viernes, 9 de noviembre de 2018

Pescan una dorada de más de siete kilos en Hondarribia






Las aguas de la desembocadura del Bidasoa se han convertido en el mejor caladero de pesca de Euskadi. Si el pasado fin de semana el alegiarra Jokin Zabala se hacía con una lubina de 6 kilos y 300 gramos, ayer fue otro aficionado, esta vez de Irun, el que se cobraba una pieza también de exposición: una dorada que pesó nada menos que 7 kilos y 100 gramos. La captura, al igual que en el caso anterior, se llevó a cabo en Hondarribia.

«Estaba con mi amigo Joseba, en la zona del Puntal, próxima al aeropuerto. Llevábamos toda la tarde con las cañas largadas y ninguna se había movido un ápice. No habíamos tenido ninguna picada. Estábamos ya aburridos, poco menos que a punto de recoger y marcharnos», relata Roberto Torrón, el protagonista de esta historia.

Pero todo pescador sabe que hay que ser paciente. Es una virtud que ayer le dio a este vecino de Irun la oportunidad de hacerse con la captura más importante de su vida.

Apenas habían pasado unos minutos de las seis y media de la tarde cuando una de las cañas de Roberto se curvó tanto que parecía que incluso podía partirse. «La picada fue de las buenas... El carrete comenzó a girar. Eché mano a la caña. El pez tiraba como un demonio», explica Roberto.

La pugna con el animal no había hecho más que empezar. El pescador se preparaba para una larga batalla, aunque al final no fue para tanto. «Hemos estado unos diez minutos. Poco a poco la he ido aproximando a la orilla. Cuando estaba ya cerca, mi amigo Joseba se ha metido en el agua con un salabardo y la ha cogido».

Roberto reconoce que fue una sorpresa comprobar que se trataba de una dorada, una de las piezas más cotizadas por los pescadores. «Cuando tiraba de ella, pensaba que sería una corvina y no una dorada».

El pescador señala que el ejemplar de ayer se convierte en la mejor de sus capturas. «Lo más que había pescado había sido una dorada de 3,2 kilos, que no está nada mal. Pero es que esta última es espectacular», reconoce.

Con una sonrisa imposible de borrar de su rostro, Roberto, acompañado de su amigo Joseba, ya había hecho la tarde y recogieron sus trastos no sin antes inmortalizar la buena pesca. «La llevaré a casa, la trocearé y repartiré» explica el pescador.

Al igual que en la captura de la lubina por parte de Jokin, Roberto utilizó como cebo cangrejo verde. «Normalmente lo suelo coger yo mismo, pero si no, lo compro», explica el pescador que utilizo caña de carbono. Asimismo, empleo una línea como puntera de 0,35 milímetros de fluorocarbono. «Y también unos buenos carretes», se apresta a precisar.



Fuente: diariovasco.com

¿Los peces sufren? Por si acaso, la ciencia intenta sacrificarlos sin dolor





Cuando nos sentamos a la mesa frente a un filete de pescado no solemos pensar en la vida ni en la muerte del pez. La idea romántica de un pescador que lanza una red y recoge un pez feliz que muere enseguida en el barco, ¿es acorde con la realidad? Más de la mitad del pescado que consumimos es de cultivo: ¿cómo mueren en las piscifactorías?

Muchos consumidores no saben que, mientras la pesca extractiva continúa asfixiando a los peces en los barcos, los piscicultores y científicos trabajan desde hace años para mejorar el proceso de aturdimiento y sacrificio de los animales criados mediante acuicultura.

La mayoría de los peces de cultivo que consumimos tardan entre uno y dos años en llegar a su talla comercial, que va desde los 250 hasta los 500 gramos. Esto no es mucho si lo comparamos con el peso de otros animales pequeños como el pollo (2-4 kg) y el conejo (2 kg).


Figura 1. Número de animales de granja necesarios para producir una tonelada (1000 kg) de peso vivo, estimando que el peso al sacrificio de una trucha es 250 g, de una dorada 500 g, de un conejo 2 kg, de un pollo 3 kg y de una vaca 500 kg.




He aquí un problema logístico. Los peces pesan poco, así que hay que cultivar muchos más para llegar a producir una tonelada en comparación con los pollos, por no decir una vaca (Figura 1). Son muchos más animales que manejar y, por lo tanto, que sacrificar.

La dorada y la lubina se cultivan en el mar Mediterráneo en viveros circulares cerca de la costa, que pueden albergar entre 20 y 60 toneladas de peces. Eso son muchos seres vivos. Conforme crecen se despesca el vivero, mediante la extracción, poco a poco, de 3 o 4 toneladas con una red. Cada sacadera se deposita en un tanque que contiene mitad agua y mitad hielo. Allí los peces se enfrían de golpe y mueren.

Este procedimiento se llama aturdimiento o sacrificio por hipotermia y esta aceptado por la Organización Mundial de Sanidad Animal como un método válido. Como pueden imaginar, a un pez puede que no le haga mucha gracia pasar de agua a 25 ºC a 1 ºC en cuestión de segundos, y suele intentar escaparse. Por otro lado, ¿pueden imaginar cómo piensa un pez? ¿Cómo siente dolor? ¿Es consciente de que va morir?

Los científicos llevan muchos años debatiendo sobre la percepción del dolor por parte de los peces y sobre la conciencia animal en general. En este debate hay dos bandos principales. Unos defienden que los peces no tienen el aparataje necesario para sentir dolor como los mamíferos. Otros reconocen que la ciencia actual no sabe cuantificar la percepción del dolor, ni siquiera en humanos, por lo que debemos seguir el principio de precaución, aceptar que todos los vertebrados pueden sentir dolor e intentar minimizarlo.

Este debate ha fomentado una serie de proyectos de investigación para averiguar si los peces sienten dolor o no y cuál es la mejor manera de sacrificarlos. A la vez, en Europa se han ido aprobando leyes para proteger a los animales, con un ojo puesto en los métodos de sacrificio. El Reglamento 1099 del año 2009 establece que hay que aturdir a los animales antes de sacrificarlos (y asegurarse de que están inconscientes antes de desangrarlos). Este aturdimiento debe producirse en menos de un segundo.

Este límite de tiempo es un problema cuando hablamos de peces. Los métodos de cría han sido desarrollados para minimizar el estrés; los métodos de aturdimiento, para mantener la calidad del producto y matar a muchos animales de golpe, porque son muchos y muy pequeños.

Además, hay que capturarlos, sacarlos del agua y enfriarlos cuanto antes, puesto que su vida útil es breve. Así empieza la carrera para ver quién inventa un aturdidor ideal para los peces, más rápido que el aturdimiento por hipotermia, en el que se estima que los peces tardan entre 5 y 20 minutos en morir.

En los últimos años, y según la base de datos más importante sobre estudios científicos del mundo (Web of Knowledge), se han publicado 18 estudios que miden el bienestar de los peces según diferentes métodos de aturdimiento.

Estos métodos se pueden agrupar en cinco categorías: aturdimiento eléctrico (que puede ser dentro o fuera del agua), por percusión (como suena, darle al animal un golpe en la cabeza con un objeto contundente), por hipotermia (hielo), con gases (como el CO₂, disueltos en el agua), y el iki jime o spiking (perforar el cerebro con un objeto punzante).

También se han probado anestésicos, pero se piensa que pueden acabar en la carne y llegar al consumidor, por lo que se han prohibido en Europa.

A nivel industrial, el salmón se aturde por percusión, la trucha por descarga eléctrica y la mayoría de las doradas y la lubinas por hipotermia. A nivel comercial, parece que el aturdimiento eléctrico va ser el estándar y ya hay varios prototipos funcionando.

Figura 2. Porcentaje de estudios usando diferentes técnicas de aturdimiento en los últimos años (n= 18 estudios). A nivel industrial el salmón se aturde por percusión, la trucha por estimulación eléctrica y la mayoría de dorada y lubina por hipotermia.


Lo más novedoso es un aturdidor que bombea los peces desde sus estanques y emite descargas en cadena, sin tener que sacar los peces del agua. La ventaja es que aturde a los animales de manera individual rápidamente y llegan al hielo inconscientes. Pero no son de uso común todavía puesto que requieren una inversión importante y hay que ajustar el nivel de la descarga según la conductividad del agua y el tamaño de los peces, lo que no siempre es fácil.

Aturdidor eléctrico - Fish Management Systems


Además, hay cierta preocupación sobre la seguridad laboral de los operarios que tienen que aplicar descargas en el agua en condiciones no siempre favorables, por ejemplo a bordo de un barco. De todas maneras, seguramente veremos más aturdidores similares en nuestras piscifactorías en un futuro próximo. Todo por lograr que el pez llegue a nuestro plato de una forma más ética.

Morris Villarroel es profesor de Ciencia animal, Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.



Fuente: abc.es

Una lubina de seis kilos en Hondarribia





Jokin Zabala, la madrugada del pasado sábado, capturó un pedazo de lubina que dio en la báscula nada menos que 6 kilos y 350 gramos. Ahí es nada. La pieza fue vendida a un restaurante a un precio que no ha sido desvelado. «Me pagaron bonitamente», reconoce Jokin.
La madrugada estaba agotando sus horas. En el interminable espigón de la desembocadura del Bidasoa, junto a la playa de Hondarribia, Jokin y su novia Jone disfrutaban de una noche otoñal. Son dos practicantes de la pesca desde tierra. Su afición, además de hacer acopio de excelentes capturas como puede verse, les permite hacer turismo por todo Euskadi y más allá de la comunidad autonómica. Getaria, Mundaka, Francia, Hondarribia... son solo algunas de las plazas en las que han visto amanecer en mas de una ocasión.

Pero vayamos a la noche de autos. Sucedió entre las cinco y las seis de la madrugada. Hasta ese momento, la pesca no es que tampoco hubiese ido mal. «Habíamos tenido varias 'picadas' y había cogido una lubina pequeña, una lubineta», explica el pescador.

Todo cambió en un santiamén, en una décima de segundo. De pronto, el carrete comenzó a girar. Aquello no había manera de que se detuviera. «Cogí la caña y enseguida me di cuenta de que había picado una gran pieza».

Jokin comenzó a recoger, pero no tardó en darse cuenta de que la lucha iba ser larga. Ni pez ni hombre iban a ceder. A las maniobras de recogida de la línea respondía el animal con sucesivos tirones para recuperar su espacio perdido en el mar. «Mi objetivo era que la lubina se cansara, se agotara», recuerda Jokin.

Fue un tira y afloja que se prolongó cerca de veinte minutos hasta que el 'bicho' fue entregándose poco a poco. Al final cedió. «Lo acerqué hasta las rocas y con el salabardo logramos sacarlo fuera del agua».

La satisfacción era en esos momentos plena. Atrás quedaban los temores a que la pita pudiera romperse, a que algún nudo también pudiera deshacerse o incluso se soltara del anzuelo. «Nada de eso ocurrió. Fue en gran medida porque el material que llevaba era de calidad. No se puede ir a pescar este tipo de ejemplares con cañas malas o aparejos de dudosa calidad. Si lo haces, es posible que venza el pez y te quedes sin nada», afirma Jokin.

La pieza del sábado se ha convertido en la mejor captura de este pescador. «El año pasado cogí otra lubina hermosa. Fue en Mundaka y pesó cinco kilos. Creía que jamás iba a coger otra igual. Y mira, ahora he capturado una de 6,3 kilos».

Jokin utilizó como cebo dos cangrejos verdes que los ensartó en sendos anzuelos del número 1. De puntera uso hilo de fluorocarbono de 0,40 milímetros. La caña era una Vercelli.

El hermoso ejemplar fue vendido a un restaurante que Jokin prefiere no desvelar cuál es y «por el que me pagaron bien, bonitamente».


Fuente: diariovasco.com

El comienzo de la campaña del centollo en Galicia dispara la pesca ilegal en sus rías





El próximo lunes comienza la campaña de pesca del centollo en Galicia, y como es habitual las semanas previas se caracterizan por un preocupante repunte del furtivismo, a pesar de que Gardacostas ha intensificado notablemente la vigilancia tratando de poner freno a esta lacra y minimizar su impacto sobre los recursos.

Pero a pesar de ese esfuerzo la pesca ilegal continúa, y los importantes decomisos realizados en los últimos días por este departamento dependiente de la Consellería do Mar no hacen más que confirmar que la pesca ilegal continúa y es una amenaza medioambiental, económica y social difícil de erradicar.

Baste como ejemplo el trabajo realizado el miércoles por los funcionarios de Gardacostas adscritos a la unidad operativa desplegada en Vilaxoán (Vilagarcía). A bordo de la patrullera "Punta Roncadoira" consiguieron localizar y recuperar nada menos que cuatro kilómetros de redes caladas ilegalmente en medio de la ría de Arousa.

Se trataba de ochenta piezas de la red conocida como "miño", es o en la comunidad gallega para la captura del preciado crustáceo.

Esos aparejos, lógicamente calados en el mar sin balización ni identificación de ningún tipo, se encontraban a la altura de las islas de Rúa y Sálvora. Y por la cantidad de producto que había "enmallado" en tales redes, así como por el estado del mismo, todo parece indicar que llevaban varias jornadas caladas en el agua, a la espera de ser levantadas.

De hecho se investiga la salida de puerto de alguna embarcación en la noche del sábado, presumiblemente para depositar esos "miños" de manera fraudulenta.

Puede que los responsables de este delito tuvieran previsto recoger sus capturas ilegales mañana, para tratar de colocarlas en el mercado aprovechando el lunes la apertura de campaña. O puede incluso que el mal tiempo reinante esta semana impidiera a los furtivos acudir a por su botín antes de que los descubriera Gardacostas.

Sea como fuere lo único cierto es que este departamento retiró de la circulación otros cuatro kilómetros de aparejo ilegal.

Una vez subido a cubierta los guardacostas constataron que en aquellas redes había 290 kilos de centollo y 25 de buey de mar, lo que puede dar una idea aproximada del daño que causan los ilegales.

Y lo peor de todo, como se incidió en tantas ocasiones anteriores, es que son miembros del propio sector los que lo destrozan y ejercen una competencia desleal que afecta a los pescadores legales cada vez que capturan centollo en veda.

Estos individuos que esquilman el recurso antes de que comience la campaña integran lo que se conoce como "furtivismo legal", una práctica definida así por la Guardia Civil que representa "un tipo de furtivismo silencioso, que pasa más desapercibido y llega a unos niveles altos de fraude".

Éste es el furtivismo que se produce cuando son profesionales del sector quienes, valiéndose de sus permisos de actividad y las ventajas que conllevan, se dedican a saltarse las vedas, los horarios y zonas de faena establecidos o los topes máximos de captura permitidos.

Son capturas "que no pasan por lonja y se venden en un mercado paralelo o directamente a particulares al regresar a puerto o tras guardarlas en jaulas, salabardos y demás utensilios hasta la finalización de su veda".

Así lo explica la Guardia Civil, que precisamente pone como ejemplo de todo esto lo que sucede con las capturas ilegales de centollo en Arousa, "donde la principal responsabilidad (del furtivismo) recae en la flota".

En ello abundaba Gardacostas de Galicia tras recuperar esos cuatro kilómetros de "miños" y depositarlos a bordo el buque "Sebastián Ocampo" -amarrado en el puerto de Vilagarcía- para seguir patrullando la ría en el "Punta Roncadeira" en busca de actividad ilícita.

"La presión de los furtivos aumenta año tras año en los días y semanas previos a la apertura de la campaña del centollo, sobre todo en O Grove y sus inmediaciones", confirman los funcionarios de la Consellería do Mar que estos días desafían al mal tiempo tanto en la ría como en sus puertos para dar con las ingentes cantidades de centollo que, se supone, han sido pescadas antes de tiempo.




Fuente: Faro de Vigo

Llega el 'pulpo de piscifactoría'





Científicos de los centros oceanográficos de Vigo y Tenerife han logrado reproducir pulpos en cautividad tras veinte años de investigaciones sobre el cultivo larvario de pulpo común (octopus vulgaris), informa este jueves el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Los investigadores han conseguido mejorar la supervivencia y crecimiento de las larvas, lo que es un hito internacional que contribuirá a la explotación comercial de esta especie tan demandada por los mercados actualmente, añade el Instituto Español de Oceanografía en un comunicado.

El IEO, adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha alcanzado un logro más mediante el uso de nuevas técnicas de cultivo y alimentación consistentes en el crecimiento de las larvas con una metodología más rentable y replicable que las utilizadas hasta el momento, agrega la nota. En cuanto al engorde de los juveniles a adultos se lleva realizando ya desde hace años con ejemplares capturados en el mar. El pulpo común tiene un ciclo corto de vida pero con potencial de crecimiento, lo que le convierte en una especie idónea para su cultivo y desarrollo en cautividad, señala el IEO.

En la actualidad es un producto muy demandado en los mercados nacionales e internacionales y con mucho interés comercial, que ha provocado un incremento de su pesca y de estudios e investigaciones científicas para domesticar esta y otras especies de este cefalópodo. Además, es una especie de gran interés comercial en España y el Mediterráneo y su demanda es cada vez mayor en otros países como es el caso de Estados Unidos lo que, unido a su elevado precio en el mercado, hace que sea un excelente candidato para la diversificación de la acuicultura, explica el IEO. Los pulpos pasan por diferentes etapas en su desarrollo: huevos, paralarvas, juveniles y adultos. Los ensayos realizados en el IEO, basados en esta patente, mejoran los resultados obtenidos hasta ahora en el cultivo larvario y han conseguido obtener juveniles con los cuales iniciar la fase de engorde hasta llegar a adultos. Recientemente el IEO y Nueva Pescanova han firmado un contrato por el que la empresa tiene una opción preferente de licencia de la patente del Instituto Español de Oceanografía sobre estas investigaciones. Con este avance se consigue superar lo que hasta el momento se consideraba como el principal escollo para el cultivo comercial de esta especie. Por ello, los esfuerzos se centran ahora en obtener juveniles y en estudiar su viabilidad económica.





Fuente: 20minutos.es

No solo atún: los otros pescados azules que debes poner en tu mesa





Están en sazón, a más bajo precio y en su momento óptimo de calidad. Es el gran momento de los pescados azules y también de los denominados ‘semi- grasos’: aquellos que, según la época del año, pueden ser blancos o azules indistintamente. 

Se consideran pescados azules aquellos cuya carne posee un porcentaje de grasa superior al 5% , caracterizados por una carne de color algo más oscura, su piel va del azul al verde o el plateado y la cola tiene forma de flecha. Además, poseen grandes virtudes nutritivas, entre ellas el hecho de que sus grasas poliinsaturadas ayudan a combatir el colesterol perjudicial.

Gastronómicamente y a pesar de tratarse de peces históricamente despreciados frente a los pescados blancos, hace tiempo que adquirieron un mayor protagonismo. Su mayor suculencia y sabor respecto a los ‘blancos’ les han hecho subir enteros en lonjas o mercados. La alta cocina tampoco ha sido ajena a ellos: Juan Mari Arzak reivindicó el cabracho, Quique Dacosta apostó desde el principio por el salmonete de Denia o Pedro Larumbe ahúma las sardinas para añadirle tomate y aceite de ceniza texturizada.

Los pescados azules forman una extensa familia y la llegada del buen tiempo marca su mejor momento. Boquerones, caballas, chicharros… no están todos los que son pero si son todos los que están en esta selección de Alimente.




1.Boquerón (engraulis encrasicolus)

Conocidos como ‘bocartes’ en la costa cantábrica, es uno de los pescados semigrasos más consumidos en España junto al jurel y la sardina. Se suele utilizar la palabra ‘boquerón’ para referirse a los peces frescos y ‘anchoa’ para aquellos tratados con sal; entre éstas últimas, las mejores son las de tamaño medio, de filetes gruesos y textura consistente. Los 'victorianos' malagueños, pescados en El Rincón de la Victoria, son exclusivos de esta bahía y tienen fama mundial, aunque la triste realidad es que ya quedan pocos.




2.Cabracho (scorpaena scrofa)

Un pez de roca semigraso popularizado por Juan Mari Arzak con su famoso ‘pastel de cabracho’, ideado en los albores de la Nueva Cocina y todo un icono en aquellos tiempos. En el norte recibe el nombre de ‘cabrarroca’. Resulta difícil de limpiar por sus numerosas espinas y su color más o menos rojo se da según el tipo de fondo marino en el que viva. Posee una carne muy sabrosa. La gallineta y la escórpora son especies similares.




3.Sardina (sardina pilchardus)

También llamada ‘parrocha’ y ‘xouba’ en Galicia, poseen una carne blanca de profundo sabor y penetrante aroma. Se pesca en el Atlántico y el Mediterráneo y es imprescindible su total frescura a la hora de cocinarlas ya que se deteriora rápidamente. En un escabeche ligero o  bien fritas hacen un excelente papel; los ejemplares más grandes admiten el asado y las mediadas se utilizan en el famoso espeto malagueño. Es uno de los peces que mejor juego da para hacer en conserva, incluso algunos especialistas las ‘afinan’ durante dos o tres años en la lata.




4.Salmonete (mullus spp)

Es un pescado semigraso de temporada, con un delicadísimo sabor. Hay salmonetes de fango (fondos limosos) y de roca (fondos piedra) y entre ellos existen llamativas diferencias de gusto: el primero es más compacto y de carne más insípida. Se captura en distintos tamaños lo que levanta cierta polémica: unos los prefieren grandes (unos 15 cm) y otros más pequeños. Es un pez muy utilizado en alta cocina.




5.Cazón (galeorhinus galeus)

Con él suele prepararse el ‘bienmesabe’ o ‘adobo’ en el sur de España y es sustituto del rape en las sopas de pescado desde que éste adquiriera precios astronómicos. De la familia de los tiburones aunque de tamaño más pequeño, su durísima piel es utilizada por los carpinteros para lijar. Carne muy blanca, con pocas espinas y compacta. Si se trata de grandes ejemplares (unos 50 kilos), estará perfecto en rodajas, bien rebozadas o al horno.




6.Chicharro (trachurus trachurus)

También llamado jurel o escribano, antiguamente se consideraba pescado de pobres. Es muy sabroso, aunque su dificultad está en limpiarlo: muchas y finas espinas. En tamaño pequeño se envasan en conserva y los ejemplares grandes, están deliciosos al horno. Un pez muy abundante en las islas canarias.




7.Bonito del sur (sarda sarda)

Típico de la franja mediterránea y muy especialmente de Cádiz, donde también los denominan ‘serruchos’ por sus aletas dentadas. A veces se confunde con el bonito del norte (Thunnues alalunga), pero no tiene nada que ver. Es de tamaño más pequeño, su  carne es más fina y sabrosa, con mayor infiltración de grasa. Muy versátil en la cocina: en tomate, en escabeche suave, con patatas, al horno… La ventresca es muy cotizada.




8.Emperador (luvarus imperialis)

Se pesca en el Mediterráneo y es distinto al pez espada (Xiphias gladius) o ‘marrajo’, que alcanza mayores tamaños y se captura en zonas más profundas. Mientras el primero se suele vender fresco, el pez espada habitualmente llega congelado ya a España. El emperador no posee prácticamente espinas, es graso y de sabor acentuado. Muy cotizado y de acentuado sabor, se hace a la plancha (con ajo y perejil en Andalucía y Levante) e incluso se empana, como la carne.




9.San Pedro (zeus faber)

También llamado sanmartiño, martiño o gallopedro, es un pescado plano y semi- graso típicamente mediterráneo. Su feo aspecto barbado hizo que durante años se despreciara, sin embargo ahora se cotiza mucho. Posee una mancha negra a cada lado, lo que le distingue de otros sucedáneos de peor calidad. Similar al rodaballo, pero con más espinas. Muy apreciado por los grandes chefs.



Fuente: alimente.elconfidencial.com

¿Comer pescado contribuye a la cicatrización de las heridas?





El pescado, además de su gran aporte en vitaminas, minerales y omega 3, es fuente de proteínas, nutriente esencial que contribuye a la cicatrización de las heridas. Por eso, las personas que hayan sido operadas pueden incluir este alimento en su dieta sin ningún problema.

Así lo recomienda D’Janira Paucar, nutricionista del Programa Nacional "A comer Pescado" del Ministerio de la Producción. La experta explica que las proteínas de este producto hidrobiológico ayudan a la regeneración de los tejidos, lo que favorece a que las heridas se cierren mucho más rápido.

“Aún persiste el mito que quienes hayan sido operados no pueden comer pescado; sin embargo, se ha demostrado que esa afirmación no es exacta”, indica la especialista.

Agrega que, salvo haya alguna restricción por alguna condición médica específica, los pacientes pueden comer este alimento, por lo menos, tres veces a la semana.

El omega 3 del pescado también posee funciones relacionadas con la inmunología, es decir, mejora las defensas, lo que ayuda a evitar infecciones en un paciente operado. “Es preferible comer pescado en platos saludables, como al horno, en estofado y al vapor, para aprovechar este gran beneficio”, comenta Paucar.

Algunos de los pescados con alto contenido de proteínas son: el bonito (23.4 g), la lisa (20.8 g), la caballa (19.5 g), así como el jurel (19.7 g), la trucha (19.5 g) y la anchoveta (19.1 g). En tanto, los que poseen mayor cantidad de omega 3 son la anchoveta (2.4 g), el bonito (2.1 g), la caballa fresca (1.6 g) y el jurel (1.3 g).

Para evitar posibles problemas de salud, la nutricionista recomienda guardar las medidas higiénicas respecto al cuidado de la herida y comprar el producto hidrobiológico en lugares donde se aplique buenas prácticas de expendio.



Fuente: wapa.pe

Fraude en el pescado: que no te engañen al comprar





El pescado es uno de los pilares básicos de nuestra dieta. La Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA) recomienda tomar cuatro raciones a la semana. Este alimento que nos regalan ríos y mares nos aporta proteínas de alto valor biológico (contiene aminoácidos esenciales y en las proporciones que precisamos); y el azul proporciona además grasas saludables, como el aceite esencial omega 3, que entre otras cosas ayuda a mantener el buen funcionamiento cerebral y cardiaco). También es buena fuente de potasio y de hierro (la anchoa es especialmente rica en este mineral).

Según el último 'Informe del consumo de alimentación en España' del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el año pasado destinamos algo más del 13% del gasto en alimentación y bebidas a adquirir pescado, en su mayoría fresco, lo que supone un consumo de casi 34 kilos por persona. Si bien estas cifras son algo inferiores a las del año anterior, 2016, está claro que nuestros hábitos alimenticios tienen muy presente a este alimento. Sin embargo, a la hora de comprarlo, ¿estamos seguros de contar con toda la información necesaria para saber que nos están vendiendo el mejor producto posible?





Fuera de nuestras fronteras oímos hablar de atunes de carne permanentemente roja (y en realidad poco o nada natural), de jibias blanqueadas con productos tóxicos, de pulpos engordados, de pescados previamente descongelados que se venden como frescos o de especies que se ponen a la venta haciéndolas pasar por otras de aspecto parecido pero de mayor calidad… y más caras, claro.

¿Es posible que esto pase en España? Afortunadamente, no. Alimente ha hablado con Julián Montes, miembro de la junta directiva de la Asociación de Empresarios Mayoristas de Pescados de Madrid (AEMPM), quien nos ha aclarado este tema: "Es cierto que en algunos países se inyecta zumo de zanahoria o de remolacha al atún, para darle más color. Por supuesto esto no pasa en España, ese tipo de prácticas aquí están muy controladas. Como dato, en el Mercado Central de Pescados de Mercamadrid hay 19 veterinarios que están todos los días del año y en todo momento controlando y tomando muestras".

¿No nos pueden engañar de ningún modo al comprar el pescado? ¿Aunque no seamos expertos en el producto? Según Montes, "si te quieren dar gato por liebre, te lo pueden dar únicamente en lo que es la calidad. Me explico, tú puedes pedir una merluza de Burela, del Cantábrico, y te pueden ofrecer una de Namibia, Sudáfrica o Chile. Para que eso no te pase, la solución es muy fácil: solo hay que mirar la etiqueta, donde siempre se va a indicar la procedencia del pescado".

Y aquí, en la etiqueta, tenemos la gran garantía de que el pescado que estamos adquiriendo es el que queremos, sin trampa ni cartón. Si no tenemos la costumbre de fijarnos en ella, es hora de empezar a hacerlo. Julián Montes nos cuenta qué datos debe incluir: "La etiqueta tiene que tener el nombre comercial y científico de la especie que se está vendiendo, el arte de pesca, la zona de captura (cada zona FAO corresponde a una parte determinada de uno de los océanos), la fecha de captura, la fecha de expedición y la fecha de caducidad del pescado".

Esta última es la que señala hasta cuándo puede consumirse fresco. Es aconsejable que si no lo vas a consumir en los dos primeros días tras la compra, lo congeles; y para una seguridad total, como señala el experto, "si en todo caso lo congelas, mejor". Así te aseguras de que cuando lo consumas no contenga el temido parásito anisakis. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) ha ampliado recientemente el tiempo de congelación necesario para acabar con él de dos a cinco días, a una temperatura de -20ºC. El cocinado a más de 60ºC también destruye el parásito.

En cuanto a la congelación, ¿habría posibilidad de que nos estuvieran vendiendo como fresco un pescado que previamente ha sido congelado? Según Julián Montes, "esto no debería pasar. Para asegurarte de que el pescado que vas a comprar es fresco, la clave está en la escama, que tiene que estar brillante y sin ningún tipo de coloración". También indica frescura que los ojos del pescado sobresalgan (si están hundidos, mala señal); así como que su carne esté tersa, firme, y su agalla más rojiza que marrón. Una apariencia blanda o algo encogida es, por el contrario, indicio de que la pieza ha sido congelada con anterioridad, por lo que no deberíamos adquirirla.

Un último truco para no dudar a la hora de comprar el pescado: hacerlo en una pescadería de confianza, de las de toda la vida. Como señala el mayorista, "el pescadero de barrio sabe exactamente lo que te está vendiendo, porque selecciona a diario su género. Los pescaderos de las pescaderías de barrio son unos fenómenos".



Fuente: alimente.elconfidencial.com

jueves, 27 de septiembre de 2018

El cangrejo rojo resiste a sus enemigos





Lleva tantos años en Cecebre que los más jóvenes ya creen que es una especie autóctona. Pero el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) asomó por el almacén de agua de A Coruña a finales de la década de los ochenta, después de colarse en el país unos años antes por las marismas del Guadalquivir. Según registran los expertos fue en 1973.Hoy sigue siendo una especie invasora perfectamente visible en cualquier punto próximo a la lámina de agua de Cecebre. No obstante, según apuntan los que estudian el terreno de forma periódica, la gran población actual dista mucho de ser la gran masa de los años de su irrupción. «Como cualquier especie foránea, al llegar y colonizar pega muy fuerte porque pilla al resto de comunidades por sorpresa», explica Alejandro Martínez Abraín, profesor de Ecología en la Facultad de Ciencias de la Universidade da Coruña, donde también lleva años con trabajos de investigación, precisamente con Cecebre como trabajo de campo.

«Cuando el cangrejo americano irrumpe en el embalse a los depredadores naturales les cuesta hacerse con una imagen de búsqueda, es decir, entender que eso nuevo, el cangrejo, se puede comer», ilustra Alejandro. Y mientras los potenciales verdugos del cangrejo, como la nutria y varios tipos de aves, resuelven sus dudas sobre ese extraño nuevo vecino teñido de rojo, este eclosiona sin barreras de tal manera que cuando empieza a ser devorado la colonia ya se ha hecho infinita. El profesor Martínez Abraín extrae un lado positivo de esta invasión, de hecho, su punto de vista es poco peyorativo con respecto al crustáceo, al que incluso atribuye efectos positivos. «El morito común era un ave en peligro de extinción en la década de los ochenta -explica el profesor de la UDC-, y gracias al cangrejo americano ha conseguido multiplicarse, ya no solo en Doñana -precisamente por donde entró el cangrejo-, sino en muchas partes del país». Ha estudiado de cerca la evolución de las nutrias, y atribuye al propio crustáceo rojo el repunte de esta colonia. «Estudiando las heces de las nutrias de Cecebre descubrimos que está viviendo prácticamente de especies exóticas». Por contra, los anfibios parecen ser los mayores damnificados del cangrejo.

Desde la Universidade de Vigo, otro profesor de Biología, Luis Navarro, es menos considerado con los teóricos beneficios de esta especie colorada. «Todas las especies invasoras llegan al nuevo territorio sin sus enemigos naturales y entonces empieza a perjudicar de forma seria a las especies nativas», señala. «Especies invasoras las hay en todas partes, no solo las sufrimos nosotros. Por ejemplo, nuestro tojo está causando estragos en Chile, y en muchos lugares de América Latina se han llevado nuestro abejorro para la polinización. ¿Eso es positivo? Para esa función sí, pero la presencia del abejorro fuera de su lugar natural está causando muchos problemas a otras especies, como lo estamos viviendo nosotros ahora con la avispa velutina», afirma Navarro.

La Xunta ha incorporado la mano del hombre como medio para reducir la presencia del cangrejo rojo americano en embalses como el de Sabón, Belesar, As Forcadas y Cecebre, entre otros, excepto en los tramos vedados. La posibilidad llega tras las últimas modificaciones de la Ley estatal de Patrimonio Natural. «Non se establecen dimensión mínimas nin cotas de captura e os exemplares destas especies (la norma incluye también la perca negra, la carpa y el cangrejo señal) que sexan extraídos da natureza por calquera procedemento non poderán ser transportados con vida nin devoltos ao medio natural, debendo se sacrificados no momento da captura», indican desde la Consellería de Medio Ambiente. Para recoger estas especies se requiere licencia de pesca.



Fuente: Voz de Galicia

martes, 25 de septiembre de 2018

La temporada de salmón en Asturias se adelanta una semana en 2019, al segundo domingo de abril





La temporada de pesca del salmón de 2019 adelantará su apertura una semana, al segundo domingo de abril (con muerte), tras haber aceptado el Gobierno del Principado la propuesta realizada por las asociaciones de pescadores asturianas, que ayer asistieron al Consejo Regional de la Pesca, en el que se debatió el reglamento que regulará esta actividad el próximo año.

El viceconsejero de Medio Ambiente, Benigno Fernández Fano, destacó que las sociedades de pescadores han vuelto a demostrar su "responsabilidad" al manifestar su "preocupación" por la situación de los ríos y las especies piscícolas, y en especial por el furtivismo, sobre todo en la zona de Pravia. De ahí que llevaran ayer una "posición conjunta" y reclamaran, por ejemplo, más zonas vedadas.

Las asociaciones de pescadores de Asturias manifestaron su apuesta decidida por la repoblación como el método más adecuado para garantizar la supervivencia de las especies piscícolas, e incluso para recuperar afluentes en los que hacía ya años en los que no se pescaba. Un criterio contra el que se manifestó el representante de los colectivos ecologistas del Principado, contrarios a la repoblación, ni siquiera aunque se realice con ejemplares salvajes extraídos del propio río en el que se soltarán los alevines, porque la extracción de estos ejemplares supone la eliminación de un gran porcentaje de los reproductores que podrían quedar en el río para reproducirse de manera natural, según los conservacionistas.

Los pescadores, por el contrario, han reclamado destinar más salmones a la repoblación de los ríos asturianos, al considerar que los ejemplares extraídos en las últimas campañas no son suficientes. De ahí que reclaman una revisión de la normativa. En el río Sella, por ejemplo, el año pasado se cogieron once hembras de salmón en el capturadero de Cañu para desove artificial en el pasado año 2017, cuando, según los pescadores, lo lógico sería extraer al menos treinta ejemplares. Los pescadores consideran que hay que repoblar más, tanto salmones, como truchas y reos.



Fuente: La Nueva España