El reinado
del panga comienza a declinar en Europa.
De todos
modos, el ritmo de caída no está siendo proporcional al ascenso meteórico que
el consumo de este pescado tuvo en la década pasada (sus importaciones
crecieron en España más de un 200 % entre el 2004 y el 2007) y, de hecho, en
los comercios detallistas, los más pequeños, apenas se percibe esa tendencia.
«Lo siguen
pidiendo como antes», asegura Paula Blanco, pescadera en la tienda que una
cadena de supermercados tiene en un barrio coruñés.
Sin embargo,
las grandes cifras refrendan la llegada del tardopanguismo.
Entre enero
y junio de este año, Vietnam, el principal productor y exportador de este
pescado de acuicultura de agua dulce en el mundo, perdió clientes en Europa.
Así lo constata la misma Asociaciones de Exportadores y Productores de
Productos del Mar de Vietnam (Vasep), que prevé que, lejos de recuperarse, esta
tendencia a la baja se prolongue en el tiempo debido a la mala situación de la
economía europea.
El resbalón
de los productores de panga tuvo cuatro plazas importantes: España, Holanda
Alemania e Italia. Todos redujeron en junio sus pedidos a Vietnam. Pero en
España, el principal cliente en Europa del país asiático en compras de esa
especie, el traspié fue espectacular. De mayo a junio redujo de 40.000 a 16.000 toneladas
sus pedidos. Y la factura que los productores vietnamitas le han expedido este
año apenas rebasa los 34 millones de euros, casi un tercio más baja que la que
cobraron en el primer semestre del 2011.
Si en el
caso de Europa, Vasep tiene claro que tras el frenazo en las importaciones de
panga está la crisis económica, en el de España aún esta más convencido de que
es el entorno de profunda recesión lo que ha frenado las importaciones. Y dadas
las particulares dificultades financieras que atraviesa el país, los
exportadores creen que es muy difícil que en el tercer trimestre engorde esa
relación comercial.
Los Países
Bajos que, después de España son los mejores clientes que los vietnamitas tienen
en Europa, también han recortado pedidos entre enero y junio (un 25 % menos),
pero nada comparado con el bajón de Alemania, que en términos interanuales ha
reducido en un 45 % el importe destinado a las importaciones de panga.
¿Preocupante?
Está claro que bueno no es para los productores vietnamitas, que bastante
tienen con atender a sus problemas de financiación (siguen esperando por el
paquete de rescate de 337 millones de euros) y a la subida de los precios de
los piensos.
Ahora bien,
circunscriben ese traspié a la situación general del mercado, pues ha bajado el
consumo de panga, sí, pero también las importaciones de otros productos
pesqueros que compiten con el pez gato.
El panga no entró de Vietnam directamente por la
puerta de los hogares españoles. Empleó la vía de lo que se conoce como Horeca
(hostelería, restauración y cátering). Y es que a la mesa de las familias
españolas ese pescado tan solo llegó después de algunos años formando parte de
los menús de las escuelas y de los hospitales. Su éxito y su exponencial
crecimiento en el consumo radicó también en su forma de presentación: en
filetes y sin espinas. Además, su sabor tenue y plano conquistó fácilmente el
paladar de los niños, sobre todo si se consumía rebozado y cubierto de ketchup.
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