viernes, 20 de julio de 2018

Nuevas especies aparecen en aguas de Galicia





Las aguas gallegas se están acostumbrando a recibir cada vez con mayor frecuencia a especímenes marinos más propios de otras latitudes. Si en lo que va de año ya se han encontrado barracudas o langostinos más propios de África y del Mediterráneo, el pasado 11 de julio se capturó por primera vez en la ría de Vigo un ejemplar de Halobatrachus didactylus, conocido como sapo lusitano. Se trata de una especie similar al rape y que se distribuye más habitualmente entre Ghana y, como muy al norte, Portugal.

Según informó a FARO el biólogo Rafael Bañón, fue el pescador José Manuel González, patrón de la embarcación María José (con base en Panxón), el que capturó en la ría de Vigo este "extraño pez con la apariencia de un pequeño rape o pez sapo" ( Lophius sp.). Después de ponerse en contacto con el Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) para su recogida y estudio, Bañón identificó esta especie, que pese a su parecido con el rape "pertenece a un orden y a una familia distintas".

"Se trata de la primera cita de esta especie para Galicia", comenta el biólogo, que insiste en que "su distribución habitual incluye el Atlántico este, desde Ghana hasta Portugal", aunque existe autores que aseguran que llega "hasta el Golfo de Vizcaya, existiendo "una cita antigua en el sur de Noruega, y también en el Mediterráneo". 


"Esta captura se suma a las ya muchas especies tropicales de peces que están apareciendo en nuestras aguas en los últimos años por efectos del cambio climático", aseguró Rafael Bañón. A su juicio, el aumento de la temperatura del agua "provoca un desplazamiento hacia el norte de muchas especies de peces, alcanzando nuevas zonas que antes evitaban porque estaban fuera de su rango óptimo de temperatura".



Fuente: Faro de Vigo

Los únicos pescados que debes pedir en verano si comes fuera o vas al mercado





Hay tanta oferta de pescados debido a las capturas en todas las costas del mundo, los congelados y las especies que se crían en las piscifactorías que es difícil saber cuál es el mejor en cada momento. Nos gusta el pescado y aún más si elegimos como lugar de vacaciones la costa, pero a menudo no somos conscientes de que cada pieza tiene su temporada y que por mucho que nos apetezca un bacalao, no es buena idea ya que no es su momento. No se captura ni en julio ni en agosto, porque es un pescado de invierno. Tampoco el atún rojo, el lenguado o el besugo, entre otros muchos.

Las especies más indicadas para los meses de julio y agosto en España son indiscutiblemente el bonito en la zona del Cantábrico y el San Pedro o San Martín -diferentes nombres según la zona de España-, además de las sardinas, claras protagonistas del verano. No es casualidad que las fiestas de San Juan, que marcan el inicio del verano, se celebren a menudo en las playas con las sardinas asadas: un manjar puramente veraniego. Hay además una extensa variedad de pescados de roca o playa que depende de cada región, pero que son habitualmente los que ofrecerán como pescado del día en los restaurantes de la costa.




Según explica a Alimente Celia Ojeda, de Greenpeace y experta en sostenibilidad de mares y océanos, "una buena opción son los pescados de roca o de playa que ofrecen como captura del día en los restaurantes de las diferentes zonas costeras. Suelen ser ejemplares de pesca local, que corresponden con la temporada y que son frescos además por su proximidad. Muchas CCAA los están incluyendo en sus guías turísticas, debido a la variedad de nombres que tienen según la localidad, como el cabracho en el Mediterráneo, típico en las Baleares por ejemplo, o el San Pedro, un pescado hasta hace no mucho tiempo desconocido".

La realidad es que, debido al ultracongelado y capturas procedentes de otros países, podemos disfrutar de estos pescados todo el año, y en algunas ocasiones, si su temporada es cercana, es posible que encontremos el pescado que nos apetece, como un lenguado en junio o incluso julio, aunque no va a estar en su estado óptimo. Si en vez de consumirlo en un restaurante en la orilla del mar, optamos por ir a los supermercados, se pueden adquirir especies que no correspondan con la temporada de captura en España: lo que significa que son de otros países.

Según la ley, deberían indicar en la etiqueta el día y el país de la captura, pero rara vez lo hacen, como ya explicó a Alimente el profesor del IESE Gerard Costa Guix: "En el caso del pescado, por ley se tiene que indicar el origen y la fecha de captura". Lo corrobora Celia Ojeda, quien añade que a menudo no están en la etiqueta con el precio, pero el consumidor tiene el derecho de pedir el etiquetado donde se indica, ya que todas las cajas de las lonjas lo incluyen.

Otras especies propias de los meses de julio y agosto son el salmonete, el cabracho y la melva, además del sargo y el pargo -denominado 'machote en Cantabria-: dos especies de pescado blanco muy sabrosos, de la misma familia que la dorada y el besugo -cuya captura es en diciembre y enero fundamentalmente por lo que se convirtió en un plato de lujo durante las navidades- y que son menos conocidos. Es bueno informarse en cada localidad costera de cuáles son estas especies y que nombres tienen. La merluza o el rape se pueden comer todo el año, así que también son una buena elección y por supuesto los de piscifactoría como la lubina o el salmón que siempre estarán disponibles, aunque no sean salvajes.

Aunque según el informe del Ministerio de Agricultura se ha consumido menos pescado en 2017 respecto al año anterior, durante el verano se consumen muchos pescados y mariscos, y a veces sin que seamos conscientes de que no es su mejor momento. Existe un dicho gastronómico, por ejemplo, que indica que las ostras no se podían comer en los meses sin 'r', es decir, mayo, junio, julio y agosto, aunque ahora, debido a su cultivo, están disponibles todo el año. Menos conocido es lo que señala Celia Ojeda: "En Galicia todo el mundo está deseando comer pulpo en verano, pero no se da cuenta de que este no es de las costas gallegas, porque en ese periodo es precisamente cuando se deja que los caladeros se recuperen. El pulpo sí es un producto de temporada, pero en el Mediterráneo".

El consumo más espinoso y no por su cantidad de espinas es el del atún rojo del mediterráneo. Su captura se produce en primavera fundamentalmente, pero está permitido que se pesquen ejemplares que aún no han alcanzado su tamaño óptimo de la madurez por lo que según Celia Ojeda "son luego mantenidos y engordados por una serie de empresas que así disponen del preciado manjar también en verano. Es legal, pero desde Greenpeace consideramos que es una práctica que no se ajusta con la pesca sostenible al igual que cualquier pez en el que se utilice el método de la pesca de arrastre".



Fuente: elconfidencial.com

La Xunta no tiene previsto reparar la presa de Sinde, en el río Ulla





La Consellería de Medio Ambiente no tiene previsto reparar la presa del río Ulla en el tramo del coto salmonero de Sinde, en la parroquia de Carcacía (Padrón), tal y como reclaman los pescadores para que este punto deje de ser inhábil para la pesca de esta especie. La parte central de la presa se derrumbó en enero del año 2016 y, según explican desde la consellería, ello facilitó el remonte de los peces y produjo una disminución del número de salmones que se pescaban hasta entonces en este coto, una vez que esta especie dejó de parar en este punto a descansar.

No obstante, el número de sabogas, también conocidas como zamborcas y que son controladas por la estación de Ximonde, «multiplicouse exponencialmente pasando da captura dun escaso número de individuos anual á captura de máis de 200 sabogas nos últimos dous anos», según Medio Ambiente. Por ello, la consellería habla de que «a mellora que o derrube da presa de Sinde produciu sobre o remonte dos peixes migradores no río Ulla foi positiva para este ecosistema enclavado na Rede Natura 2.000».

Añade que, en este contexto, «débese ter en conta que a saboga é unha especie bastante escasa en Galicia, que só se atopa nos ríos Ulla, Eo e Miño» y que aparece incluida en una directiva europea de conservación de los hábitats naturales, así como de la fauna y flora silvestres, según explica Medio Ambiente. La consellería recuerda que en el año 2015 entró en vigor el plan técnico de gestión de aguas salmoneras en el río Ulla y que uno de sus objetivos es «facer que a pesca do salmón neste río sexa sostible; para iso se abriron novos coutos de pesca, co gallo de tentar cambiar a pesca tradicional do salmón neste río tentando ofrecer alternativas a pesca vantaxosa augas abaixo de obstáculos».

Por tanto, el coto de Sinde seguirá con la rota presa, para disgusto de pescadores, que recuerdan que este fue uno de los mejores cotos salmoneros de España. Y quienes, seguramente, lamenten también que no se repare la presa del río son las casas de turismo rural de Padrón, que dejaron de alojar clientes que llegaban a la zona atraídos por la pesca del salmón en Sinde.





Fuente: La Voz de Galicia

miércoles, 18 de julio de 2018

La 'fuga' de casi un millón de salmones de un criadero pone en peligro el ecosistema de Chile






Los salmones y truchas del Atlántico y del Viejo Mundo (el género Salmo) son peces marinos y de agua dulce (eurihalinos) de la familia de los salmónidos distribuidos por los océanos y mares de casi todo el mundo excepto el Océano Pacífico, con algunas especies que sólo viven en agua dulce en Europa y Asia. Su nombre procede del latín salmo, que es como llamaban en la antigua Roma a estos peces.​ En cuanto a la genética son parientes cercanos de los salmones y truchas del Pacífico (el género Oncorhynchus), y tienen una anatomía similar, aunque el análisis de ADN mitocondrial ha mostrado diferencias entre estos dos géneros, según wp.

Más de 900.000 salmones escaparon el pasado 5 de julio de un criadero en la isla Huar, en el sur de Chile, a causa de una tormenta, lo que "generó un daño irreversible" en el ecosistema de dicho país latinoamericano, informan medios locales, según rt.

La 'fuga' tuvo lugar cuando, a raíz de un temporal, los salmones salieron de sus jaulas en el criadero de la empresa noruega Marina Harvest. "El escape se considera una fatalidad, creemos que esto generó un daño ecosistémico irreversible", dijo Lisbeth Van der Meer, veterinaria especializada en salmonicultura, manejo de recursos naturales y economía pesquera.

Debido a la gran cantidad de ejemplares huidos, Van der Meer teme que el daño será muy grande en las cercanías de dicha isla, ya que esta especie consumirá "cualquier otra especie que sea más pequeña que ella". Según la experta, cada ejemplar pesa unos 3,4 kilos, lo que se traduce en la pérdida de tres millones de kilos de salmón.

Van der Meer también cuestionó la versión ofrecida por la empresa noruega y denunció su "falta de seriedad" para llevar a cabo los protocolos y fiscalizaciones de seguridad de dicho ámbito en Chile.

Varias organizaciones dedicadas a la protección del medioambiente calificaron la situación de "máxima gravedad" debido al daño que producirán los salmones en el hábitat, así como porque la mitad de los ejemplares escapados estaban siendo tratados con elevadas dosis de antibiótico florfenicol.

La empresa noruega tiene un mes de plazo para recuperar al menos el 10% de los peces extraviados, so pena de perder la licencia en el país sudamericano, que es el segundo mayor productor de salmón del mundo, solo por detrás de Noruega. Hasta el momento, durante la operación de captura se han recuperado, hasta este jueves, apenas unos 28.000 ejemplares.



Fuente: periodistadigital.com

El pulpo gallego se paga hoy en lonja a más del doble que hace cinco años





A de Lola dejó hace un año de vender pulpo. «Estaba muy caro y hasta me daba apuro cobrar casi 50 euros por una pieza de dos kilos y pico», comenta María Abuín, propietaria de un ultramarinos en Boiro. En frente, cruzando la carretera, sobre la mesa de un concurrido restaurante, una etiqueta adhesiva actualizando el precio de la ración desluce las flamantes cartas nuevas. No ha quedado otra que remendarlas para hacer frente a la escalada de un producto que su gerente adquiere en la lonja de Ribeira. Tiene la ración a 17 euros; a 18 si se le ordena a la plancha. El año pasado, más o menos por estas fechas, se pagaba a 13.

Dejando aparte el oasis de la provincia de Ourense -donde el precio ha subido, pero ni por asomo en la medida que lo ha hecho en el resto de Galicia, pues se vende como mucho a 10 lo que antes valía 8 u 8,50-, la horquilla de precios que el verano pasado se movía entre los 10 y 13 euros rozando los 14, se ha desplazado en la hostelería a los 13 y 18, cuando no 19. Y no solo en Sanxenxo, meca del turismo. También en Barbanza e, incluso, O Cebreiro, que ya recibe con pulpo a los peregrinos. 

Porque avidez y demanda sigue habiendo. Que se lo digan a José Manuel Rosas, patrón mayor de Bueu, que anteayer quiso ponerle colofón a la fiesta del Carmen con una ración de pulpo y en el local al que fueron «xa non quedaba». Lo mismo ocurrió ayer en la pescadería de un supermercado de la zona coruñesa de Panaderas, que a las 11.30 ya habían despachado todo el pulpo del expositor. «Acabó la veda y la gente tiene ganas de él». Tantas que no le importó que estuviese a 15,95 euros el kilo el de tamaño más pequeño, entorno a kilo y medio, «no quiero imaginar a cómo puede estar el de más de dos», decía la pescadera. Allí no lo dispensaban. Sí lo había en el arcón de enfrente al mostrador de fresco. Un pulpo de 3,195 kilos, con el sello de la compañía viguesa interproveedora de cefalópodos para esa cadena, con la etiqueta de 54,16 euros, a razón de 16,95 euros el kilo. Procede del Atlántico central -no especifica si de Marruecos, Mauritania o Senegal-. No lleva alarma antirrobo, pero porque nada en ese supermercado lo tiene. De ser en otro rival que guarda en vitrinas con llave desde la pasta de dientes hasta la ventresca de bonito, sin duda la tendría. 




La subida del precio del pulpo viene cociéndose desde hace cuatro o cinco años, al calor de la caída de capturas en Marruecos y Mauritania, principales proveedores de pulpeiras y hosteleros; un aumento de la demanda interna alentada por el turismo; la incorporación de nuevos países a la cartera de clientes, como Francia, Alemania, Polonia y Corea, con EE. UU. a la cabeza; la apertura del grifo del crédito a las empresas, que pudieron comprar más; y, sobre todo, las modas, que han puesto pulpeiras y pulpadas en el in. 

Y todo esto ha tenido su reflejo en la cotización del pulpo gallego. Porque por más que pese admitirlo, no es Galicia la que lleva la batuta en el mercado del cefalópodo: «Desgraciadamente son Marrocos e Mauritania os que marcan o prezo», señala José Manuel Rosas. Lo que se está pagando por kilo este año se mueve en medias inéditas. A estas alturas roza los 11 euros, más del doble del pecio que llevaba hace cinco años, cuando no se ofrecían más de 4 o 5 euros por kilo. Con todo, no está en sus máximos, señala Rosas, que hace hincapié en que ha bajado casi un euro por kilo en las piezas grandes y 80 céntimos en las pequeñas con respecto a antes de la veda, a mediados de mayo.

Ni que decir tiene que los naseiros están contentos con las cotizaciones del pulpo. Pero el éxito tiene una cara B. Y esa es la escasez. A los profesionales les resulta muy difícil reunir el tope, de 30 kilos por tripulante y día, a lo que hay que sumar otros 30 diarios por barco. «Eu non auguro unha boa campaña», avanzó el patrón mayor de Bueu con el aval de quien lleva «anos neste mundiño». Y ve que «hai moita cría, pero ten que medrar e nunca o vai facer toda xunta». Por eso, en cuanto se acaben los que dan la talla, va a ser más difícil reunir el cupo. 

Eso permite inducir nuevas subidas, por más que Rosas sea de la opinión de que «todo ten un teito» y se sorprenda con que «ás veces vala máis que a cigala». Cierto que en la lonja son más a pujar. Hay nuevos compradores, a los que se exige, eso sí, que se adapten a lo que hay.



Fuente: La Voz de Galicia

sábado, 14 de julio de 2018

Diez sencillos consejos para comer pescado evitando los metales pesados






Comer pescado tiene tantos beneficios que compensa sobradamente el riesgo que comporta la ingesta de posibles metales pesados acumulados en sus vísceras y su carne, sobre todo en el caso de que esta sea grasa, como en el pescado azul. Curiosamente, este tipo es el más beneficioso por su aporte en ácidos grasos omega, pero también el que más riesgo tiene de aportar compuestos altos en mercurio, un elemento tóxico a altas dosis.

El peligro no está en la ingesta puntual de pescado azul, marisco o incluso algunas especies de blanco, tal como comentábamos cuando explicamos qué pescados tienen más metales y cuáles menos, sino en hacer de una determinada especie o zona de captura un plato habitual en nuestra mesa, que nos lleve a acumular a la larga más metales de los recomendables.

También debemos saber que la mayoría de especies capturadas contienen niveles aceptables de metales, y que de otro modo no llegarían a la pescadería, por lo que la ingesta puntual o variada de especies de más riesgo con otras menores, nos protege. También que el pescado de piscifactoría, a pesar de los perjuicios ecológicos que comporta, suele tener un nivel menor de algunos metales, aunque no de otras sustancias como disruptores endocrinos.

De este modo, si seguimos los siguientes diez consejos, que son prácticos y sencillos, conseguiremos en buena medida sortear la ingesta de metales cuya acumulación pueda resultar a la larga tóxica para nuestro organismo.

1. Eviscera siempre el pescado antes de cocinarlo

Los metales se acumulan sobre todo en las vísceras como el hígado, los intestinos, etc., por lo que además de por una cuestión de higiene, hay que evitar comer las vísceras por precaución. Eventualmente en el pescado, al horno o frito, lo evisceraremos para evitar migraciones de metales a la carne a través de los jugos.

2. No uses ni cabezas y ni hígados para el fumet

El fumet es un caldito blanco hecho de restos de marisco y pescado que se usa para reforzar arroces o sopas de pescado y es la base de muchas paellas. Se usa tradicionalmente la espina, los hígados de rape, las cabezas de merluza y otros peces, así como piezas enteras de marisco o pequeños peces de morralla.

En el caso de las cabezas de merluza, besugo y otras especies, así como hígados, se aconseja prescindir de ellas porque concentran los metales, siempre que seamos muy de hacer arroces con frecuencia. Si los hacemos de vez en cuando el peligro desciende considerablemente. Como siempre en el caso de los metales del pescado, el secreto es variar y el problema reside en la frecuencia.

3. No chupes las cabezas del marisco

Las cabezas de gambas, gambones, cigalas y langostinos acumulan la mayoría de los metales de su cuerpo, y además son la parte donde se encuentran la mayoría de sus vísceras. Es mejor no chuparlas si somos consumidores muy frecuentes.

4. No abuses de las gambas

La gamba es uno de los grandes acumuladores de mercurio, aunque sus niveles están dentro de lo aceptable. El problema es que es uno de los mariscos más frecuentes en nuestra mesa y solemos chupar las cabezas.

5. Espacia el consumo de grandes túnidos, tiburón y lucio

Tal como explicamos en el artículo Verano y pescado azul: ¿hasta qué punto es saludable?, el mercurio y otros metales se van acumulando en la cadena trófica a medida que nos acercamos a los grandes predadores marinos, que son los túnidos grandes -atún rojo, amarillo, emperador, etc., así como el lucio y el salmón en los ríos contaminados y los tiburones. Su carne es buena y beneficiosa, pero conviene que no sea un plato frecuente de nuestra dieta.

6. No abuses del atún ni del bonito en lata o bote

Por el mismo motivo, el lomo de atún o de bonito en lata o bote no debe ser un recurso fácil de bocadillos o ensaladas, aunque esté muy rico. Probemos con otros ingredientes para variar.

7. Apuesta por pescado azul de pequeño tamaño

Sardinas, anchoas y boquerones -que son el mismo pescado- o incluso la caballa o el chicharro, pueden ser un buen recurso de pescado azul, ya que se sitúan en puntos bajos de la cadena trófica y acumulan menos metales.

8. Consume especies pequeñas blancas de playa alternadas con otras grandes

Las especies de playa como el sargo, las doradas o las lubinas pequeñas, aunque no son frecuentes en pescaderías, son un buen recurso siempre que provengan de zonas donde no haya actividad industrial cercana. Son una buena alternativa al bacalao, el rape o la merluza que pueden haber acumulado metales. Cuidado con el salmonete, que aunque su carne es exquisita, acumula arsénico en su cabeza.

9. Evita especies baratas de países exóticos

Hace unos días saltaba la noticia de que el consumo de panga entrañaba riesgos por su alto contenido en metales. Lo cierto es que la misma utiliza datos de 2006 y en la actualidad su importación desde los contaminados ríos y piscifactorías de Vietnam ha descendido mucho, pero sigue siendo recomendable eventualizar su consumo.

10. Los mejillones y almejas sí, pero no por norma

Los moluscos bivalvos son filtradores de fondo, con lo cual recogen y acumulan todos los metales procedentes de la contaminación de la zona. Es por ello que aunque son perfectamente comestibles y muy sanos, no conviene hacer de ellos una comida regular y muy frecuente.



Fuente: eldiario.es

Galicia cierra el ciclo de cultivo del mero






Lo hizo con el rodaballo, con el lenguado, con el abadejo -aunque esta especie tiene su propia historia-... y ahora está a punto de lograrlo con el mero, que en realidad es la cherna (Polyprion americanus). Galicia ha conseguido cerrar el ciclo de su cultivo por primera vez en el mundo, tras el éxito de haber podido llevar de larvas a alevines ejemplares nacidos en cautividad. Ese tránsito biológico constituía el principal cuello de botella en el intento de domesticar una especie de la que se han obtenido puestas espontáneas en cautividad, se ha avanzado en la cría de individuos salvajes, se ha dado con la clave de la alimentación y se tienen datos de su engorde y evolución. Pero subsistía el problema de la supervivencia larvaria. Ninguna llegaba a alcanzar los 4 o 5 gramos de peso, una consistencia que ya permite decir que se está ante un pez y, sobre todo, es la puerta para pasar de la alimentación viva a la tradicional en acuicultura: el pienso.

Y del mismo modo que las gestantes evitan dar la buena nueva hasta que las crías superan la barrera de las 12 semanas, el grupo del Igafa (Instituto Galego de Acuicultura) y del CIMA (Centro de Investigación do Medio Mariño) que ha logrado tal gesta ha tardado tres meses en lanzar las campanas al vuelo y dar la feliz noticia: «Nas instalación do Igafa hai nove exemplares que teñen 94 días de vida e outros 30 que xa cumpriron os 54», explica José Luis Rodríguez Villanueva, profesor del instituto dependiente de la Consellería do Mar, enormemente satisfecho del logro alcanzado «cun traballo en equipo». En colaboración con el CIMA, pero también con el IEO de Vigo -de hecho, 9 de los alevines de más de 90 días proceden de una puesta cedida por el oceanográfico vigués- y el Aquarium Finisterrae de A Coruña -donde nacieron los supervivientes de la hornada de más 50 días-, socios todos en el proyecto europeo Diversify, lanzado para buscar nuevas especies de acuicultura.

Durante cuatro años, IEO, el acuario coruñés, CIMA e Igafa han estado intentando repetir lo que la empresa Isidro de la Cal consiguió en el 2013 con un único ejemplar, el único superviviente de una puesta en las instalaciones de la compañía. Esa cherna nacida en cautividad es hoy un adulto de 5 años y 11 kilos y medio que mora en el Aquarium Finisterrae.Que ahora el Igafa haya conseguido reproducir aquella gesta supone «un paso de xigante para pechar o ciclo de cultivo», pues «de non ter nada, pasouse a ter alevíns», resume un Rodríguez Villanueva que al fin ve recompensados sus desvelos con estos peces.

Puestas las ha habido en todas las instalaciones implicadas, pero solo en las de Niño do Corvo (A Illa) crecieron hasta abandonar la fase larvaria. El porqué en el Igafa y no en el IEO o en el Aquarium está por estudiar. Los procesos son los mismos y la única diferencia entre ambos cultivos es que «no IEO fan o engorde en circuíto aberto e no Igafa facémolo en recirculación». Si ahí está o no la clave del éxito es algo que «haberá confirmar nos seguintes anos».

Porque si el programa Diversify llega este año a su final, la pretensión de los investigadores es continuar trabajando para consolidar los resultados obtenidos y avanzar en lo que es el cultivo del mero. De ahí que el CIMA y el Igafa hayan enviado una propuesta a la Consellería do Mar planteando una prórroga del estudio por dos años más, un proyecto en el que seguirían yendo de la mano del IEO y de las demás instituciones que en Galicia ahora están involucradas en la domesticación del mero.

En lo que va del proceso, los participantes han logrado valiosos datos, como que las aguas gallegas, con una temperatura de entre 15 y 16 grados durante 9 o 10 meses al año, son óptimas para la cría de la especie, de la que ahora se podrá tener un stock de reproductores nacidos en cautividad. Que su cultivo se podría hacer en tierra, pero lo ideal si se consigue dar el salto comercial sería en jaulas en el mar. Que es una especie de crecimiento rápido y que puede alcanzar el tamaño comercial, de 5 kilos, en 3 años y llegar a los 8 si se cría un año más. Que, además, alcanza esa talla óptima para el mercado antes de la madurez sexual y, por tanto, todo el gasto energético lo emplea en engordar. Y, sobre todo, que será un cultivo económicamente interesante, pues el kilo del escaso salvaje se está vendiendo a una media de 20 euros. ¿Y para cuándo en el mercado? Aun con los resultados prometedores, todavía quedan «5 ou 6 anos para poder dar o salto industrial».



Fuente: La Voz de Galicia

¿La mayor comilona del año? Ocho comensales y 49.292 euros de factura






Una comilona épica, digna de Nerón, pero en el siglo XXI y en un restaurante asturiano de Madrid. La factura de los ocho clientes que el pasado 22 de junio se reunieron alrededor de una mesa  en Casa Parrondo, uno de los emporios asturianos en la capital, se disparó a los 49.292 euros, iva incluido. No faltó de nada, desde botellas de champán de 15.000 euros, angulas del Nalón, cigalas y solomillo de buey. La cena finalizó a las siete de la mañana tras una partida de póker. ¿Los paganinis? Un grupo de empresarios, alguno también asturiano. Si pagaron a escote, tocaron a 6.161 euros.

La factura ha estado circulando estos últimos días en internet. Un camarero fue el responsable de su difusión. Según Nicolás Parrondo, el dueño del negocio, fue una venganza tras haber sido despedido. El recibo es el testimonio de una fartura de órdago. El festín comienza con dos kilos de angulas del Nalón, de cepa asturiana, a razón de 1.500 euros el kilo. 250 gramos la ración, una buena cazuela. Total: 3.000. Continúa con cuatro kilos de percebes de gran calibre, medio kilo por comensal. La broma sale a 150 euros el kilo. Y sigue con productos de mar: cuatro kilos de cigalas de anilla roja por un total de 6.000 euros, a precio de lingote. Cada comensal se mete además entre pecho y espalda una lubina a la sal a 30 euros la pieza y acaba la estomagada con carne, para romper el paladar: tres kilos de solomillo de buey por un total de 600 euros. De postre, un soufflé especial de 120 euros.

Y bien regado. Cuatro botellas de Flor de Pingus colección, el gran vino elaborado por el enólogo Peter Sissek, a 2.000 euros la botella. Y con espacio para las burbujas: champán francés, Louis Roderer, criado en el Valle del Marne y difícil de encontrar, a 15.000 euros la botella. Los empresarios se trasegaron dos botellas y también otra de whisky, Johnnie Walker, a 400 euros. Sumen además ocho gin tonics Hendrick’s (15 euros la copa) cuatro cajetillas de tabaco, cinco puros Romeo y Julieta y 16 cafés por 48 euros.«Me están criticando porque les cobré el tabaco; no se lo iba a pagar yo», afirma Nicolás Parrondo desde su local, en pleno centro de Madrid, en la calle Trujillos. Se trata de un restaurante asturiano de mucha tradición. «No me sorprende la factura. He tenido alguna de hasta 90.000 euros», añade. Parrondo niega un bulo extendido por las redes que afirmaba que los comensales eran sindicalistas. «Eran empresarios, del metal, uno de ellos de Laviana», aclara. Los empresarios son muy buenos clientes. Todavía quedan clientes fuertes con dinero».  

Cuatro décadas lleva Parrondo en Madrid. El hostelero es también conocido por sus pujas por el primer salmón del año, el campanu, por el que ha llegado a pagar 13.000 euros. «Lo que me piden yo lo consigo. Tengo por si acaso el rincón del Gourmet de El Corte Inglés al lado. Todavía ayer tuve una mesa que me pidieron caviar de beluga. Esta noche tengo otra cena que no me va a bajar de 15.000 o 20.000 euros». Y sentencia con una frase de lujo: «Esta vida no la para nadie».



Fuente: La Voz de Asturias

Fin de la temporada de pesca de salmón






«Es el primer año que me he animado a probar suerte con el salmón gracias a un amigo. Hasta ahora he sido pescador de trucha y también de lubinas en el mar. He venido bastante esta temporada y este es mi segundo ejemplar, el primero pesó casi cinco kilos», explicaba ayer por la mañana el donostiarra residente en Hernani Alberto Bartolomé. Con su captura de ayer, un ejemplar de 1,77 kilos de peso y 602 mm de longitud, pescado a cucharilla y salvaje (sin aleta adiposa cortada ni microchip) que conseguía sacar en el paraje de Montoia sobre las siete y media de la mañana, se cerraba la temporada de pesca de salmón en el río Bidasoa. «Pesco normalmente a cucharilla, porque siempre he sido pescador de trucha y es lo que utilizo habitualmente», contaba.

Con ese ejemplar se alcanzaban los 66 permitidos este año y se adelantaba el cierre que estaba previsto para el 31 de julio, aunque en realidad se hubiese cerrado el 30 de julio porque el 31 es martes no festivo y no se puede pescar.

A Alberto le acompañaba su hija Afrika, de 6 años, que era la encargada de grabar con el móvil de su padre todo el lance. «Se ha despertado esta mañana antes que yo, sabiendo que íbamos a venir, yo creo que estaba hasta nerviosa», afirmaba.

Con la captura en el río Bidasoa de ese salmón, el número 66 de los pescados desde el inicio de la temporada, se ha completado el cupo establecido para este año y, en consecuencia, ha quedado cerrada la campaña de pesca de salmones de 2018, que se ha caracterizado por unas condiciones meteorológicas que han favorecido las capturas.

En 2017, con un cupo de 78 salmones, el último salmón se pescó el día 31 de julio. Cada año el número de salmones que remontan el río Bidasoa hasta finales de año es el que marca los que se permitirán pescar la siguiente temporada.

La normativa establecía que la actual temporada concluiría el 31 de julio si antes no se había alcanzado el cupo de salmones capturados, fijado en 66. El adelanto del cierre de la temporada podría deberse, según afirma el personal técnico de Medio Ambiente, «a la primavera excepcionalmente lluviosa de 2018, que ha provocado riadas que han podido actuar como un efecto llamada para los salmones a la hora de buscar la desembocadura del río para después remontarlo hasta los lugares de desove».

Este año la temporada de pesca de salmón en el Bidasoa comenzó antes de lo habitual, el 15 de abril, con una novedad respecto a años anteriores, ya que por primera vez se ha instaurado un sistema de concesión de permisos similar al utilizado en los últimos años para la pesca de la trucha. Es decir, que a parte de la licencia para la pesca del salmón, los aficionados han tenido que pedir otro permiso diario los días que iban a acudir al Bidasoa a probar fortuna.

El pescador Xabier Lanz, de Bera, capturó el 18 de abril el primer salmón de la temporada en el pozo denominado Las Nazas, en el término de Endarlatsa. Se trataba de un ejemplar marcado con micro marca que pesó 4,750 kg y medía 775 mm de largo y 150 mm de altura. En el momento de su pesca tenía 3 años de edad (1 de río y 2 de mar). La determinación del sexo está pendiente del análisis de la muestra de tejido que se tomó, aunque parece que se trataba de una hembra.

A la temporada le costó arrancar, y hasta pasadas varias semanas no se produjeron las mayores capturas. De hecho, al principio de la misma los pescadores apuntaban a que se veían «pocos salmones este año en el río».

De los 66 salmones pescados, un total de 51 son ejemplares multi-invierno y 15 son añales, el peso medio ha sido de 4,18 kg y 733 mm de longitud, siendo el mayor un ejemplar con un peso de 7,63 kg y 930 mm y el más pequeño con 1,60 kg y 540 mm.

Del total de ejemplares, 30 eran ejemplares repoblados de la piscifactoría de Mugairi, que supone el 45% del total (19 con ablación de la aleta adiposa y además otros 11 provistos de micromarca).

La mayoría fueron pescados a quisquilla (26) o quisquilla con lombriz (6), y los demás, por orden de importancia: a mosca (19), lombriz (7), cucharilla (5) y ninfa (3). Durante el mes de abril fueron extraídos 3 ejemplares, en mayo 12, en junio 39 y el resto, 12, entre el 1 de julio y el 12 del mismo mes.

En total, 34 pescadores han conseguido capturar algún ejemplar. El pescador que más salmones ha obtenido es David Miranda, que ha conseguido 6. La mayor parte de los aficionados han sido navarros, seguidos por los guipuzcoanos.

Durante la temporada 2018 se ha mantenido el mismo sistema sostenible de pesca aplicado el año pasado con el que el Gobierno de Navarra pretende asegurar la viabilidad de las especies pescables, a la vez que garantiza el disfrute de su actividad a todos los pescadores con licencia.

Como indicaba la normativa de este año, con la captura del 12º salmón multi-invierno, (de varios años de mar y de más de 70 centímetros de longitud) desde el 18 de mayo se cerraba temporalmente durante una semana la pesca del salmón en el río Bidasoa, «como medida de protección de los ejemplares más grandes». El 25 de mayo se volvía a abrir, pero tan solo se podía pescar durante tres días, porque la normativa de este año también fijaba un periodo de veda a mitad de temporada.

La veda se volvía a abrir el pasado 14 de junio y finalmente la temporada finalizaba ayer, momento en que se capturó el ejemplar número 66.



Fuente: el diario vasco

El pulpo, hasta a 16 euros la ración, cada vez más un plato de lujo






Para los turistas, el pulpo sigue siendo un referente. Ellos son los principales consumidores en verano en los bares y pulperías de la zona. El motivo es su elevado precio. A pesar de que en las fiestas gallegas lo más típico sea acompañar la jornada de ocio con una tapa de pulpo á feira, los mariñanos se decantan cada vez más por otros productos más baratos. En Viveiro, la tradicional pulpería A Taciña y el bar Kopas, son dos puntos típicos para degustar esta especialidad de nuestra tierra. Desde el primero, su responsable, Mari Carmen Docal, apunta que a pesar de que el precio se eleva levemente cada año, la gente lo consume igual. No deja de ser un plato obligatorio en las visitas a Galicia y en la gastronomía de aquí.

El bar Kopas, por su parte, tiene estos días una relación con el pulpo muy especial. En su puerta pueden encontrarse un pulpeiro do Carballiño, con calderos para su cocción, en plena calle, y con los platos de madera preparados para que los visitantes disfruten del mejor sabor. ¿El perfil de consumidor? Principalmente familias, con un nivel adquisitivo medio-alto. En Ribadeo, algún hostelero apunta a que al tener que ajustar los precios, el margen que deja el pulpo es cada vez menor, de modo que se decantan por desplazarlo a un segundo plano en sus cartas. Con todo, reconocen que es un clásico. Imprescindible.



Fuente: La Voz de Galicia