucho dinero”. Hasta el año 2000 no se creó una agrupación dependiente de la cofradía de pescadores. “Parece que no interesaba, teniendo el cajero automático ahí al lado”, dice con sorna. Desde entonces son autónomos y se ciñen a un plan de explotación, con 12 días al mes abiertos a la labor —si el tiempo lo permite— en diferentes zonas de la ciudad y la costa colindante, dos horas antes de la primera marea baja diurna.

Un jueves de verano, poco antes de la bajamar, el percebeiro va nadando con aletas y gafas de buceo hacia la Illa do Pé, uno de los islotes que rodean las rocas de la Torre de Hércules, testigos del embarrancamiento, incendio y vertido del petrolero Aegean Sea en 1992. Este lugar es un nombre mítico entre los pescadores, como la Illa do Boi, Vaca, Becerro o Galera, auténticos paraísos del marisco, pues solo se abren tres meses al año, sufren menos el furtivismo y por ende rebosan de género. En los farallones se ve a un grupo de percebeiros afanándose por recoger todo lo posible entre los recovecos y la espuma de las olas, sin pasarse del tope permitido de siete kilos por jornada. A simple vista trabajan juntos, pero van por libre: “Podemos llevarnos bien o mal, pero en la roca somos hermanos. Si ves a un compañero en apuros, ayudas”, cuenta Domingo, de cuerpo menudo y fibroso, aún mojado y con la bolsa de costado llena de percebe, en las rocas que se unen con el cemento del estacionamiento del Aquarium Finisterrae.

Varios compradores observan el género en la lonja de la ciudad gallega a las seis de la mañana


La mística que rodea al oficio va unida al peligro y la vocación. “Uno no se levanta un día y dice: ‘Quiero ser percebeiro’. Tienes que vivir en un barrio como Monte Alto y tener enfrente el mar”, dice. Para ser bueno hay que tener un sexto sentido, como un futbolista o un maestro de artes marciales. “Entrenando puedes jugar en Primera, pero para ser Maradona o Messi tienes que nacer. Pero ojo. Aquí puedes poner a un deportista de élite y a lo mejor se lo lleva la primera ola”. Domingo presume de conocer cada agujero de cada roca de la costa coruñesa. “Es como coger setas, pero más fácil de encontrar, porque el percebe siempre está donde rompe la ola”. Hoy trabajan mucho más preparados que antes, con traje y guantes, sin hipotermias ni heridas. Domingo cuenta que hace años no podía meter las manos en los bolsillos a causa del dolor. Ahora va pertrechado para manejar la ferrada, solo uno de los muchos nombres de la palanca de acero que le permite arrancar los percebes sin dañarlos, mientras habla a gritos y salta con agilidad de roca en roca. “El percebe no tiene ni un enemigo en el mar, porque es tan duro que no pueden con él”. Ha terminado la jornada. Por la tarde lo lleva a su subastador de la lonja y ya sabe lo que sacará de la marea. Ha sido “de las buenas”: alrededor de 400 euros.

De un segundo a otro empieza a subir un rumor por las paredes húmedas de la lonja de A Coruña: “120, 119, 118…”. Varias voces superpuestas, con diferentes timbres y cadencias, cantan la cotización en euros del percebe. Los subastadores, cada uno con sus cajas rebosantes, marcan el precio inicial y lo gritan frente a los compradores: mayoristas, exportadores, placeras (vendedoras de marisco y pescado en el mercado) y algún restaurador. Todos cruzan miradas y desafían en silencio. Algunos de esos clientes rebuscan en las cajas, tocan, huelen el género y cuando empieza a bajar —“83, 82, 81...”— un avezado frena una caja con los mejores ejemplares y la reserva. La lonja es un edificio gigantesco, apaisado y diáfano, ubicado entre el muelle pesquero y el aparcamiento de camiones: el lugar y tiempo justo para vender la mercancía. La sala 8, donde se subasta el percebe, tiene un punto de decorado cinematográfico. Al fondo, en un portalón abierto al mar, un barco descarga kilos y kilos de nécoras y camarones; por el medio, estibadores arrastran con garfios las cajas de marisco reluciente, un pescador pasea con las manos atrás como un jubilado de obra, ajeno a la subasta, que es un duelo tenso y amigable a la vez: “La lonja es un mundo cabrón. Tienes que ser más avispada que el resto”, dice Fátima de Arévalo, subastadora, que lleva 32 años al frente de la empresa Casa Cortés, en funcionamiento desde hace más de un siglo. “El que más y el que menos está a ver qué puede arañar”.




Las empresas familiares se suceden a un lado y a otro de la lonja. También entre exportadores como Santos Arranz, cuya compañía homónima lleva cinco décadas en el negocio. En este tiempo han cambiado las formas de trabajar —hay teléfonos móviles e Internet—, pero sigue mandando el capitalismo ajustado milimétricamente a la oferta y la demanda: “Como no se sabe nunca lo que hay cada día, venimos a las seis de la mañana, vemos, informamos a los mercados centrales de las principales ciudades, ellos nos informan de lo que tienen allí y una vez que empieza la subasta de aquí volvemos a comunicarnos para pasar orientación del precio. Allí ya ha empezado la venta y a los 10 minutos se hace el pedido, todo en tiempo real”. ¿Y antes de los móviles? “A intuición. Pero estando aquí ya sabemos que está el mejor género”, opina. Y no es el único.

“El percebe de la Torre para mí es el mejor del mundo y aquí se vende muy bien”. Hoy es un buen ejemplo. Varios compradores esperan su oportunidad apostados entre cajas. Lo experiencia lo es todo. Los miman, los cogen, los pesan, los huelen. Uno pone la mano como una concha en la oreja para escuchar la cotización. Han pasado 15 minutos y la cotización ya baja de 10 en 10 céntimos: “37,20 euros, 37,10, 37…”. Queda aún la mitad de la mercancía. Fátima sigue cantando con su soniquete reconocible. Talonario, bolígrafo, riñonera y bolsa de cuero cruzada. Pasada media hora desde el inicio, está todo vendido. O casi. Le queda una caja, curiosamente con el percebe más gordo y grande. Tiene una razón: a diferencia del resto del lote, su cotización se ha frenado en 45 euros por deseo expreso del percebeiro que lo cogió. “No quiere ponerlo a menos. Y es un riesgo, porque así quizá no lo vendamos. Ahí está él”, dice señalando con el pulgar por encima del hombro. A Avelino Mosteiro, de piel curtida, no se le mueve ni una ceja, apoyado como está con el codo sobre una rodilla en alto. “Lo aguanto a ese precio porque lo vale”. Finalmente llega un comprador para Avelino y la subastadora. Sonrisa de oreja a oreja de ambos y a pensar en mañana. Ya no se oye el murmullo porque no queda nadie. Tampoco hay más género que un par de descartes sobre el suelo. Son las 6.45 y el percebe vuelve a viajar: de la lonja al mercado de abastos.

A 200 metros del puerto huele a mar y también a café. Varias señoras —algún joven también— llenan baldes de agua y extienden el hielo a paladas sobre los mostradores. Están preparando el escenario cotidiano del mercado más céntrico de A Coruña, el de la plaza de Lugo, con su pescado y su marisco luciendo frescura de anuncio. Es el momento en el que las nécoras babean, los pescados miran con la boca abierta y aún no hay runrún de compradores. A esa hora apenas amanece, pero las placeras llevan casi media jornada laboral. Así lo cuenta Dolores Tenreiro, una de las más veteranas: “Vamos todos los días a la lonja. Lo que se paga allí tiene garantizada la calidad. Entre pescado y marisco, hoy compré 33 kilos y espero venderlo todo”, narra. Los precios suben en un porcentaje fluctuante respecto a la subasta, la ganancia de la placera. Hoy los percebes grandes que vende Tenreiro van a 65 euros. Los siguientes, a 45. A lo largo de la mañana atenderá a clientes particulares, algunos restauradores y también hará los pedidos “de fuera”. El viaje del percebe no siempre acaba en Galicia, aunque ya haya tocado mercado. Lo sabe también Belén Noriega, de Mariscos Longueira, otro ejemplo de empresa familiar: “Mi abuela empezó hace 60 años en este mismo puesto”. Noriega atiende a clientes de toda España y les garantiza la entrega en 24 horas. “Y ni fotos piden del producto”, dice. “Porque percebe hay en otros lados, pero no es como el nuestro. Es el mar: más batido, más frío, con más fitoplancton. El mejor percebe es el de uña roja, culo rojo, con piedra en la base y sin cortar. Hay que olerlo y tener la pituitaria muy afinada”. Hoy el suyo más caro va a 80 euros. “Pero este, en un mercado de Madrid, no bajaría

“Auga a ferver, percebes botar. Auga a ferver, percebes quitar”.

La receta tradicional del percebe es un poema. Se hierve agua con sal —o agua de mar, aún mejor— y se echan los percebes. Apenas vuelve a romper el hervor, se quitan. Dos minutos como máximo. “Yo incluso los saco un pelín antes. Cuando el percebe es grande, a lo mejor espero unos segundos más, pero si no, al primer plop retiro para que quede al dente”, relata el cocinero coruñés David Abuín frente a un gran plato de percebes de uña rojo carmín. “Mucha gente echa laurel para darle más sabor, pero para mí es innecesario”, añade. David es dueño del restaurante familiar Abuín, que lleva 30 años ofreciendo exclusivamente el producto fresco que compra cada día en el mercado vecino de la plaza de Lugo. No dispone de carta: “Hoy tengo nécoras, ostras, besugo, sargo, merluza y percebes”, recita. El comensal elige y pide precio. En el caso de los percebes, se venden al kilo o fracción y difícilmente baja de 60 euros. “Hoy tengo uno de 120. Pero es que es bueno, bueno”. Abuín defiende la dieta atlántica —“pescado, marisco y huerta, todo fresco y de aquí”—, que en los últimos años ha ganado nombre en las cocinas, incluso como etiqueta gastronómica.

De hecho, Iván Domínguez habla de “militancia atlántica”, como se lee en su camiseta. Domínguez prepara su primer proyecto personal tras su paso por el recientemente cerrado restaurante coruñés Alborada, que contaba con una estrella Michelin. Repetirá la fórmula de los grandes restaurantes locales: abrir cerca del mar que rodea A Coruña, “el kilómetro cero del Atlántico”, proximidad total para defender esa idea de gastronomía gallega. “Aquí nos nutrimos del Atlántico, pero le faltaba un ­nombre, un sello, algo que uniera”, opina. El común denominador es conocido: “Ir al mar y cocinar a 100 metros de donde se recoge, o lo mismo en el interior de Galicia con los productos de la tierra. La frescura, la honestidad del producto, el mar trasladado a los platos”, añade.

Domínguez se atrevió a alterar la receta tradicional del percebe y creó un plato al que dedicó infinidad de pruebas. Fue por encargo y lo llamó percebe a la sal. Quería salir de lo clásico, pero temía que se quedara blando, así que lo pensó como una lubina a la sal con alteraciones: en un recipiente como una olla de hierro, se cubre el fondo con algas —de la tipología lechuga de mar—, sobre las que se colocan unas piñas de percebes acompañados de codium, un alga fina de intenso sabor. Encima se le pone otra capa de lechuga de mar. Pero a eso le faltaba “crearle un ecosistema, darle sensación del batiente en la roca”. Así que se le ocurrió hacer un merengue salado y añadirle licuado de codium. A diferencia del corto tiempo de hervor tradicional, Domínguez lo lleva al horno durante 20 minutos a alta temperatura, pero “es como si fuese a 80 grados” al estar protegido por esa especie de suflé marino. Al sacarlo, se retira la costra, que no se come, y allí se descubre, primero con la nariz y luego en boca, algo inolvidable. “Está cocido en su propia agua interna, concentrando el sabor, con una textura algo más blanda pero sin pasarse”, dice Domínguez, que cambia el método pero no la esencia del viaje del percebe. “No podríamos entender Galicia sin ese sabor”. 



Fuente: Jorge Represa - elpais.com