martes, 23 de julio de 2013

Nueva moda: El turismo marinero. Ser pescador por un día





Las propuestas del llamado turismo marinero que permiten acompañar a pescadores durante una jornada de trabajo, conocer sus costumbres y gastronomía afloran en las costas y, además de suponer una fuente de ingresos para la flota, contribuyen a dar visibilidad a estos profesionales del mar.

Al igual que ocurrió con el turismo rural o el enológico, el denominado "pesca-turismo" o marinero surge como una opción de empleo o para completar las rentas de un sector, gracias a la difusión de un oficio tradicional ligado a la producción de un alimento de valor, como el pescado o marisco, y al interés que su día a día suscita entre forasteros y locales.

El Gobierno, las Administraciones autonómicas, el Congreso de los Diputados y el Senado han abogado por impulsar el "pesca-turismo" en el litoral, para quienes busquen algo más que tomar el sol en la playa y precisamente por su potencial para diversificar la actividad del segmento pesquero.

Se puede practicar en el mar y también en tierra, pues aparte del embarque incluye visitas a lonjas, cursos de cocina o talleres para niños.





Los ministerios de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama) y de Industria, Energía y Turismo han firmado un convenio con el propósito de fomentar esta clase de iniciativas y, en definitiva, la divulgación de un patrimonio cultural

Cataluña fue la primera autonomía en regular, hace un año, el "pesca-turismo", que también engloba a la acuicultura y al marisqueo. Desde entonces, se han incorporado a proyectos de esta clase unos 26 barcos de todo el litoral catalán, de puntos como Roses (Girona) o Cambrils (Tarragona), otras empresas e incluso productores de mejillón del Delta del Ebro, según datos facilitados a Efeagro por la Generalitat.

Según el Ministerio de Agricultura, han desarrollado proyectos de turismo marinero en destinos como: Galicia; Asturias (Llanes, Avilés); Cantabria (Santoña); País Vasco (Guipúzcoa); Andalucía (Costa del Sol); Cataluña y la Comunidad Valenciana (Peñíscola, en Castellón y en Alicante, Santa Pola y Calpe).

Galicia, primera autonomía pesquera, ha presentado este año Come o Mar para promover los recursos de sus 1.500 kilómetros de costa.





En Estepona (Málaga), un matrimonio de pescadores puso en marcha Turismo marinero Costa del Sol, con el fin de "enseñar" su trabajo, "revalorizar el consumo de los frutos del mar", según ha explicado a Efeagro la responsable del proyecto, Shonia Cruz.

La iniciativa incluye 15 "experiencias", entre las que destaca la navegación en un velero, al lado de barcos artesanales, rutas como la que en agosto empezará para seguir al "pez volador" o la reciente celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores. Cruz ha defendido su "apuesta", ante la dificultad de vivir solo de la pesca.

Pese a que el turismo marinero se caracteriza por una fuerte estacionalidad, su negocio está abierto todo el año y, enfocado a las familias, ofrece talleres para "pequeños grumetes", así como visitas guiadas de colegios, para que los niños conozcan el trabajo del mar.

Entre los visitantes, ha destacado la afluencia de extranjeros, turistas nacionales, sobre todo de Madrid, y curiosamente el interés de personas de la provincia, interesadas en conocer una tradición local.

Dentro de Cataluña, en Roses (Girona) destaca una actividad que han estrenado este verano 16 barcos, que permite a los turistas convertirse en parte de la tripulación por un día para conocer la experiencia en profundidad; el viajero puede elegir si prefiere conocer un buque de arrastre o artes menores.

Si el turista se atreve a saltar del barco al agua, en L'Ametlla de Mar (Tarragona) puede participar en el Tuna Tour, donde conocerá cómo se cría y captura el atún rojo y tendrá la oportunidad de nadar en medio de los atunes, tal y como propone el grupo Balfegó.

En Cádiz, más tempranas fueron las almadrabas, que durante su campaña, en primavera, desplegaron numerosas actividades para enseñar este arte milenario.

Sin embargo, entre los problemas que suscita el turismo marinero el Gobierno ha hablado en varias ocasiones de vacíos legales, por los que en la práctica personas no profesionales tienen prohibido acceder a los barcos que faenan, por cuestiones de seguridad.

  

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